Jugar a Dios
Parece increíble encontrar una buena noticia en tiempos de crisis. Pero hoy amanecían los medios de comunicación haciendo eco de uno de los avances científicos más destacados de los últimos meses: un niño será curado de una enfermedad hereditaria, anemia congénita severa, que le diagnosticaron al nacer, que le tiene preso a una máquina de respiración artificial. El milagro se debe a las células madre que tomarán del cordón umbilical del hermano que acaba de nacer. Y que le será transplantado a su hermano mayor, para la posterior cura. El hermano menor, vendrá al mundo por una fertilización artificial o in vitro, tratada con una manipulación eugenésica, apoyada naturalmente por los padres del mayor enfermo.
La cuestión crítica radica en el hecho, o mejor dicho, en la permisividad de los padres a un ejercicio muy discutido aún en nuestro país: la eugenesia. Desde mi punto de vista, y estudiado el caso, no hay razón para oponerse a la práctica realizada. Efectivamente, un ser vivo, humano, ha sido gestado con una manipulación genética, pero en cualquier caso analizable, para un buen fin, y con medios que no afectaban perjudicialmente a terceros.
El debate de la eugenesia está abierto desde principios de siglo pasado, cuando en EEUU intentaron acabar con la delincuencia y otros males de la sociedad, manipulando genéticamente a seres humanos. Respaldado bajo la creencia de que las personas que resultaban ser un peligro para el bienestar social, eran enfermas. Portadoras de unos genes que había que exterminar. Todas estas teorías vacuas, acabaron como ya sabemos en otras más fundamentadas por desgracia, en la Alemania nazi. Que lograron difundir y defender ideas tales como: limpieza étnica, raza aria,...
Cierto es, que la eugenesia se nos ha presentado como una seria promesa para tratamientos regenerativos. Lo sucedido hoy es un claro ejemplo. Andrés desde sus seís años, es incapaz aún de comprender que su hermano sea además de su nueva compañía, un avance científico de gran entidad. Donde la Ciencia y la Ética se han unido para una misma causa.
Pienso que todo lo que sea avanzar, abrazado a la ética, será beneficioso. Mientras no entre en juego la intención de la clonación en aras de la perfección de la especie, ni otras macabras intenciones que la mente humana pueda generar, estamos a salvo. Pues no necesitamos más dioses de los que ya hemos tenido. ¿O acaso estamos en disposición de hacer criaturas a la carta?
Por último, se habla de la clonación en animales en vía de extinción, u otros seres como el mamut, que desaparecieron hace miles de años. Salvar una especie que aún tenga constancia sobre la faz de La Tierra, no me parece tan descabellado. En cambio, sí me resulta inoportuno rescatar de las cenizas a especies que nos quedan ya tan lejos. Habría que preguntarse si soportarían el calentamiento global, y si quieren resucitar como objetos de museos expuestos en zoológicos.
Tengamos fe, y esperemos que el refranero popular yerre, en esta ocasión, y que no ocurra lo que suele suceder cuando se está jugando, (además con fuego). Que no venga el llanto después de la risa. Y sí, muchos años más, de onírica ignorancia.
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