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La Morada del Unicornio

Añoranza

Añoranza

Añoranza         

 

Añorar, proviene del catalán (enyorar), y significa  recordar con pena la ausencia, privación o pérdida de alguien o algo muy querido…

Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida. Así es como define la Real Academia Española, al vocablo nostalgia. Mientras que a la melancolía, la define como la tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece, gusto ni diversión en nada. Y destaco como otra acepción, del campo de la medicina o las patologías, la monomanía en que dominan las afecciones morales tristes.

Me pregunto, dada estas definiciones si, ¿es siempre afligida la añoranza? Porque hasta el momento, sólo han aparecido palabras tales como: pena, ausencia, privación, pérdida, recuerdo, tristeza, etc. Nociones con claras connotaciones negativas…

Pienso, adelantando mi síntesis, que puede ser positiva, pese a lo que a priori, dice la RAE. Me llama también la atención el término monomanía, que hace alusión, al ejercicio  de recuerdo nostálgico, que hace una única persona. Curioso, pensar que exclusivamente sea un acto privado e individual para nuestro diccionario. Pero esto es otro tema.

No quisiera parecer, por una vez, el triste y serio melancólico, al que el tiempo arrebató su niñez.  Pero mientras escribo este artículo, para despertar mis musas, elegí el tema ¡oh, melancolía!, de Silvio Rodríguez. Aquí les copio un fragmento de la canción:

 

Hoy viene a mi la damisela soledad
con Pamela y pertinentes y botón
y amapola en el oleaje de sus vuelos
hoy la voluble señorita es amistad
y acaricia finamente el corazón
con su más delgado pétalo de hielo.

Por eso hoy
gentilmente te convido a pasear
por el patio hasta el florido pabellón
de aquel árbol que plantaron los abuelos
hoy el ensueño es como el musgo en el brocal
dibujando los abismos de un amor
melancólico, sutil, pálido cielo.

Viene a mi, avanza,
viene tan despacio
viene en una danza
leve del espacio
cedo mi adoración
y ya vuelo ave
se mece la nave
lenta como el tul
en la brisa suave
niña del azul.


Oh melancolía, novia silenciosa,
intima pareja del ayer
oh melancolía, amante dichosa,
siempre me arrebata tu placer
oh melancolía, señora del tiempo,
beso que retorna como el mar
oh melancolía, rosa del aliento,
dime quien me puede amar.



 

No puede ser dañina, vista así, la melancolía. Aunque el diccionario se empeñe en encuadrarla con sinónimos como morriña, soledad o hipocondría. Siempre me dijeron que de lo bueno y lo malo, nos quedamos con lo bueno, y vamos borrando lo malo. Aunque nos empeñemos en tropezar con la misma piedra, en el camino de la vida. Es cierto, que una espina saca a otra espina, que una mancha de mora quita la otra mancha, o un rey nuevo, viene a sustituir al muerto… Continuamos pese a los obstáculos, y sólo nos detenemos para ver el camino andado o para vislumbrar el futuro, pero no es cierto que olvidemos íntegramente, aquello que nos hizo daño. De esto, nace una cicatriz, que la añoranza se empeña en abrir una y otra vez…

No creo que olvidemos el sufrimiento del pasado, ni estoy en la postura de que sea lícito hacerlo. Detenerse en el tiempo, lo dan los años, pero también las bofetadas diarias. Levantarse, y asumirlas, es cuestión nuestra. Podemos detenernos en la nostalgia, alborozarnos en su ficción, y quedarnos peligrosamente, atrapados en su tela de araña.

Pero también, podemos viajar al pasado y agradecer aquello que fue nuestro, aquello que nos ha hecho tal como somos. Rememorar, las heridas que cicatrizadas, mantenemos adecuadamente en la memoria.

Entiendo, que el equilibrio resulta un ejercicio arriesgado. Que el justo medio es complicado, para aquellos que eligieron equivocadamente un camino circular, de eterno retorno, en sus vidas. Pero entiendo, que en esta armonía, descansa el placer de la añoranza…

La soledad escogida o el diálogo con uno mismo, deberían dejar ese sabor dulce en nuestra conciencia. Afrontar los problemas con templanza, sustituyendo el prozac por una filosofía de vida acertada.

 

Para terminar, veo acertada la ética propuesta por el taoísmo, donde el bien y el mal, son conceptos que se requieren mutuamente y, cuyo contenido se adapta según las conveniencias. Desde el punto de vista del Tao, el dualismo moral no tiene sentido. A simple vista, nos puede parecer un planteamiento relativista. Pero no se trata de que nos traguemos los hechos, desde una perspectiva exenta de daño. Está claro, que no es lo mismo perder un hijo en un accidente de tráfico a los 20 años de edad, que perder un abuelo de 80 años. Sólo digo que hay que superar tanto una, como la otra circunstancia.

 

La anécdota del caballo ilustra esto a la perfección:

 

Una mañana, un campesino ve llegar un caballo, el cual, con toda naturalidad entra en su corral y se queda como si hubiera estado siempre allí. Por la tarde, en el pueblo, se lo cuenta a sus amigos; éstos se regocijan y le dicen: “¡Qué bien, qué suerte has tenido, tú que ya no tenías caballo!...” “No sé si es bueno o si es malo, contestó el labrador, sólo sé que llegó un caballo a mi casa y allí está”. Pero algún tiempo después, el caballo se fue. Al enterarse los amigos, se lamentaron: “¡Qué mala suerte, qué lástima, haber perdido el caballo de esta manera!...” “Yo no sé si es bueno o si es malo, dijo el labrador, sólo sé que una mañana llegó un caballo y que otra mañana se fue”. Pero a los pocos días el caballo volvió al frente de una manada de yeguas y todos se metieron en el corral. “¡Qué maravilla!...”, exclamaron los amigos al saberlo. “No sé si es bueno o si es malo, dijo el labrador, sólo sé que un caballo llegó, que luego se marchó, y que volvió con muchas yeguas.” Pasado un tiempo, el hijo del campesino quiso montar el primer potro nacido de las yeguas y se cayó rompiéndose una pierna. Los amigos compadecieron al labrador que ya no tenía quien le ayudara en las faenas del campo: “No sé si es bueno o si es malo, sólo sé que un caballo llegó, que se marchó, que volvió  con las yeguas y que mi hijo se cayó del potro rompiéndose la pierna”. Y estalló una guerra en el ducado; todos los hijos de los campesinos fueron reclutados, menos el hijo del labrador pues no podía andar. Los amigos envidiaron su suerte. “No sé si es bueno o si es malo, dijo él, sólo sé que…”

La anécdota no tiene final, como se comprenderá. Lo bueno y lo malo está en relación con la satisfacción o el agrado, y la pena o el desagrado que nos causa, pero en sí mismo nada es ni bueno ni malo, sino tan sólo un momento del acontecer. La capacidad de ver el curso de los acontecimientos con el corazón sereno, esto es sabiduría.

 

Los antidepresivos, o el alcohol, (depresor), almacenan nuestros problemas… los esquivan temporalmente, pero la circunferencia no tiene divergencias, y volvemos a llegar al mismo punto conflictivo. Quedarse encerrado en la espiral, es morir vivo. Por este motivo, es preferible sentarse un momento, en el borde del camino, y elegir las alternativas que nos da la vida: Morir ya nos fue dado al nacer, escojamos otra alternativa, aunque sea la de continuar… siempre hay algo por lo que luchar.

 

 

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