La vida
Hace unos días, descubrí qué es la vida. Sí, parece tonto, dicho así, pero si nos preguntamos qué es la vida, y respondemos con el sentido común, igual les pasa lo que a mí, que a primera vista se nos presenta algo así como una línea espacio - temporal, con un principio (nacimiento biológico, o si queremos, estado de conciencia), y un final, (muerte o extinción).
En cambio, la biología nos habla de vida en el sentido de milagro. Millones de causalidades, trucos, azares, o como queramos llamarlo, se han de entrecruzar, para que estemos aquí. Eso sería la vida, incluyendo a los seres vivos, inclusive a los microscópicos, o los que escapan aún a las avanzadas lentes de aumento.
Pues bien, esta vida es la que ya incluye, no sólo al animal - humano (homo sapiens), sino que también a los animales - no humanos, resto de seres vivos, y cómo no, al resto de células, bacterias, etc. que andan a sus anchas por nuestro organismo u otros ajenos. Esta vida es de los seres que metabolizan, (comen y desechan), se reproducen, (o auto - reproducen), son termodinámicos, (esto es, luchan internamente por alcanzar un equilibrio que les favorezca la relación con el medio externo), son complejos, (aunque curiosamente, el ARN de una cebolla sea más complejo que el nuestro), y por último, lo vivo sería aquello que evoluciona por la conocida teoría darwinista de la Selección Natural.
Sí, sé que le estás dando vueltas a la cebolla, pues será mejor que no te diga el ARN del tulipán, demasiado crudas estas informaciones, para el desmedido narcisismo humano.
El homo sapiens, como animal inteligente, crea el concepto vida partiendo de un ideal lingüístico. La palabra. El lenguaje, como esencia de lo humano. Y debido a la necesidad de construirse, usa el medio (ambiente) para sus fines. Normalmente, cubriendo más de lo que su vida biológica le exige. Para esto, también hemos alzado una noción, con la que poder justificar nuestra desorientación existencial, el bienestar. Eufemismo que viene a apoyar la consagrada idea de felicidad.
Dejando atrás etiquetas y artimañas de nuestro querido lenguaje, ni tampoco queriendo hacer una tesis paternalista, ni albergar un falso ecologismo. Esto último tan de moda, que hasta afamados norteamericanos, con una dudosa buena voluntad, vienen a prevenirnos del fin de los días. Yo simplemente quería enunciar qué es la vida. La grandeza de ésta, que nos hace frágiles sólo que de pensarlo.
Ya el racionalismo, apoyándose en la duda de todo, percibió erróneamente que no se podía dudar de que se estuviera dudando. Y, por tanto, si uno piensa, (el sujeto, aquí empezará a coger volumen el ego humano), es porque existe. Descartes, únicamente abrió la caja de los truenos. Kant, con su yo transcendental, y posteriormente Hegel, impregnaría de idealismo absoluto la filosofía, con la famosa analogía pensar = ser.
Se equivocaba el padre del racionalismo, al reconocer como sujeto pensante a la res cogitans. Olvidando que para dudar, era menester haber nacido. Por lo que toda la teoría cartesiana del cogito ergo sum, no tendría vigencia, únicamente en la fórmula: existo, luego pienso.
Pero mi humilde propósito no era echar por tierra el racionalismo moderno, o los idealismos alemanes posteriores. Esa ya fue labor de otros. He retrocedido voluntariamente hasta el siglo XVII, para que podamos discernir, eso es, ver con mayor claridad y profundidad, cómo el concepto vida se ha ido desapegando de la naturaleza, para convertirse en mera idea cultural. Cómo hemos, inconscientemente, creado unos valores, prejuicios, modelos… alrededor de tal vocablo. Cuando la vida, tan primaria y poderosa, no puede explicarse de otro modo, que no sea biológico. Hasta tal punto de egolatría hemos llegado, que no nos conformamos exclusivamente con hospedar seres inertes en eso que llamamos comúnmente vida. Si no que nos creemos con la omnipotencia de diseñar, modificar y crear vida, desde unos supuestos tecnológicos, claramente cegados por el especismo.
Así, que no me queda más remedio que cargar, una vez aprehendida esta nueva visión, con nuevos campos de conocimiento. Continuar pensando que no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita. Aunque la dicotomía: naturaleza versus cultura, haya dejado de ser un escollo para mí. No os invito a que regresemos a las cavernas. Nuestro destino es aún más crudo. La vida biológica, y la ideal cuentan con un nexo de unión, la muerte. Como apunté al principio, despertamos con la conciencia, en términos representativos. Y dormimos el sueño eterno, adornado por la trasmigración del alma, resurrección, o lo que el sujeto de pensamientos quiera volitar. También nacemos biológicamente, antes que mental o conscientemente, como no he parado de reseñar. Y por esos trucos, azares, causalidades, contingencias, estamos vivos, como podríamos no estarlo.
0 comentarios