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La Morada del Unicornio

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La vida

Hace unos días, descubrí qué es la vida. Sí, parece tonto, dicho así, pero si nos preguntamos qué es la vida, y respondemos con el sentido común, igual les pasa lo que a mí, que a primera vista se nos presenta algo así como una línea espacio - temporal, con un principio (nacimiento biológico, o si queremos, estado de conciencia), y un final, (muerte o extinción).

En cambio, la biología nos habla de vida en el sentido de milagro. Millones de causalidades, trucos, azares, o como queramos llamarlo, se han de entrecruzar, para que estemos aquí. Eso sería la vida, incluyendo a los seres vivos, inclusive a los microscópicos, o los que escapan aún a las avanzadas lentes de aumento.

Pues bien, esta vida es la que ya incluye, no sólo al animal - humano (homo sapiens), sino que también a los animales - no humanos, resto de seres vivos, y cómo no, al resto de células, bacterias, etc. que andan a sus anchas por nuestro organismo u otros ajenos. Esta vida es de los seres que metabolizan, (comen y desechan), se reproducen, (o auto - reproducen), son termodinámicos, (esto es, luchan internamente por alcanzar un equilibrio que les favorezca la relación con el medio externo), son complejos, (aunque curiosamente, el ARN de una cebolla sea más complejo que el nuestro), y por último, lo vivo sería aquello que evoluciona por la conocida teoría darwinista de la Selección Natural.

Sí, sé que le estás dando vueltas a la cebolla, pues será mejor que no te diga el ARN del tulipán, demasiado crudas estas informaciones, para el desmedido narcisismo humano.

El homo sapiens, como animal inteligente, crea el concepto vida partiendo de un ideal lingüístico. La palabra. El lenguaje, como esencia de lo humano. Y debido a la necesidad de construirse, usa el medio (ambiente) para sus fines. Normalmente, cubriendo más de lo que su vida biológica le exige. Para esto, también hemos alzado una noción, con la que poder justificar nuestra desorientación existencial, el bienestar. Eufemismo que viene a apoyar la consagrada idea de felicidad.

Dejando atrás etiquetas y artimañas de nuestro querido lenguaje, ni tampoco queriendo hacer una tesis paternalista, ni albergar un falso ecologismo. Esto último tan de moda, que hasta afamados norteamericanos, con una dudosa buena voluntad, vienen a prevenirnos del fin de los días. Yo simplemente quería enunciar qué es la vida. La grandeza de ésta, que nos hace frágiles sólo que de pensarlo.

Ya el racionalismo, apoyándose en la duda de todo, percibió erróneamente que no se podía dudar de que se estuviera dudando. Y, por tanto, si uno piensa, (el sujeto, aquí empezará a coger volumen el ego humano), es porque existe. Descartes, únicamente abrió la caja de los truenos. Kant, con su yo transcendental, y posteriormente Hegel, impregnaría de idealismo absoluto la filosofía, con la famosa analogía pensar = ser.

Se equivocaba el padre del racionalismo, al reconocer como sujeto pensante a la res cogitans. Olvidando que para dudar, era menester haber nacido. Por lo que toda la teoría cartesiana del cogito ergo sum, no tendría vigencia, únicamente en la fórmula: existo, luego pienso.

Pero mi humilde propósito no era echar por tierra el racionalismo moderno, o los idealismos alemanes posteriores. Esa ya fue labor de otros. He retrocedido voluntariamente hasta el siglo XVII, para que podamos discernir, eso es, ver con mayor claridad y profundidad, cómo el concepto vida se ha ido desapegando de la naturaleza, para convertirse en mera idea cultural. Cómo hemos, inconscientemente, creado unos valores, prejuicios, modelos… alrededor de tal vocablo. Cuando la vida, tan primaria y poderosa, no puede explicarse de otro modo, que no sea biológico. Hasta tal punto de egolatría hemos llegado, que no nos conformamos exclusivamente con hospedar seres inertes en eso que llamamos comúnmente vida. Si no que nos creemos con la omnipotencia de diseñar, modificar y crear vida, desde unos supuestos tecnológicos, claramente cegados por el especismo.

Así, que no me queda más remedio que cargar, una vez aprehendida esta nueva visión, con nuevos campos de conocimiento. Continuar pensando que no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita. Aunque la dicotomía: naturaleza versus cultura, haya dejado de ser un escollo para mí. No os invito a que regresemos a las cavernas. Nuestro destino es aún más crudo. La vida biológica, y la ideal cuentan con un nexo de unión, la muerte. Como apunté al principio, despertamos con la conciencia, en términos representativos. Y dormimos el sueño eterno, adornado por la trasmigración del alma, resurrección, o lo que el sujeto de pensamientos quiera volitar. También nacemos biológicamente, antes que mental o conscientemente, como no he parado de reseñar. Y por esos trucos, azares, causalidades, contingencias, estamos vivos, como podríamos no estarlo.

 

                                                                     

Chispazos

CHISPAZOS

 

 

Cuando el 14 de Noviembre de 1.996 cogía el tren destino a Bobadilla, no pensaba ni por asomo, lo lentos que podían  consumirse nueve meses.

Los más largos de mi vida.

Partía con la convicción de que algo cambiaría a la vuelta. Escapando de los tópicos de realizarme como hombre, o aprender oficios nuevos. A cambio, me llevé un buen ramillete de amigos, que el tiempo ha convertido en conocidos, y las eras venideras truncarán en polvo.

Me traje también los buenos recuerdos, pero muy a mi pesar, quedará como la etapa más gris y triste de mi existencia. Nueve meses como nueve años.

 

(…)

 

 

La primavera despuntaba sus caprichosas armas de complicidad. Requería ser vivida siempre a dúo, y ella marchaba.

Recordaba aún como entró en mi vida, con la velocidad ingenua con la que de chiquillos lo vivimos todo. Razonando precipitadamente nuestras acciones, que desembocaban irremediablemente siempre, en el desenfreno pasional.

Corría por entonces el mes de Octubre, y nadie me avisó que nos separaríamos, cuando de sus labios ya mordía el veneno.

 

(…)

 

 

Le arropé el cuerpo desnudo con mucho mimo, con tanta delicadeza como sigilo. Podría ser la última vez que cubriese con sábanas aquella figura morena, que continuaba empapada en sudor.

Ella apenas se inquietó al percibir el detalle. Permaneció inmóvil, con los ojos cerrados, únicamente se perfiló un ligero esbozo de sonrisa en su fina tez. Luego rompió a llorar. Madrid nacía en nuestras vidas como una piedra en el camino. Un obstáculo que crecía gigante desde mi perspectiva de soldado herido.

Mientras tanto, seguía empapándole su cuerpo. Ahora lo hacía con mis lágrimas, que caían en torrente sobre lo que le quedaba de espalda desnuda.

 

 

(…)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La miró a los ojos, se coló por ellos, y vio en el interior de su alma el pájaro enjaulado que había en ella. Comprendió la tristeza que brillaba desde hacía semanas en su cara. Luego, apartó la mirada súbitamente, cual cazador arrepentido de su oficio. Y quiso dejar escapar aquella criatura de las rejas que la cercaban, pero no tuvo fuerzas para decírselo.

Tampoco para explicarle que sus amigos seguían jugando, y que él ya era viejo para alma tan joven.

Afuera, los demás seres revoloteaban libres, tan libres que no eran ni siquiera conscientes de su libertad.

 

(…)

 

Cuando el 21 de Octubre de 2.005, curiosamente desde un lugar llamado Andén, pero sin tren, cogía el mío. Nadie me explicó lo rápido que pueden llegar a pasar nueve meses.

Los más cortos de mi vida.

Ya se habían encargado de avisarme de niño, repetidamente, de la  existencia de un tranvía que debía coger. No había percibido señal alguna, todos estos años atrás, y empezaba a creer que cabía la posibilidad de que el convoy  hubiese pasado ya. De que me hubiese apeado una vez iniciado el trayecto correcto. O que esa locomotora negra, toda ella de hierro, movida por una máquina de vapor, como la imaginaba, aún no se había detenido en mi andén.

Aquel frío Otoño, cálido para mi corazón, aguardaba inconscientemente el paso del tren. Y pasó como pasan las cosas que llegan y se van tal como vienen. Con la velocidad con que un colibrí mueve sus alas.

Subí al vagón, y aún permanezco en ese instante que el poeta quiso detener, por considerarlo mágico. Pero la felicidad no se detiene, se dilata velozmente por la línea del tiempo.

Ya han pasado nueve meses, como nueve días. Gracias vida.

 

(…)

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                                                                                                                                                 

Mi particular domingo

Mi particular Domingo había empezado muy temprano. Apenas tres horas pude dormir, la boda se alargó más de lo esperado. Y como era habitual, el despertador sonaba puntual, marché al trabajo. 

Cuando luego desperté por la tarde-noche, tuve la ingrata sensación de haber desperdiciado una tarde de Domingo. Olía a tertulias de fútbol, programación televisiva aburrida, terrazas de café y té. Aunque mi única preocupación era tomar la decisión de merendar o cenar.

 

 

     Eran las 06:25, camino al trabajo, cuando apareció el deporte de moda, la Fórmula Uno. Yo simplemente, buscaba noticias como todas las mañanas, pero la audiencia manda.

Mañana lluviosa en el Circuito de Fuji, correspondiente al Gran Premio de Japón. No habría salida desde la parrilla, y el safeti car ya había aparecido. Todo iba tomando un tono gris, en concordancia con la climatología nipona.

En el trabajo, todos pendientes del televisor, no era el NODO, se trataba de la Alonsomanía. Unos pronosticando el desenlace de la carrera, otros preguntando irónicamente cuánto faltaba para las 15:00 horas, cuando aún no eran ni las 07:00 horas.

Ya había fichado y recogido todo el material necesario para desempeñar mi labor. También pasaban varios minutos de la hora de comienzo, pero allí estábamos todos, viendo cómo el coche de seguridad encabezaba la carrera. A la vez, presenciábamos cómo disminuían el número de vueltas, y los presagios no podían ser halagüeños.

 

     Me enteré sobre las 08:30 horas creo recordar. Mi disposición a oír la emisora esta mañana se potenciaba esperando noticias desde Japón. No había suficiente trabajo aún para entorpecer el tráfico de mensajes cortos. Por eso, eran continuos los apuntes sobre el desarrollo de la carrera. Y tras un desordenado número de intervenciones, supimos que Alonso se había salido de pista, y abandonaba. No volvió a comentarse nada más de Formula Uno.

Como dice la canción, y nos dieron las diez, las once, las doce y las una... hasta que poco a poco dieron las 15:00 horas. Y si no llega a ser por la voz apática de un comunicador radiofónico, éste ingrato Domingo no hubiese pensado más en Fórmula Uno. Pero hablaba de complots y artes sucias en torno a la figura del piloto asturiano. También del creciente favoritismo sobre Hamilton. Un debate que se ha dilatado toda la temporada, y hoy lo iniciaba el anónimo periodista con un tono cansino, plomizo, que invitaba a la realización futura de una ardua investigación. Yo, en cambio, únicamente buscaba una comida rápida y, una siesta merecida.

     Por eso, cuando desperté supe que la siesta no había sido tal. Había conseguido enlazar más horas de sueño que en la madrugada. Volví a recordar a Alonso. Y sentí que me había salido de pista a mi modo. Toda una tarde durmiendo, haciendo mías las bíblicas palabras:

«El Séptimo día Dios tuvo terminado su trabajo, y descansó en ese día de todo lo que había hecho. Bendijo Dios el Séptimo día y lo hizo santo, porque ese día descansó de sus trabajos después de toda esta creación que había hecho» (Gn 2 2-3).

A decir verdad, no había realizado ninguna creación. Pero de una cosa estaba seguro, se trataba del séptimo día, y había finalizado mi trabajo, también. Así que copié el mensaje divino, dejándome caer sobre mi catre, como un santo. Bendita tarde de Domingo.

Yo, apátrida

Corría el verano de 2.006, ardía Galicia. Cuando en un televisor aparecía el líder de la oposición, manguera en mano, apagando un fuego que ya se habían encargado otros de extinguir. Conocía la afición del Sr. Rajoy al ciclismo, pero no supe hasta hace unas semanas de su gusto por el cuerpo de Bomberos. El hecho es que la foto salió publicada en casi todos los periódicos de este país, tan sensacionalistas como intelectuales periodísticamente hablando. Incluso se atrevió a decir algunas palabras, que fueron difundidas por la caja tonta. En su línea, arremetiendo contra el actual gobierno, contra los sociatas, alegando que gran culpa de que ardiera Galicia se debía a la dejadez del partido que dirige  J.L. Rodríguez Zapatero.

No creo que entrase en los objetivos del partido socialista quemar la Comunidad gallega. Como tampoco culparía de mala fe al Partido Popular en el caso Prestige. Aunque más de un popular siga regando su cerebro con chapapote.

 

     Es cierto que la España invertebrada de Unamuno dista mucho de la España de ZP. Empezando por el fervor político que se vivía antaño, o el ideal de Cultura latente de primeros de siglo pasado. Pero también hay cosas que continúan pareciéndonos perennes, que quisiéramos jubilar, y continúan vivas. Me refiero a la pasión desmedida de los ideales. Porque aunque todos tomemos partido en un bando o en otro, sin creer que esa posición nos librará de nuestros miedos, o que ese conjunto de señores y señoras que elegimos democráticamente en las urnas, puedan solventar nuestros problemas, no existe hoy en día lo que se conoce como fe política. La izquierda y la derecha, o viceversa, sin ser lo mismo proliferan de igual modo.

A todos nos han dicho alguna vez en la vida que los excesos no son buenos, y basta con probarlos, para darse cuenta. Sólo el hombre es el animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y tres, cuatro, … y toda una vida. El error no duerme, siempre está al acecho de la acción venidera. Atento, despierto, vigía de nuestros movimientos. Pero al igual que la poesía, el mundo se interpreta de muchas formas. Y darnos cuenta de la equivocación, no asegura el éxito futuro.

Tan recientes los capítulos de racismo y xenofobia que asolaron el Viejo Continente, aún vemos jóvenes con esvásticas y símbolos teñidos de sangre intrínseca, que alimentan su mente hueca con ideales nacidos en el odio y la soledad humana.

Hace tiempo perdí la ilusión por situarme en un ala o en otra, generacionalmente influido por mis coetáneos, desilusionados por los acontecimientos que van regando mi vida. Y por eso hoy preferimos manifestarnos en botellón, traer el cine a casa gracias a Internet o habitar en casa de nuestros padres, porque dicho sea de paso, es donde mejor se sigue viviendo. Y no quiere decir que hayamos perdido la ilusión por crear una familia, o que elegimos la opción más cómoda, que ya lo pudiera ser. Me refiero a la imposibilidad material de emanciparse por cuenta propia.

Me da pena, miedo de encender el televisor y llenar la conciencia de catástrofes y miserias. O salir a la calle, sin viajar tan lejos, y percibir que donde vivo, paseo, respiro; brotan elementos como para rellenar varios noticiarios.

No es otro mundo el que vemos en la pantalla, el que a diario nos muestra la situación mundial, es nuestro mundo, aunque cada vez nos afecte menos. Por eso mismo, que el Sr. Rajoy y sus discípulos aventajados copen las cadenas televisivas atacando el modelo político socialista, no me preocupa. Me afecta que arda Galicia, que miles de personas mueran en el deseo de pisar Europa, en busca de una dignidad que jamás conocerán, o que el trabajo sea más precario. Eso sí me duele. Como el hecho de que la política juegue al frontón, unos golpeando pelotas que son repelidas por los otros. Da igual el bando, lo que importa es la inexistente y urgente necesidad de dar soluciones.

Que no tengamos valores, ni fuerzas para unirnos y exigir el cumplimiento de las promesas electorales es signo de impotencia. Que el paro suba, que no me sobrecoja ya la muerte de una mujer a manos de su marido resulta triste, porque la repetición es hábito, y el hábito no convive con la sorpresa.

Aletargados vivimos, dejando pasar las horas y los días, pasan los años, y la vida, buscando razones en este mundo de sin-razón. En el que todavía morimos unos pocos con la idea de que otro mundo mejor, es posible. Aunque quien lo defienda a voz viva lo tachen de loco, o perro verde. Ese vagamundo que aún tiene su espacio en las antenas, allá en su colina. Divina locura, por otra parte.

En otro tiempo me enseñaron los presocráticos a buscarle principio a todas las cosas. Lo llamaron arjé. Y como el final de nuestra historia ya  lo sabemos, quise ver que el mundo no era tan caos como lo pintan, ni tan egoísta el yo con el que se nos llena la boca poniendo fronteras, no sólo en los territorios, también en las pequeñas cosas. Pero pienso en el Amor  como principio de todas las cosas, para que me siga haciendo creer en el ser humano. Aunque su antónimo esté empeñado en sembrar todos los rincones del planeta. Y supongo que será porque el amor no se puede representar sin odio, ni al revés.

Con esta sabia conclusión, entendí que el mundo debía ser puesto al mandato de una nación potente, un líder carismático, y un pueblo sublevado, omiso al poder que se le otorga. Una deidad que nos proteja de los terroristas y sus amenazas, que tenga el respaldo unánime de toda la comunidad mundial. Entiéndase de los que buscan la paz, la libertad, y todos esos conceptos metafísicos que llevan acuñada la palabra guerra en sus entrañas. Porque siempre existirá otro bando que bañe las tierras con odio y terror. Siempre habrá quien pensará que lo suyo es lo mejor, y esto no es lo peor. La incredulidad comienza con la donación gratuita de tan desmesurada generosidad. Y acaba con la imposición de mi idea sobre la tuya, pisoteando culturas. Con la metralla como lengua universal. Pero a día de hoy, sigo sin hablar el dialecto ofensivo del que me habla el ahora inquilino de la Casa Blanca.

Prefiero hacer el amor a la guerra, morir de pie, a arrodillarme ante tus proyectos invasores, y darle gracias a La Tierra por no haber suplantado pozos petrolíferos sobre la vieja Hispania. Así sé de buena fe, que tus visitas irán guiadas a degustar la rica gastronomía de estos territorios que luchan por independencias, estatutos y no sé qué autonomías.

 

Hace unos días desconecté del mundo, no por gusto, o sí, porque las vacaciones se eligen, no se imponen. Y en la tranquilidad y pensamiento que dan las horas muertas, no dejé de pensar en todas estas cosas y en más, que se pasearon por la retina fugazmente, para luego abandonarme. Pensamientos que nacen con la pulcritud y el deseo  puro que proporcionan las soluciones. Y sin tenerlas, las anhelo. Porque el amor no moverá montañas, ni alimentará el capitalismo latente. Tampoco pondrá remedio a mis preocupaciones, ni me asegura que me reserve un futuro mejor. Pero el amor al poder mueve a señores sobre la faz de la tierra. Mientras otros se desviven por el amor e ilusión de llegar a ser profesionales del arte o los deportes. Yo sólo he pedido por unas horas olvidar el teléfono móvil, la televisión. Mirarme al espejo y verme reflejado en lo que me he convertido.  Porque mi amor no exige cotas tan elevadas, metas que ya no podré alcanzar. Mi amor vive en el deseo de sentir mi pequeño mundo unido e identificado al otro gran mundo. Al que me acerca la televisión o la radio. No despegarme de el, aunque me produzca insensibilidad con los años. Y borrar las fronteras que los ojos ególatras de humano dibujaron sobre mapas. Sin duda, otro mundo mejor, es posible.

Añoranza

Añoranza

Añoranza         

 

Añorar, proviene del catalán (enyorar), y significa  recordar con pena la ausencia, privación o pérdida de alguien o algo muy querido…

Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida. Así es como define la Real Academia Española, al vocablo nostalgia. Mientras que a la melancolía, la define como la tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece, gusto ni diversión en nada. Y destaco como otra acepción, del campo de la medicina o las patologías, la monomanía en que dominan las afecciones morales tristes.

Me pregunto, dada estas definiciones si, ¿es siempre afligida la añoranza? Porque hasta el momento, sólo han aparecido palabras tales como: pena, ausencia, privación, pérdida, recuerdo, tristeza, etc. Nociones con claras connotaciones negativas…

Pienso, adelantando mi síntesis, que puede ser positiva, pese a lo que a priori, dice la RAE. Me llama también la atención el término monomanía, que hace alusión, al ejercicio  de recuerdo nostálgico, que hace una única persona. Curioso, pensar que exclusivamente sea un acto privado e individual para nuestro diccionario. Pero esto es otro tema.

No quisiera parecer, por una vez, el triste y serio melancólico, al que el tiempo arrebató su niñez.  Pero mientras escribo este artículo, para despertar mis musas, elegí el tema ¡oh, melancolía!, de Silvio Rodríguez. Aquí les copio un fragmento de la canción:

 

Hoy viene a mi la damisela soledad
con Pamela y pertinentes y botón
y amapola en el oleaje de sus vuelos
hoy la voluble señorita es amistad
y acaricia finamente el corazón
con su más delgado pétalo de hielo.

Por eso hoy
gentilmente te convido a pasear
por el patio hasta el florido pabellón
de aquel árbol que plantaron los abuelos
hoy el ensueño es como el musgo en el brocal
dibujando los abismos de un amor
melancólico, sutil, pálido cielo.

Viene a mi, avanza,
viene tan despacio
viene en una danza
leve del espacio
cedo mi adoración
y ya vuelo ave
se mece la nave
lenta como el tul
en la brisa suave
niña del azul.


Oh melancolía, novia silenciosa,
intima pareja del ayer
oh melancolía, amante dichosa,
siempre me arrebata tu placer
oh melancolía, señora del tiempo,
beso que retorna como el mar
oh melancolía, rosa del aliento,
dime quien me puede amar.



 

No puede ser dañina, vista así, la melancolía. Aunque el diccionario se empeñe en encuadrarla con sinónimos como morriña, soledad o hipocondría. Siempre me dijeron que de lo bueno y lo malo, nos quedamos con lo bueno, y vamos borrando lo malo. Aunque nos empeñemos en tropezar con la misma piedra, en el camino de la vida. Es cierto, que una espina saca a otra espina, que una mancha de mora quita la otra mancha, o un rey nuevo, viene a sustituir al muerto… Continuamos pese a los obstáculos, y sólo nos detenemos para ver el camino andado o para vislumbrar el futuro, pero no es cierto que olvidemos íntegramente, aquello que nos hizo daño. De esto, nace una cicatriz, que la añoranza se empeña en abrir una y otra vez…

No creo que olvidemos el sufrimiento del pasado, ni estoy en la postura de que sea lícito hacerlo. Detenerse en el tiempo, lo dan los años, pero también las bofetadas diarias. Levantarse, y asumirlas, es cuestión nuestra. Podemos detenernos en la nostalgia, alborozarnos en su ficción, y quedarnos peligrosamente, atrapados en su tela de araña.

Pero también, podemos viajar al pasado y agradecer aquello que fue nuestro, aquello que nos ha hecho tal como somos. Rememorar, las heridas que cicatrizadas, mantenemos adecuadamente en la memoria.

Entiendo, que el equilibrio resulta un ejercicio arriesgado. Que el justo medio es complicado, para aquellos que eligieron equivocadamente un camino circular, de eterno retorno, en sus vidas. Pero entiendo, que en esta armonía, descansa el placer de la añoranza…

La soledad escogida o el diálogo con uno mismo, deberían dejar ese sabor dulce en nuestra conciencia. Afrontar los problemas con templanza, sustituyendo el prozac por una filosofía de vida acertada.

 

Para terminar, veo acertada la ética propuesta por el taoísmo, donde el bien y el mal, son conceptos que se requieren mutuamente y, cuyo contenido se adapta según las conveniencias. Desde el punto de vista del Tao, el dualismo moral no tiene sentido. A simple vista, nos puede parecer un planteamiento relativista. Pero no se trata de que nos traguemos los hechos, desde una perspectiva exenta de daño. Está claro, que no es lo mismo perder un hijo en un accidente de tráfico a los 20 años de edad, que perder un abuelo de 80 años. Sólo digo que hay que superar tanto una, como la otra circunstancia.

 

La anécdota del caballo ilustra esto a la perfección:

 

Una mañana, un campesino ve llegar un caballo, el cual, con toda naturalidad entra en su corral y se queda como si hubiera estado siempre allí. Por la tarde, en el pueblo, se lo cuenta a sus amigos; éstos se regocijan y le dicen: “¡Qué bien, qué suerte has tenido, tú que ya no tenías caballo!...” “No sé si es bueno o si es malo, contestó el labrador, sólo sé que llegó un caballo a mi casa y allí está”. Pero algún tiempo después, el caballo se fue. Al enterarse los amigos, se lamentaron: “¡Qué mala suerte, qué lástima, haber perdido el caballo de esta manera!...” “Yo no sé si es bueno o si es malo, dijo el labrador, sólo sé que una mañana llegó un caballo y que otra mañana se fue”. Pero a los pocos días el caballo volvió al frente de una manada de yeguas y todos se metieron en el corral. “¡Qué maravilla!...”, exclamaron los amigos al saberlo. “No sé si es bueno o si es malo, dijo el labrador, sólo sé que un caballo llegó, que luego se marchó, y que volvió con muchas yeguas.” Pasado un tiempo, el hijo del campesino quiso montar el primer potro nacido de las yeguas y se cayó rompiéndose una pierna. Los amigos compadecieron al labrador que ya no tenía quien le ayudara en las faenas del campo: “No sé si es bueno o si es malo, sólo sé que un caballo llegó, que se marchó, que volvió  con las yeguas y que mi hijo se cayó del potro rompiéndose la pierna”. Y estalló una guerra en el ducado; todos los hijos de los campesinos fueron reclutados, menos el hijo del labrador pues no podía andar. Los amigos envidiaron su suerte. “No sé si es bueno o si es malo, dijo él, sólo sé que…”

La anécdota no tiene final, como se comprenderá. Lo bueno y lo malo está en relación con la satisfacción o el agrado, y la pena o el desagrado que nos causa, pero en sí mismo nada es ni bueno ni malo, sino tan sólo un momento del acontecer. La capacidad de ver el curso de los acontecimientos con el corazón sereno, esto es sabiduría.

 

Los antidepresivos, o el alcohol, (depresor), almacenan nuestros problemas… los esquivan temporalmente, pero la circunferencia no tiene divergencias, y volvemos a llegar al mismo punto conflictivo. Quedarse encerrado en la espiral, es morir vivo. Por este motivo, es preferible sentarse un momento, en el borde del camino, y elegir las alternativas que nos da la vida: Morir ya nos fue dado al nacer, escojamos otra alternativa, aunque sea la de continuar… siempre hay algo por lo que luchar.

 

 

Aquellos botellones

Aquellos botellones

Aquellos botellones          21/12/2008

 

Pasado el tiempo, y visto desde otra perspectiva más serena, veo cómo transcurrió gran parte de mi juventud. No diré jamás que me arrepienta de haber entregado tanto tiempo a salir de noche. Quien bien me conoce, sabe cómo disfruté aquellas noches de diálogo, entre copas, bajo la majestuosa catedral de Málaga.

Habiendo sido testigo, de aquello que la élite bautizó como botellón o botellona, me siento orgulloso, y saco pecho hoy por ello.

Realmente, es un ejercicio pubertoso nacido en la era de los 80. ¿Quién no recuerda en aquellos años, a los enganchados a la heroína? Frecuentadores de parques y jardines, con sus inseparables zapatillas Yumas de tiras naranjas. Cómo devoraban litros y litros de cerveza, entre pico y pico...

Época, en la que los hermanos mayores de mi generación, con su viejo loro, también las bebían oyendo los ritmos de su tiempo, en grupos identificados por sus creencias musicales e ideológicas: punkies, heavies, vanguardistas, rockeros, etc.

Posteriormente, a los primeros botellones, (en esta breve historia del botellón español), la cerveza, se permutó o se combinó con lo que se conoció por Calimocho, (mezcla de vino y coca – cola, genuinamente), primo hermano del tinto de verano y del rebujito.

Pero la sociedad avanzaba, la democracia se hacía más sólida, y comenzaba a gestarse un estado de bienestar, que tuvo también su reflejo en el botellón. Dimos un salto cualitativo, y del vino y la cerveza, pasamos al Whisky y al Ron. Encontramos un modo de reunirnos semanalmente, donde dialogábamos pacíficamente sobre fútbol, moda, novios/as, ligues, política, cotilleos,… pero sobre todo, a lo que a mí me respecta, fútbol y mujeres. Y de todo este movimiento, nacido en el silencio y relaciones sociales, creamos lo que las autoridades consideran a día de hoy, un escollo de difícil solución, a escala nacional.

Yendo al final de esta historia. Cuando el ocio se ha convertido en vicio, y éste, en problema social-moral. Parece injustamente, que sobre los jóvenes, recae toda la responsabilidad del alcoholismo… Se han llegado a crear botellódromos, para que la práctica de estos eventos continúe, bajo lo que llaman un control responsable del problema. (No sé si ganan en control, pero en votos seguro).

En Málaga, (aunque me cuentan y he conocido otras ciudades y pueblos con la misma estrategia), son capaces de cortar el tráfico desde las  22:00 horas a las 03:00 horas de la madrugada, del céntrico Paseo de los Curas. Para que cientos de jóvenes, se agrupen y beban legalmente. Esto quiere decir, con la ley en la mano, que si te sales del redil portando una copa, estás expuesto a una multa.

Sin embargo, si la copa la bebes sentado en una terraza de bar, la ley te ampara. Porque ya no das una mala imagen, si no que participas de la noche. Y se entiende, que tampoco tienes el riesgo de alcoholizarte, principal preocupación de nuestros políticos.

La multa por hacer un botellón fuera del establo la pagamos en Málaga a 300 euros. Mientras que la de verter el caldo ingerido previamente, en las aceras, asciende a 750 euros. También multan por tirar cáscaras de pipas, chicles, colillas, o esputar, con semejantes cantidades. He logrado reunir todas esas sanciones en una sola noche, miedo me da salir a la calle. Por lo que  si sacamos una rápida conclusión: es conveniente ser cerdo en la piara, y mear en la palangana. Pues no está la cosa para regalar dinero a las arcas públicas.

 

¿Qué ha cambiado en este país, en esta sociedad, para ilegalizar el consumo de alcohol en la calle? ¿Por qué ahora sí, y antes no?  ¿Por qué en unas ciudades sí, y en otras no?

No sé vosotros, pero yo recuerdo los botellones que se marcaban en el campo o la playa nuestros padres. Gracias a ellos, aprendimos a organizar moragas y barbacoas, como dios manda. También nos enseñaron que se puede conducir con algunas copas, o justo después de tomar un café con sal. Aquellos coches con piloto automático, ya no se fabrican, lamentablemente. Por esta razón, algunos de nosotros, podemos presumir de haber experimentado la conducción ebria, gracias a que heredamos vehículos paternos o de segunda mano.

¡Qué tiempos!, en los que un par de cervezas no ponían freno a nuestra libertad de movimiento.

Que no nos hagan sentir culpables, somos lo que nos han hecho, en esto nos han convertido. Somos, el resultado de una cultura y una pésima educación cívica.

Felices fiestas

Felices fiestas

Quisiera felicitar, en estos días tan entrañables, a todos mis compañeros/as. En unas fechas tan familiares, que la empresa, en un detalle que la honra, ha querido que pasemos cerca de los nuestros. Y ya nos anuncia, que para el año que empieza, pensando siempre en nuestra vida social, tendremos aún más tiempo libre.

No puedo olvidarme de aquellos compañeros, que con su esfuerzo y constancia, trabajan a diario para una mejora de las condiciones laborales. Tal es su empeño y perseverancia, que apenas sacan tiempo para visitarnos…

A día de hoy, están inmersos en una ardua negociación con la empresa, en busca de nuestro beneficio. Con lo que su compromiso, les ha llevado a reaparecer en público, más de lo previsto, (para quien no lo sepa, una vez cada cuatro años).

Sí, no se equivocan, me refiero a los camaradas que ocupan las listas sindicales. Y constituyen, aquello que nació violentamente por 1830, para combatir el aumento de la jornada laboral, (eso que hace unos días, en pleno siglo XXI nos querían devolver), la reducción salarial o, el trabajo infantil, entre otras cosas.

Efectivamente, me refería a los sindicatos, esa asociación integrada por trabajadores en defensa y promoción de los intereses sociales, económicos y profesionales que tiene como objetivo principal, el bienestar de sus miembros y, generar mediante la unidad, la suficiente capacidad de negociación, como para establecer una dinámica de diálogo social, entre la empresa y los trabajadores.

No podía olvidarme de ellos, a los que les reservo un brindis estas fiestas, agradeciéndoles, todos los logros conseguidos en el último convenio firmado. De igual modo, no me perdonaría, no felicitar públicamente, uno de los últimos frutos cosechados por el sindicato mayoritario: la posibilidad de elegir nuestras vacaciones, concediéndonos una rotación de descansos. Siempre tan generosos.

Tampoco, quiero dejar a un lado, mi agradecimiento para aquellos que están consiguiendo, que mis conocimientos matemáticos mejoren, en el siempre arriesgado intento de calcular la nómina.

Hablando de riesgos, congratulo a los responsables de la seguridad e higiene laboral, que han hecho que el ir a trabajar, se haya convertido en una visita a un parque de atracciones: vehículos que no frenan, otros que no tienen luces, o aquellos que no pasan revisiones, y son una caja de sorpresas.

Tenía que apuntar una queja, no todo iba a ser cumplidos… desde hace unas semanas, se han dado situaciones en las que no ha habido suficiente trabajo para el personal contratado. Provocando un paréntesis en la producción. Pero ya veo que existe una gran comunicación entre sindicatos y empresa, y he observado que todo sigue como antes, sin lagunas contractuales. Y, como merece a esta empresa bandera, la manufactura no se detiene. Era de extrañar, después de aleccionarnos sobre el rendimiento, que se le puede sacar a un par de horas, no producir en el mismo intervalo horario, para desconcierto nuestro.

Acabando  ya mis felicitaciones, tampoco pasaré por alto, (y será motivo para otro brindis), el desinterés que la empresa  tiene, al abonarnos a unos cuantos compañeros,  el trienio. Todo ello, sin haber sido reconocida judicialmente la antigüedad. Menos mal, que el sindicato nos ha abierto los ojos, y poniéndonos en sobre aviso, nos previene de la lotería que resulta demandar por algo que legalmente nos pertenece.

Y bien, no podía despedirme sin dejar una idea que considero útil, y seguramente de fácil acuerdo entre las dos partes que negocian nuestro futuro: dado el recuerdo, y homenaje que últimamente concedemos a aquellos trabajadores que no gozaron de derechos. Creo que podríamos lograr una mejor representación, si recortamos las dos horas de contratación a una. Así, su memoria se vería más nítida. Podríamos, sin duda, recortar el período que desaprovechamos yendo al baño, bebiendo agua, apuntando horarios, leyendo prensa, etc. Trabajando con intensidad en un ciclo de sesenta minutos, quién sabe si seis días en una semana.

Aquí dejo pues, mi humilde opinión, aún a sabiendas de que no estoy a la altura de aquellos que negocian nuestro destino. Por esa razón, mis compañeros y yo trabajamos, para que podáis guiarnos fidedignamente nuestros pasos.

Muchas felicidades a todos/as, y que el 2009, por lo pronto, nos traiga algo de vergüenza.

Feliz año 2009.

 

 

 

 

 

El espíritu del zapatazo

El espíritu del zapatazo

Nunca he llamado a un programa de radio. Tampoco a uno de televisión. Pero como le dijo el torero al filósofo, cuando se enteró el primero, a lo que dedicaba el tiempo el segundo: “tiene que haber gente pa tó”.

Y la cosa se multiplica, porque cada vez somos más, y con más medios. Por lo que no resulta extraño, que haya gente que llame a cualquier tipo de programas, y dé su personal opinión…

Están de moda, los programas televisivos donde completas un panel y ganas dinero fácilmente. Al modo de decir una palabra oculta, o creándola. El hecho es, que el timo ha existido y sigue existiendo. Y ya no llama tanto la atención, saber que estos programas, tan mediocres por otro lado, engorden sus cuentas gracias a las carísimas llamadas telefónicas de jubilados, principalmente, como apuntan los estudios.

Hay gente, para llamar y dar el nombre de un animal de seis letras, que no coincide nunca con el que se premia. También hay gente, para hablar por hablar, de madrugada. O para intentar, averiguar la voz misteriosa que premia Cadena cien. Gente que busca saber su futuro, (yo te lo digo, negro, como el de todo el mundo).

Y como hay gente para todo, cómo no iba a haber gente para llamar a La ventana, el programa de Gemma Nierga, y opinar sobre el zapatazo al aún presidente de los Estados Unidos.

La mayoría de llamadas, coincidían en lamentar, que los zapatos, no golpearan la cabeza del genio norteamericano. También, se avenían en la rapidez de reflejos, y en la particular sonrisa mostrada tras los hechos. Unos con más resquemor que otros, daban su opinión, lamentando una y otra vez, la falta de puntería.

Hace varias semanas, al conocerse el resultado de las pasadas elecciones norteamericanas, el locutor que daba el aplastante escrutinio final, ironizaba sobre la derrota del senador Mc Cain: los votantes le han dado una patada al longevo republicano, como si se la dieran al culo de Bush

Ya ven, la cosa desde hace un tiempo para acá, anunciaba que alguien quería dar un puntapié, al todavía inquilino de la Casa Blanca. Lo que no imaginábamos, era de qué forma tan extraña se intentó cumplir.

Siguiendo con las llamadas al programa la ventana, el último personaje al que dieron paso en directo, hizo eco de todo lo que he apuntado anteriormente. O sea, lamentó la falta de puntería, o premió sarcásticamente los reflejos de Bush. Pero también, mostró un tono más violento que los demás, e incitó a la audiencia a que hicieran el mismo gesto u otros más originales, con políticos más cercanos. Remató su discurso enorgulleciéndose, de algo que bautizaré, como el espíritu del zapatazo.

Sólo un hombre, decía, lanzó sus zapatos. Un valiente, (o un suicida, para gustos los colores). Pero la fuerza de tal hazaña, añadía, renacía de una potencia globalizada, de un poder oculto, de un deseo mundial, como quieran llamarlo, o como se sientan más identificados.

Reconozco, que no tendría atrevimiento para hacer algo igual. Y valoro, que fue un gesto tardío. Además, me educaron con unos valores muy clásicos, donde una y otra vez, me recordaban que no debía agredir a féminas, niños, ancianos o semejantes que presentaran una tara notable. Sigo obedeciendo a mis progenitores en este punto…

Aquí les dejo un video, por si se perdieron tal evento:

 

http://www.youtube.com/watch?v=kAWzYpelgek