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La Morada del Unicornio

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Duele, claro que duele

Duele, claro que duele

 

Esta historia comienza un 31 de diciembre de 2014. Es el momento de planear el nuevo año. No sé por qué, pero mi meta para 2015 era finalizar una Maratón. En concreto, quería hacer la de Málaga, en diciembre.

El 02 de enero salí a correr. Me dije, “Tranquilo, hoy empezamos suave”. Y tan suave que corrí, al poco ya estaba mi cuerpo, de casi 100 kgs, empapado de sudor. Fue duro el inicio, el comprobar lo mal que me encontraba físicamente. Los primeros entrenamientos sabía que tenía que hacerlos con cautela, para no cometer el error de siempre: aburrirme después de un palizón. Lo más difícil era mantener una rutina de entrenamientos durante meses.

Pronto, encontré motivación con los resultados: pérdida de peso, mejores tiempos, respiración y pulsaciones más relajadas, más distancia…

Y fue a mediados de Enero, cuando decido inscribirme en la ½ maratón de Málaga. Por entonces, ya comienzo a meterme de lleno en el mundillo del corredor. Me empieza a  interesar nuevamente, la ropa deportiva y accesorios, los planes de entrenamiento, la alimentación…

Decidí planificar el año, mi primer año de runner, haciendo 3 ½ maratones y culminar en diciembre con mi objetivo. En marzo, hice la de Málaga. Mezcla de sufrimiento y placer, por ser la primera. Muchos nervios y cautela, mala dosificación del esfuerzo. La de Granada la disfruté porque ya sabía de qué iba la historia, porque tiene un recorrido precioso y también porque iba físicamente bien preparado. Y la tercera, un poco confiado, me tocó sufrir nuevamente en Marbella. A pesar de que la tomé como un entrenamiento para mi gran objetivo, que ya era por entonces, la Maratón Alpina de Jarapalos.

Ya había decidido que correría la Maratón Alpina de Jarapalos, (43 kms de trail, con un desnivel de más de 5000 mts de altitud -+), pese a haberme inscrito ya en el Maratón de Málaga, (06 de diciembre). Lo que no sabía era que me iba a lesionar muy pronto.

Fue una mañana que salí a correr con Fede. Quedamos en que él me iba a enseñar los once primeros kilómetros de la prueba, (subida) y los doce últimos, (bajada). O lo que es lo mismo, subir hasta las antenas y bajar por Jabalcuza. Precisamente allí, en Jabalcuza, noté que algo en mi rodilla izquierda no iba bien. Salí muy reforzado mentalmente aquel día, por encontrarme físicamente bien. Pero unas horas después el dolor – cojera, se apoderaba de mi maltrecha rodilla. Mucho tiempo había estado la rotura de menisco en silencio, fue un baño de agua fría, que desmontaba la ilusión por correr esta prueba, a la vez que comenzaba a ver que el reto propuesto para 2015 se alejaba. A la semana me probé, y me volvió a molestar. Y fue dos semanas después, cuando descarté hacer la prueba, cuando salí a correr y a los 4 kilómetros ya me dolía. Así fueron pasando los días, acercándose la prueba, y asumiendo con tristeza que no podía correrla.

El miércoles 18 de noviembre, tres días antes del Maratón Alpino de Jarapalos, volvía a casa en moto, dándole vueltas a las cosas. Cuando pienso que tenía que recoger la bolsa de corredor de dicha prueba, aunque no fuera a correrla, la había pagado. Y no sé por qué extraña razón, me voy calentando camino a casa, y medio decido que voy a presentarme y hacer lo que pueda. Un día después, el jueves 19 de noviembre, me encuentro a Juanma, compañero de trabajo en el aeropuerto, y me da el empujón que me faltaba para presentarme a la prueba. “Decidido, voy a correrla”, me digo, dos días antes.

Un día antes de la prueba, el viernes 20 de noviembre, voy a recoger el dorsal. Ya no hay vuelta atrás…

Sábado 21 de noviembre de 2015. No suena el despertador, los nervios ya me habían desvelado minutos antes. Quiero que todo sea como un día normal, no quiero experimentos. Por lo que desayuno lo habitual. Decido que tampoco es día para innovar, y no llevo bastones ni medias de compresión. Y una única barrita energética, no quiero probar los geles. Y de agua, sabía por amigos que el avituallamiento no iba a faltar en todo el recorrido, por lo que decido salir con lo puesto.

8:30, comienza la carrera. Primeros kilómetros de carrera. Me voy encontrando cómodo, la climatología es buena. Las sensaciones generan dudas, la rodilla molesta en los primeros kilómetros de subida, como ya esperaba. Intento pensar en una solución al conflicto sirio. Voy controlando pasar el primer control, (2 horas), coronando las antenas en menos de 1 hora y 45 minutos. Allí arriba huele a competición, buen ambiente en el avituallamiento. La rodilla va bien. Nos avisan que hay una bajada técnica al principio y unos kilómetros muy cómodos después, hasta la embotelladora de Mijas, kilómetro 16. Me voy creciendo y aunque bajo con mucha precaución, (vaya barrancos que tenía a mi derecha), troto con muy buenas sensaciones la parte más asequible.  Después del tercer avituallamiento, viene una subida que se las traía, de menos a más, que desemboca en un tramo conocido por mí. Eso me da confianza, llevaba bastantes kilómetros desorientado. Y tras una bajada por un carril ancho, llegamos a la famosa Fuente de Jarapalos, kilómetro 21. Me repongo en este avituallamiento y continúo trotando monte abajo, hasta que una indicación nos hace meternos en un sendero vertiginoso, donde intento concentrarme al máximo para no tropezar. Precioso pero al mismo tiempo, una bajada muy técnica, por su estrechez y zigzag. Salimos a un carril ancho, que también reconozco rápidamente, que nos conduce a otro sendero, esta vez ascendente. Oigo a un corredor que iba delante de mí decir: “Aquí está el chic de la cuestión”. Rápidamente me di cuenta que ese comentario tenía mucho de verdad, e intenté dosificar al máximo mis esfuerzos. Pero por muy despacio que subiera, la inclinación te hacía ir casi a gatas por algunos tramos. Me acordé de mi amigo Mario, porque reconocí el sendero que habíamos hecho una mañana que salimos de senderismo. Y también me acordé de la recomendación de Juanma de llevar bastones. Fue en esta subida cuando comencé a notar los cuádriceps cargados, Kilómetro 27. Y comenzaron a surgir los miedos. Estaba a 16 kilómetros de meta, y comenzaba a notar las piernas cargadas. Curiosamente, mi rodilla no presentaba molestia alguna. Con estas, comenzó la subida hasta las antenas, la segunda de las dos que hay que hacer. Y fue cuando comencé a notar que los cuádriceps se montaban, y no sólo los cuádriceps, también sentía sobrecargados los isquiotibiales y abductores. Menuda pesadilla, cuando notaba que se me subían, y ya no encontraba modo alguno de estirar, para relajar el músculo… pero llegué a las antenas, kilómetro 32. En una situación normal, la carrera ya estaba “hecha”, pero mi estado me hacía tener muchas dudas de cómo afrontaría los últimos 11 kilómetros. En la cima caían algunas gotas, y soplaba un viento frío, nada que ver con el tiempo que hacía al comenzar la carrera. Comencé a descender de las antenas, una bajada técnica en la que tomé las precauciones oportunas, pero a pesar de ello no podía evitar que cada cierto tiempo los músculos se montaran y el dolor se hacía más agudo en las piernas. Fue en este punto cuando me acordé del lema de esta carrera “Duele, claro que duele”.

En ningún momento había pensado en abandonar. Sinceramente, en el kilómetro 27, cuando aparecieron las sobrecargas, dudaba en terminarla. Pero no iba a vender barata mi derrota… los últimos kilómetros se fueron haciendo largos, durante toda la carrera estuve en contacto con Marina, a la que le iba informando de cuánta distancia llevaba recorrida y cómo iba. Llegué al último avituallamiento, pedí Reflex y no tenían, y una muchacha me echó agua fría en las piernas, que debo reconocer que me alivió bastante. Y como siempre, desde el primer al último avituallamiento, te decían aquello de “ya está hecho”, pero esta vez sí que noté que lo tenía hecho… Me puse a correr nuevamente, estaba cerca ya de la bajada de Jabalcuza, donde comenzó mi viacrucis con la rodilla, y sentía algo mejor las piernas…pero fue una falsa sensación, de momento comenzaron los calambres. Y vuelta a caminar… Y poco a poco, llegué a Jabalcuza, kilómetro 38. Bajé como pude, esto es lo que puedo decir…y fue llegando al final de la bajada, cuando se sale a un tramo de asfalto donde quedan aproximadamente dos kilómetros a meta, cuando supe al 100% que llegaba. Y me emocioné, porque afloraron muchos recuerdos. Me acordé de mi abuelo José, de sus largas caminatas, incansable. Lo recuerdo siempre andando, desde que tengo uso de razón pastoreando, y ya de mayor con su bastón todo el día de acá para allá.  Me acordé de los consejos de Juanma, de las charlas con Fernando Mostazo, de las salidas en bici con Joaquín y Benito. De los días de senderismo con mi amigo Mario, o del amor a la naturaleza  que me inculcó mi profesor Manolo Santana. Así, como una magdalena fui recorriendo los últimos metros, hasta que llegué a la recta final y vi al fondo la meta. Y unos 100 metros antes a Marina y Pablo… tuve tiempo de parar y besar a mi príncipe, y disfrutar esos 100 metros de alfombra roja, en solitario, alardeado por el speaker. Fue cuando me invadió una satisfacción enorme…y me dije para mis adentros “Ole mis santos cojones”, sólo yo sabía lo que había sufrido, y a la vez disfrutado aquellas 8 horas, ´09 minutos y 31 segundos de carrera. Ole mis santos cojones, porque me había puesto una meta para el 2015, y acababa de cumplirla.

 

12 / Enero / 2015 El Robledal - La Maroma - El Robledal

Ruta inaugural del grupo.

Quizás no sea la más idónea para empezar en esto del senderismo. Pero de las tres alternativas que teníamos, nos pareció la más sensata. Descartamos la subida por Canillas del Aceituno, por su dureza. Y la de Alcaucín, por desconocimiento de la misma.

Comenzamos a andar en el área recreativa de El Robledal, a las 08:30 de la mañana. Amanecer gélido, 3 grados marcaban los vehículos al llegar. Ascendimos la primera parte a buen ritmo, el carril es bueno los dos primeros kilómetros. Posteriormente, se va convirtiendo en vereda, y en tramos con zonas muy escarpadas.

A partir del tercer kilómetro, el grupo se fue rompiendo, circunstancia que no permitió llevar un ritmo moderado, provocando continuas paradas en la marcha.

Desayunamos alcanzado el kilómetro 4. A partir de aquí, el sendero zigzagueaba por un terreno abrupto donde encontramos hielo y nieve. 

Coronamos la cima, casi cuando se cumplían 4 horas de caminata. Para entonces, la ruptura del grupo era ya un hecho consolidado. Apenas pudimos disfrutar de las vistas, porque las frías rachas de aire no acompañaban. La visión desde lo alto era buena, pero con algo de brumas...no se distinguía nítidamente la línea del continente africano. 

La vuelta fue un via crucis, acentuándose más el ritmo de unos y otros. Íbamos algo presionados por llegar al restaurante que habíamos reservado, y veíamos que los tiempos no eran buenos. Pero al final,  pudimos degustar el plato estrella del Restaurante Al Andalus, (Venta de Zafarraya).  

Contabilizamos poco más de 15 kilómetros, con un desnivel  de casi 1000 metros. El Robledal se encuentra a 1099 metros de altitud, y la Maroma a 2065 metros de altitud. Trayecto realizado en casi 7 horas, (6 horas, 57 minutos), a una pobre velocidad media de 2,2 km/h.

Destacar que no nos cruzamos con ninguna persona durante el trayecto.

Participaron en esta primera excursión Pedro Mateos, Carlos Portillo, Isidro Campos, Joaquín Gómez, Javi Benítez, Álex Jiménez, Juanma Gallardo, Herrera, Leticia, Benito y un servidor.

Objetivo 1/2 Maratón de Málaga

Objetivo 1/2 Maratón de Málaga

Seguimos con el entrenamiento...con el objetivo a lo lejos. Y ya me he fijado un primer escalón en mi lejana meta de completar una maratón. Se trata de correr, el día 22 de Marzo la 1/2 maratón de Málaga.

Será un momento de inflexión, en el que pueda evaluar lo capacitado que estoy, o no, para mi verdadero objetivo.

Mi propósito para año nuevo

Mi propósito para año nuevo

 He comenzado 2015 con un fuerte propósito. Participar y terminar una Maratón. En concreto, voy a prepararme para la de Málaga. Tengo casi un año por delante, que es lo mínimo recomendado para esta distancia.

He de encontrar la motivación debajo de las piedras, pues se trata de un largo camino, y seguramente lleguen los momentos de flaqueza que me hagan abandonar el entrenamiento.

Ni siquiera he participado en una 1/2 maratón... alguna he de hacer antes de que llegue la fecha señalada para mi propósito de año nuevo.

Hoy he comenzado el entrenamiento, y estoy muy lejos de alcanzar la meta. Pero esto me motiva más aún.

La obra de arte

La obra de arte

Me he preguntado en muchas ocasiones, qué piensa la gente respecto al arte. Qué ideas surgen en sus cabezas cuando se desplazan lentamente por las amplias salas de los museos.

Qué pensamientos afloran en el visitante, al enfrentarse a la abstracción muda de un lienzo, o al percibir la obra con la ayuda de un audio - guía.

Cada obra de arte tiene su propia historia, su razón de ser. Y debemos analizarla, interrogarla. Para saber acerca de su naturaleza.

Se supone que la mayoría de visitantes son personas con un nivel cultural medio – alto. Y muchos de los que no asisten, tienen la creencia errónea, de que no sabrán interpretar lo que vean.

Soy de la idea de que más allá de la intelectualidad que pueda guardar una obra de arte, el componente emocional es mayor. Por esta razón, muchas personas quedan prendadas observando la belleza expuesta en las frías y diáfanas salas. O extrañamente atraídas por la singularidad de algunas exposiciones, donde la belleza brilla por su ausencia.

Y la falta de belleza es reemplazada por caracteres como pueden ser lo sublime, lo cómico o lo dramático.

Pero no quiero entrar en juicios acerca de lo que es arte o no.

Lo bello debe tener un plus. La perfección puede llegar a ser agotadora en el terreno artístico. Por eso, defiendo que una obra de arte debe tener un elemento de atracción: NO PASAR DESAPERCIBIDA.

Ha sido durante mi último viaje a Barcelona, donde pude disfrutar varios días del lienzo que cuelgo sobre estas líneas.

En casa de unos amigos, hablamos en relación a la importancia de que una obra transmita, y no pase indiferente ante nuestros ojos.

Dejando a un lado la calidad pictórica, o el material utilizado, me pareció genial. Además, el valor sentimental, es lo que conduce a este particular cuadro a no estar en venta. Mientras que a ojos de otra persona, sin la adicción emocional, su precio de venta puede ser ridículo. Así de real y cruel puede llegar a ser el arte. No lo digo yo, lo dice la historia, que ha cifrado en astronómicas, piezas de Van Gogh, al serle concedido con el tiempo, un valor artístico. 

Sin desviarme del tema, esta genuina pintura, ha sido pintado por David Chiron, hermano y cuñado, respectivamente, de nuestros amigos.

Coincidimos, en nuestra animada conversación, en preferir una obra original. Hecho que otorga de una personalidad propia a la casa. Y no en la decoración tradicional, de tantas casas “made in IKEA”. Todas tan modernas, pero al mismo tiempo archiconocidas decoraciones que vas encontrando en diferentes casas. Ahogando la particularidad o personificación propia, que le pudiera uno inyectar a las cuatro paredes donde vive.

Es por eso, que al hallar tan curiosa obra, no pude dejar de cuestionarme asuntos tales como, qué movió al pintor a elegir este tema, en qué momento emocional de su vida realizó su trabajo, dónde lo llevó a cabo, qué le inspiró, o quiénes, etc.

Llegué a varias conclusiones. Posiblemente no tengan mucho que ver con la historia real del lienzo. Pero a mi parecer creí oportunas, con la información que fui recabando, durante mi estancia allí.

Por supuesto que no las compartiré, para no influir en la subjetividad de quien pueda examinarla, me mantendré al margen con mis prejuicios.

En definitiva, así es la vida de enigmática, y no dejamos de interpretarla. Con mayor o menor preparación académica, todos estamos abocados a dar respuesta a nuestras experiencias. Que yo sepa, nadie tiene aún las respuestas.

La obra de arte siempre exigirá ser interpretada, para eso fue hecha. No sólo para ocupar un espacio entre cuatro paredes.

 

Llueve sobre mojado

Llueve sobre mojado

Se ha levantado otro día gris. Y se me antoja hasta macabro, pensar que el azar escogió semejante escenario, para dar a conocer una de las noticias más tristes que he recibido este año.

El río venía sonando, es cierto. No era el típico dime y direte aeroportuario, ya había cogido forma, incluso fecha. Y, en efecto, el río ha terminado por desbordarse. Y las consecuencias son catastróficas…

Gris y lluvioso día para los empleados de tierra de Iberia. Pues acaban de anunciar el despido de 4500 empleados. Uno de cada cuatro, o lo que es lo mismo, veinticinco de cada cien, perderán su trabajo. Cifras estas a nivel nacional.

 

Pasé más de once años en la compañía Iberia, y desde el primer día, un lluvioso también, 18 de Marzo de 1999, oía rumores acerca de que dejaría el handling en Málaga, porque no le salían las cuentas, o lo que es lo mismo, no ganaban todo aquello que aspiraban.

Once años de precariedad laboral, y no había que ser muy inteligente, para percibir la dejadez y mala gestión que se llevaba a cabo en la empresa.

Pero no creo que sea el momento de echarle la culpa a nadie. Las cartas están sobre la mesa, la empresa acaba de hacer otra jugada maestra contra los trabajadores, (los mismos que generan los beneficios para Ella). Y mucho me temo, que la empresa jugó siempre con sus cartas al descubierto. Quizás sean otros los que sabían lo que ocurriría, y llevaron sus naipes en secreto. Y lo peor de todo, nadie esconde un as salvador bajo la manga… (o sí).

 

Mucha gente no hizo sus deberes, y sólo pido que no te fustigues más de lo necesario, amigo trabajador. Que no te acusen de pasividad, o de merecer esto porque no has luchado por otro futuro mejor. Hay cosas que escapan a tu competencia, y son la razón de existir de otros: SINDICATOS.

Tú, trabajador, has cumplido con tu cometido con creces:

Te has mojado cuando llovía, jugándote la vida trabajando con alertas meteorológicas o haciendo trabajos con baja visibilidad, (push back, por ejemplo). Al igual que has trabajado con temperaturas superiores a cuarenta grados. Has hecho turnos de más de nueve horas, o jornadas partidas de 5 horas. O te han hecho venir dos horas de madrugada, en infinidad de ocasiones.

No olvido el estado lamentable de la maquinaria, sin ser renovada. Tampoco la inestabilidad económica, y esa clase de suspense a la hora de cobrar, con cantidades tan dispares.

Sí, compañero, has perdido vida social a cambio de esclavitud laboral, porque además, eres una persona mal vista si decides no dilatar tu jornada cuando se producen retrasos o cualquier otra incidencia en los vuelos. Como si ya no fuese suficiente castigo, los horarios estrambóticos que tenemos.

Sólo por estas cosas que enumero, y por muchas más que olvido, deberías de estar orgulloso de tu trabajo, y tu productividad. La misma que ha enriquecido a tu empresa, y de este modo tan cruel te lo paga.

 

         Sólo puedo daros mi ánimo, aunque suene a pésame. Siento con impotencia el hecho de que haya gente que aprecio mucho, pasándolo mal. Como si ya no tuviesen bastante con padecer el trabajo que desempeñan. Y la incertidumbre que hoy se ha avivado, y sabe cuándo dejará de atormentar, no se la deseo a nadie…

Y es que lo peor de todo esto, es que la empresa concede el “privilegio” de gestionar los despidos a los sindicatos. Y si en un plazo no lleva a cabo la ejecución de los 4500 despidos, será Ella misma el brazo ejecutor.

Muchos de estos despidos, me informan, que serán cubiertos con prejubilaciones. Pero no todos, es una cifra muy elevada. Para echar más leña al fuego, la empresa muestra un interés por la compra de Vueling. La verdad que no deja de sorprenderme lo despiadado y cruel que puede llegar a ser el sistema capitalista.

 

         En definitiva, llueve sobre mojado, y a nadie sorprende en estos tiempos, por desgracia, que estas noticias ocurran. Era una especie de “Crónica de una muerte anunciada”, la de la compañía Iberia.

Pero no duele Iberia, duele saber que la gente que ha dado su salud por esta compañía, pierda su puesto de trabajo. Duele saber que los vivarachos de la empresa, decidan quién debe seguir y quién no. Duele saber, que los sindicatos, una vez más, sí tenían una carta bajo la manga. Una que pone: YO ME SALVO EL CULO.

Un comodín ante subrogaciones y despidos.

Lo veo claro, unos hicieron su trabajo. Otros vivieron del trabajo de ellos.

 

Suerte y Salud, compañeros. 

Palabras

Las palabras vinieron sin esperarlas.

Acudieron, cuando no habían sido llamadas,

y no aparecieron cuando más las necesité.

No definieron lo que sentía,

aunque me empeñé en describir mis hechos.

En alguna ocasión, emergieron como pensamientos,

y las enterré como nacieron.

Otras veces, las eternicé sobre el blanco del papel.

Archivadas, olvidadas en forma de modernos megabytes,

o en libretas abandonadas.

De vez en cuando, las rescato.

Pero quitado el polvo que las cubría,

ya no las reconozco.

Palabras variables, superfluas o ambiguas.

Palabras que pueblan mis días, y se convierten en ruido.

Preferiría, si estuviese en mis manos hacerlo,

el silencio, al montón de palabras sin sentido.

Escuchar la calma, la vacuidad de sonidos,

que a muchos asusta.

Prefiero inventar las palabras que no fueron dichas,

y evitar con ello,

el daño que el silencio provocó

en ese precipicio que dejó, al intentar explicar un sentimiento.

Lo reconozco, siempre vuelvo a ellas.

A pesar de que sean estériles muletas,

que no terminan nunca,

de saciar mis múltiples dudas existenciales.


Intervención de mi boda

Málaga 13 de Agosto de 2011. Limonar 40, Avenida del Limonar, nº40. 21:00 horas.

 

Quiero agradeceros a todos, que hayáis venido. Especialmente a Marina.

 

Hace unas semanas, durante una grata conversación que manteníamos en nuestra terraza, me hablaba de dar un paso más en la relación.

No era la primera vez que aparecía este tema, e intuía que tampoco sería la última.

Les digo en mi defensa, que el escenario era inmejorable. Habíamos cenado al aire libre, entre vinos, cervezas, queso, gambas…entre el aroma de geranios, albahaca y jazmín, y la suave melodía de cierto cantautor cubano, al que algún conocido ateo llama Dios, colándose procedente de la habitación contigua.

Para más agravio, en el fondo de la escena, se encontraba el mar, con su paz. También nos acompañaba la noche, con su magia. Y ya sabemos que debilita los corazones…

Lo que salió de aquella romántica velada ya lo conocen. Y aquí estoy yo, padeciendo lo que gestamos gustosa y emocionadamente.

Realmente, después de este día habrá cosas que cambiarán:

Mi estado civil, para asuntos burocráticos.

El lenguaje. Ya no será mi novia, cuando de ella hable, desde hoy se convierte en mi esposa o mi mujer.

O, también, el hecho de llevar una alianza, poco afectará a la estética corporal.

Son sólo anécdotas, y creo que va siendo hora, que reconozca ante los presentes, por qué acepto esta formalización.

Pero antes quiero abrir un paréntesis, y dirigirme a otras personas:

 

Quiero darle las gracias a mi padre por sus consejos, y el esfuerzo que hace por parecer siempre fuerte, a pesar de que la vida se empeñe, en ocasiones, en golpearnos.

Gracias porque nunca me faltó nada, y lo que no me pudiste dar u ofrecer, seguramente no era ni importante ni necesario.

De mi madre, podría escribir un libro sobre sus virtudes, porque es imposible hallar defecto en ella.

Lamento no haberte dicho cada día lo buena que está la comida, lo guapa que estás o lo mucho que te quiero.

Abuela, gracias por recordarme los peligros de la vida, por estar atenta a que me coma todo el plato de comida… y a que me afeite a diario. Hoy puedes estar contenta, me he afeitado.

Gracias Mayte e Inma, por ser el espejo sereno donde poder mirarme. Por regalarme cuatro sobrinos, perdón, cuatro tesoros con los que poder disfrutar. Gracias hermanas.

Gracias Álvaro, por ser el hermano correcto, el hijo que toda madre quisiera tener, y aunque seas el menor, eres otro espejo en el que me miro orgulloso.

A mis amigos del barrio, “os roequi dar las ascigra por los nosebu tosra que moshe dosapa tosjum en el orriba.

Ascigra por mecerha irre tastan cesve. Os roequi chomu, y ropees guirse con trossovo chomu potiem más”.

A mis compañeros de trabajo, gracias por soportar mis charlas filosóficas y políticas, pero sobre todo, gracias por convertir el puesto de trabajo en un lugar habitable.

También daros las gracias por luchar juntos, defendiendo nuestros derechos y dignidad.

Gracias al artista malagueño Joaquín González. Maestro de fútbol, maestro de dibujo y pintura, pero para mí lo más importante, maestro en mi vida.

Gracias por abrirme tu casa. Por ser mí amigo.

Gracias Sara, por haber estado siempre ahí, al alcance de una llamada. Para poner oído a mis palabras, muletas a mis caídas… pero también, como hoy es el caso, acompañarme en mis alegrías. Que sepas que siempre te deberé un abrazo.

Gracias Claudio, porque aunque el tiempo y la distancia se empeñe en interponerse entre nosotros, “siempre nos quedará Nietzsche”.

Y construiremos nuestro universo dialéctico con base en Utopía, usando siempre la poesía como arma para derribar las fronteras.

Y, por último, antes de pasar con la protagonista de mi historia, me dirijo brevemente a sus padres. De los que podría hablar mucho y bueno, pero yendo al grano les quiero agradecer lo bien que me han tratado desde el inicio. Me han hecho sentir uno más de su familia. Gracias Salvador, gracias Mari Ángeles.

Y ahora sí, cerrando este paréntesis, vuelvo a Marina.

 

Decía por qué aceptaba la formalización, o paso adelante en la relación. Bonito eufemismo que me colaste.

Acepto, principalmente, porque te quiero; y amar es algo más profundo y significativo que entusiasmarse de la efímera belleza.

Amar a una persona es decidirse por un tipo de vida, que nos parece el mejor.

Todos sabemos, que el amor vive del detalle, del día a día. En definitiva, se alimenta de la constancia.

No quisiera que el tiempo nos convierta en un matrimonio sin chispa, ni pasión.

Es obvio que ya no revolotean mariposillas por mi estómago, y que el apetito lo recuperé.

Pero no podemos permitir que el cariño y el respeto mutuo apaguen la viva llama del amor, consumidos por la monotonía.

Las buenas formas, la fidelidad, el espacio individual…deben seguir coexistiendo, sin extinguir como digo, a la pasión.

 

Recuerdo cómo empezaste siendo un deseo. Un juguete en mi imaginación. Donde la posesión significaba entrar de una manera u otra en mi órbita vital.

El deseo muere cuando se alcanza el objeto deseado, pero nunca las ganas de desear…

El amor debe convertirse, igualmente, en un eterno insatisfecho, porque siempre tiene que ser alimentado.

Con el paso del tiempo, las máscaras se caen, y la desnudez personal se hace palpable. Antes, el enamoramiento hace proyectar sobre la mente del enamorado, perfecciones que sólo ve él.

Y si sobrevivimos a ese estado hipnótico, las raíces se entrelazan entre dos vidas, confiriéndole una mayor fuerza a la relación.

Por eso es, que el amor debe ser afirmación espontánea del otro.

Este es el carácter más dinámico, y pienso que más bonito del amor: ya que surge la necesidad de superar la separación, y se conduce hacia la unidad… y a pesar de ello, no tiene como consecuencia la eliminación de la individualidad.

La esperanza sostiene todos los actos de nuestras vidas. Y, a su vez, es la confianza la que sustenta a la esperanza.

Esperanza en un futuro mejor, o simplemente, una esperanza que dote de sentido a nuestra realidad. Porque las circunstancias que integran nuestras vidas han de formar una historia coherente que arroje un sentido.

No le basta con vivir al ser humano, su vida se ha de llenar de sentido. Y para mí, ese sentido eres tú.

Gracias Marina, por escucharme, cuando ni yo mismo me soporto. Por ser mi mejor amiga. Gracias por arreglar el mundo conmigo, y sentir como yo, que otro mundo mejor es posible.

Por indignarte, y por ser tan clara y directa, aunque no esté de moda, y reine la hipocresía.

Gracias por respetar mi espacio, y volar conmigo donde habitan las quimeras. Regresar a “Nunca jamás” o perdernos en “Fantasía”, de tarde en tarde.

 

Como dijo el poeta (A.Machado):

“Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar. Pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar”…

Te invito a continuar esta travesía que empezamos; no digo que el camino será fácil, quiero sólo, que lo hagas conmigo.

Siempre tendremos sillas al borde del camino. Donde podremos descansar. Familia, amigos y compañeros de trabajo, que se detengan con nosotros, y nos animen a avanzar.