El espíritu del zapatazo
Nunca he llamado a un programa de radio. Tampoco a uno de televisión. Pero como le dijo el torero al filósofo, cuando se enteró el primero, a lo que dedicaba el tiempo el segundo: “tiene que haber gente pa tó”.
Y la cosa se multiplica, porque cada vez somos más, y con más medios. Por lo que no resulta extraño, que haya gente que llame a cualquier tipo de programas, y dé su personal opinión…
Están de moda, los programas televisivos donde completas un panel y ganas dinero fácilmente. Al modo de decir una palabra oculta, o creándola. El hecho es, que el timo ha existido y sigue existiendo. Y ya no llama tanto la atención, saber que estos programas, tan mediocres por otro lado, engorden sus cuentas gracias a las carísimas llamadas telefónicas de jubilados, principalmente, como apuntan los estudios.
Hay gente, para llamar y dar el nombre de un animal de seis letras, que no coincide nunca con el que se premia. También hay gente, para hablar por hablar, de madrugada. O para intentar, averiguar la voz misteriosa que premia Cadena cien. Gente que busca saber su futuro, (yo te lo digo, negro, como el de todo el mundo).
Y como hay gente para todo, cómo no iba a haber gente para llamar a La ventana, el programa de Gemma Nierga, y opinar sobre el zapatazo al aún presidente de los Estados Unidos.
La mayoría de llamadas, coincidían en lamentar, que los zapatos, no golpearan la cabeza del genio norteamericano. También, se avenían en la rapidez de reflejos, y en la particular sonrisa mostrada tras los hechos. Unos con más resquemor que otros, daban su opinión, lamentando una y otra vez, la falta de puntería.
Hace varias semanas, al conocerse el resultado de las pasadas elecciones norteamericanas, el locutor que daba el aplastante escrutinio final, ironizaba sobre la derrota del senador Mc Cain: los votantes le han dado una patada al longevo republicano, como si se la dieran al culo de Bush…
Ya ven, la cosa desde hace un tiempo para acá, anunciaba que alguien quería dar un puntapié, al todavía inquilino de la Casa Blanca. Lo que no imaginábamos, era de qué forma tan extraña se intentó cumplir.
Siguiendo con las llamadas al programa la ventana, el último personaje al que dieron paso en directo, hizo eco de todo lo que he apuntado anteriormente. O sea, lamentó la falta de puntería, o premió sarcásticamente los reflejos de Bush. Pero también, mostró un tono más violento que los demás, e incitó a la audiencia a que hicieran el mismo gesto u otros más originales, con políticos más cercanos. Remató su discurso enorgulleciéndose, de algo que bautizaré, como el espíritu del zapatazo.
Sólo un hombre, decía, lanzó sus zapatos. Un valiente, (o un suicida, para gustos los colores). Pero la fuerza de tal hazaña, añadía, renacía de una potencia globalizada, de un poder oculto, de un deseo mundial, como quieran llamarlo, o como se sientan más identificados.
Reconozco, que no tendría atrevimiento para hacer algo igual. Y valoro, que fue un gesto tardío. Además, me educaron con unos valores muy clásicos, donde una y otra vez, me recordaban que no debía agredir a féminas, niños, ancianos o semejantes que presentaran una tara notable. Sigo obedeciendo a mis progenitores en este punto…
Aquí les dejo un video, por si se perdieron tal evento:
http://www.youtube.com/watch?v=kAWzYpelgek
0 comentarios