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La Morada del Unicornio

La obra de arte

La obra de arte

Me he preguntado en muchas ocasiones, qué piensa la gente respecto al arte. Qué ideas surgen en sus cabezas cuando se desplazan lentamente por las amplias salas de los museos.

Qué pensamientos afloran en el visitante, al enfrentarse a la abstracción muda de un lienzo, o al percibir la obra con la ayuda de un audio - guía.

Cada obra de arte tiene su propia historia, su razón de ser. Y debemos analizarla, interrogarla. Para saber acerca de su naturaleza.

Se supone que la mayoría de visitantes son personas con un nivel cultural medio – alto. Y muchos de los que no asisten, tienen la creencia errónea, de que no sabrán interpretar lo que vean.

Soy de la idea de que más allá de la intelectualidad que pueda guardar una obra de arte, el componente emocional es mayor. Por esta razón, muchas personas quedan prendadas observando la belleza expuesta en las frías y diáfanas salas. O extrañamente atraídas por la singularidad de algunas exposiciones, donde la belleza brilla por su ausencia.

Y la falta de belleza es reemplazada por caracteres como pueden ser lo sublime, lo cómico o lo dramático.

Pero no quiero entrar en juicios acerca de lo que es arte o no.

Lo bello debe tener un plus. La perfección puede llegar a ser agotadora en el terreno artístico. Por eso, defiendo que una obra de arte debe tener un elemento de atracción: NO PASAR DESAPERCIBIDA.

Ha sido durante mi último viaje a Barcelona, donde pude disfrutar varios días del lienzo que cuelgo sobre estas líneas.

En casa de unos amigos, hablamos en relación a la importancia de que una obra transmita, y no pase indiferente ante nuestros ojos.

Dejando a un lado la calidad pictórica, o el material utilizado, me pareció genial. Además, el valor sentimental, es lo que conduce a este particular cuadro a no estar en venta. Mientras que a ojos de otra persona, sin la adicción emocional, su precio de venta puede ser ridículo. Así de real y cruel puede llegar a ser el arte. No lo digo yo, lo dice la historia, que ha cifrado en astronómicas, piezas de Van Gogh, al serle concedido con el tiempo, un valor artístico. 

Sin desviarme del tema, esta genuina pintura, ha sido pintado por David Chiron, hermano y cuñado, respectivamente, de nuestros amigos.

Coincidimos, en nuestra animada conversación, en preferir una obra original. Hecho que otorga de una personalidad propia a la casa. Y no en la decoración tradicional, de tantas casas “made in IKEA”. Todas tan modernas, pero al mismo tiempo archiconocidas decoraciones que vas encontrando en diferentes casas. Ahogando la particularidad o personificación propia, que le pudiera uno inyectar a las cuatro paredes donde vive.

Es por eso, que al hallar tan curiosa obra, no pude dejar de cuestionarme asuntos tales como, qué movió al pintor a elegir este tema, en qué momento emocional de su vida realizó su trabajo, dónde lo llevó a cabo, qué le inspiró, o quiénes, etc.

Llegué a varias conclusiones. Posiblemente no tengan mucho que ver con la historia real del lienzo. Pero a mi parecer creí oportunas, con la información que fui recabando, durante mi estancia allí.

Por supuesto que no las compartiré, para no influir en la subjetividad de quien pueda examinarla, me mantendré al margen con mis prejuicios.

En definitiva, así es la vida de enigmática, y no dejamos de interpretarla. Con mayor o menor preparación académica, todos estamos abocados a dar respuesta a nuestras experiencias. Que yo sepa, nadie tiene aún las respuestas.

La obra de arte siempre exigirá ser interpretada, para eso fue hecha. No sólo para ocupar un espacio entre cuatro paredes.

 

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