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La Morada del Unicornio

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Superhombres

Superhombres

Hay filósofos de primera línea, filósofos que perviven, resumidos en una proposición. Una cita que los alza a la celebridad, a la eternidad del tiempo.

Si te digo Descartes, se nos alumbra el cogito, ergo sum. Si nombro a Ortega y Gasset, su Yo, soy yo y mis circunstancias. Del genial Nietzsche, recordamos injustamente, su aversión a las mujeres, o su manipulada influencia sobre el nazismo. Etc.

Luego, hay otros filósofos que están en una segunda línea. Al alcance de mentes más cosechadas en la materia. Caso de filósofos de la talla de Sartre, Kierkegaard o Derridà, por ejemplo.

Seguimos con esta taxonomía, y nos vamos alejando de la popularidad. Habría que visitar libros más doctos en filosofía, con una arqueología más profunda, para encontrar nombres que significaron una revolución en su tiempo, y han ido convirtiéndose en ruinas ideales. Sólo los eruditos de la filosofía, llegan a comprender el por qué del alzamiento de esos grandes nombres: detrás de un Hegel, encontramos unos acontecimientos históricos en la edad moderna, una revolución científica, otros pensadores precedentes que le forjan la vía de su pensamiento. En definitiva, el idealismo absoluto de Hegel, necesitaba el subjetivismo cartesiano y el idealismo trascendental de Kant, como éste requirió del aristotelismo, etc.

Me he referido a filósofos. Podría haber mencionado políticos, científicos o santidades. Es igual, quise significar en toda esta palabrería, el sentimiento de masa que podamos tener en cierta ocasión.

¿Quién no se ha sentido alguna vez como un grano de arroz, o como un insignificante eslabón de una gigantesca cadena, que se mueve con un impulso ciego, que no sabemos a dónde va, o de dónde viene?

Con tanto utilitarismo, la sociedad no se cansa de recordarnos que somos sustituibles, que somos mercancía para el favor de otros, y que todo es relativo. O como bien decía la canción, depende, de según como se mire… todo depende.

Pues estas grandes celebridades, son o serán refutadas por otras mentes postreras. Y así, avanza esta cosa que llamamos existencia.  Con  rebaños donde destaca un pastor, dentro de una humanidad, donde se recalcan singularidades a las que llamamos genios.

 

Crónica de un sufrimiento anunciado

Crónica de un sufrimiento anunciado

08:00 de la mañana del sábado 25 de octubre de 2008. No suena el despertador, minutos antes de que lo haga, lo apago. Me desvelé a las 06:00 de la mañana, la explicación es que me acosté temprano, y llevaba toda la semana levantándome a esa hora para ir al trabajo.

Desayuno con tiempo. Reviso la bicicleta: le meto más presión a las ruedas, la engraso, y limpio un poco, ha de tener buena presencia, es un gran día. Me visto, y salgo a la hora estimada.

A las 09:05 partimos desde la Avenida Europa. La ruta es la acordada: Atravesamos el Polígono Santa Bárbara y el Polígono Guadalhorce, para evitar la transitada Carretera de Cádiz. Nos desviamos por el aeropuerto, para tomar la carretera de Zapata, y salir a un cruce que tomamos dirección Alhaurín de la Torre. Llegados a este punto, vamos rumbo a Coín, por una tranquila carretera.

Las 10:05, todo en perfecto orden: 20 kilómetros recorridos, y no aparece ningún ápice de fatiga. El cielo despejado, pero se divisan nubes a lo lejos, en la dirección en la que debemos ir.

Pasado Coín, continuamos hacia Alozaina. Cada vez hay más nubes, que amenazan con mojarnos en los futuros kilómetros.

La situación era algo así como en la novela de El señor de los anillos. Cuando Frodo y sus amigos van a Mordor, para destruir el anillo. Era algo parecido, cada vez que avanzábamos, más negro y amenazante se veía el cielo.  La oscuridad en la distancia, era a la vez, la parte más dura del camino.

Después de Alozaina, donde hicimos una parada para llenar los botes de agua, llegó Yunquera. Debo decir, que desde la gasolinera de Alozaina, a 44 kilómetros de Ronda, hasta 11 kilómetros de nuestro destino, todo el recorrido se iría empinando, salvo en tramos de falso llano.

Comenzaba a notar la carga de kilómetros. Pero todo parecía ir bien, y el Puerto de las abejas de 840 metros de altitud, no se presentó como un gran escollo.

A las 13:30 llegamos a El Burgo, estábamos a 25 kilómetros de nuestra meta. Nos hicimos una pregunta: comer allí, o en Ronda. Decidimos que lo más sensato, era parar y comer. Coger fuerza para el último tirón.

No sé qué hubiese pasado si no hubiésemos parado, pero sé lo que pasó parando.

Pues lo dicho, detuvimos nuestro trayecto, en el Bar El Yoni. Pedimos dos primeros platos, para no ir muy pesados, y no demorarnos mucho: sopa de picadillo y ensaladilla rusa, que recordaré durante tiempo, (sabrosísima).

Cerca de las 15:00, retomamos el camino. Desde hacía unos kilómetros, el cielo mostraba muchos claros. Pero a mí todo se me empezó a nublar, cuando comenzamos a ascender el Puerto del viento (1190 metros de altitud).

No sé cómo calificar a mi personal pájara… primero comencé a notar una fuerte presión en el estómago, que me dificultó la respiración. Posteriormente, las piernas, sin previo aviso, quedaron a merced de su suerte... No me quedaba desarrollo más liviano para avanzar. Pero iba consiguiendo restar metros, aunque fuese a 6-7 kilómetros hora, como llegué a ver en algún momento, en el cuentakilómetros.

Mientras, mi amigo ascendía con constancia, y se alejaba hasta perderle el rastro. Sin su rueda, se hacía más dura la odisea. Y es cuando aún quedan fuerzas para razonar, y comprender que la batalla que estás emprendiendo con tu cuerpo, sólo puedes ganarla con sentido común.

Así fue, comprendí como en otras ocasiones, en las que me había visitado este tipo de desfallecimiento, que aparte de parar, se puede continuar imponiendo un ritmo constante. No hay milagros, pero fui llegando poco a poco, hasta divisar a lo lejos el indicador marrón que me anunciaba la coronación del puerto.

Llegamos a Ronda a las 16:30. Los últimos 11 kilómetros, eran un continuado descenso, con unas vistas que disfruté lo que no había hecho los 14 kilómetros anteriores.

La sensación que te queda al traspasar el letrero: “Ronda, la ciudad soñada”, vale la pena experimentarla.  Cualquier sobreesfuerzo anterior, se veía recompensado.

Miré el cuentakilómetros, y mi orgullo me hizo olvidar las doloridas piernas: 107 kilómetros completados, en 5 horas y 50 minutos sobre la bici. Con una velocidad media de 18, 15 kilómetros a la hora y, alcanzando una velocidad máxima de 68,45 kilómetros por hora.

Todo esto, como diría mi compañero de ruta, en plan marica.

 

100 kms

100 kms

Amigos/as, acabo de llegar de Ronda. Más de 3 horas de coche, ida y vuelta, agotador. Exactamente 200 kilómetros, por caminos diferentes: el viaje de ida ha sido más liviano, por autovía, y calzadas comarcales rápidas. La vuelta por carretera de montaña, el circuito que mañana haré en bicicleta, en sentido contrario... o por lo menos intentaré...  Allí hemos dejado un coche con dos mochilas con ropa, junto al hostal donde nos alojaremos mi compañero de sufrimiento y yo.

No tengo ganas de escribir, llevo levantado desde las seís de la mañana, y los madrugones de la semana acumulados a día de hoy... Pero quería dejar patente mis miedos. Surgidos por la inseguridad creada al ver la odisea que nos espera mañana. Realmente, te das cuenta de la dureza de una carretera, cuando estás dentro, la recorres. En coche no se aprecia, a no ser que te fijes con atención, e intuyo, y no me equivoco, que mañana será un día muy duro y largo...

Ya os contaré, saludos!!!

 

Chandrayaan I

Chandrayaan I

No deja de sorprenderme alguna que otra noticia. Hace un par de días, creo recordar, nos anunciaban que la India lanzaba el primer cohete, no tripulado, a la Luna. Todo un lujo, ¿no creen?, para un país que no destaca precisamente por su solvencia económica.

Visto a ojos externos, un país pobre.

Si les soy sincero, lo que haga la India, como lo que hagan otros países, me da igual. Me afectaría si fuese en mi país, y me hubiesen tocado el bolsillo para este tipo de pajas mentales, poco fructíferas, del ser humano.

¿Hay derecho a malgastar tanto dinero público? Me gustaría pensar, que todo el pueblo hindú está al tanto de estos caprichos. Y, sí, digo malgastar, porque tenía a la India como un pueblo maltratado por las catástrofes naturales, y el hambre.

Seguramente, algún ciudadano saque pecho de los avances científicos de su estado. Estará orgulloso del sentido y políticas de acción de su gobierno, aún no cumpliendo con sus necesidades básicas.

Ese goloso dinero, se me antoja muy apropiado para haberlo invertido en menesteres más prácticos y necesarios. Crear una economía más autónoma, a fin de cuentas.

Sospecho, que el despilfarro en experimentación espacial, ha sido posible a consecuencia de la ceguera en la que vive el pueblo hindú. Poder equivalente con el que somete Arabia Saudita a sus ciudadanos. Masa sustentada en la incultura, la misma que le conviene a un gobierno para regir sin oposición, la tan esgrimida en regímenes dictatoriales.

A unos, pienso, les habrán prometido una magnífica vida de ultratumba, rodeados de mujeres y pecado, mientras ellos, los elegidos, disfrutan la vida terrenal, sin privarse de nada. Gastando los petrodólares a destajo. Y a estos otros infelices, de los que les hablo, quizás les habrán prometido la Luna.

Nosotros nos conformamos con menos: una Euro - copa de fútbol.

Pensando la nada

Pensando la nada

El ente que no-es, no es nada. ¿Se puede decir de algo que no es, algo? ¿Debe formar parte del lenguaje la nada?...

¿Puedo pensar algo que no es? Sí, por ejemplo, un perro de 10 patas. Aunque ya no sería "perro", sería otra cosa, otro concepto). Podría pensar en una montaña, que se alzase sobre el nivel del mar, más de 30.000 metros. Puedo pensar algo o alguien que fue y, ya no es. Pensar que todo en mi habitación está como lo dejé la última vez...

Ahora me pregunto: ¿Es real el pensamiento? Desde una perspectiva ingenua, platónica, afirmaríamos hasta la realidad de las ideas. Defenderíamos, cierto realismo utópico que nos haría abrazar la creencia de que las ideas, el fruto conceptual de nuestras mentes, es algo real que está, por decirlo de algún modo, flotando en el ambiente, para ser capturado por nosotros.

El idealismo se alza sospechosamente, sobre el nominalismo y los universales, para dar respuesta a esto. Veamos con más detalle ambas posturas:

El nominalismo toma partido por lo particular, por nuestra subjetividad. Nuestro juicio es lo que cuenta como verdad. Principales figuras de esta corriente son Duns Scoto y Guillermo de Ockham. Mientras que los universales, que datan de la Grecia Antigua, defienden una verdad universal de las cosas, a la que se llega por técnicas como la mayéutica, la ironía o la dialéctica discursiva. Podríamos decir que Sócrates fue su principal valedor, aunque hay defensores de los universales en el período conocido como neo-platonismo.

El idealismo pues, propone la totalidad. Ya no se trata de decir que para hallar la verdad es necesario mi juicio particular. De ser así, habría millones de verdades, o lo que es lo mismo, una pluralidad, que nos llevaría a negarla simplemente. Tampoco se trataría de apuntillar que la verdad es algo así como un común denominador, un universal absoluto, puesto que no hay una única mente. La totalidad será entendida como el ejercicio lógico de la razón, la dialéctica que Hegel nos muestra brillantemente, en un acto sin fin. Que consta de tesis, antítesis y síntesis. Un contrastar ideas ad infinitum.

Es decir, la verdad sería un juego de afirmación, negación, afirmación, negación, y así eternamente. Pero el ser humano es finito, esto quiere decir, que no podemos alcanzar un conocimiento absoluto de la realidad, como pretendió el ya citado Hegel.

Para Heidegger, la nada nadea, en el sentido poético de que participa de la realidad. Tiene ser, aunque su presencia sea un no-ser. La forma necesita de la nada, para crear sus objetos, como el vaso de la oquedad para recibir el líquido. Contradecimos a Parménides en este punto, para el cual, era necesario decir y pensar entes. La nada, no sería, y no podría decirse nada de ella. Menos aún, pensarse.

¿Puedo pensar en la nada, o el hecho de pensar en “la nada” es impensable, aunque se transforma esa idea de “lo no pensable”ya, en un pensamiento?

El ente se me representa, con su presencia, invitándome a conocerlo. Busca su interpretación, exige el ser conocido, en el despliegue que ejerce en la realidad. La nada se dispersa en las formas, son parte intrínseca de cada ente, y no piden intérprete, porque su esencia es el no-ser.

Volviendo con Hegel, la nada sería la antítesis del ser, su negación. Aquí surge el principio de contradicción: “A es A”. (“Todo aquello que es, es y no puede no-ser”, siguiendo nuestro ejemplo). Pero el alemán, una vez más, supera el pensamiento clásico de Aristóteles, demarcándose por defender un tercer movimiento, la síntesis, (A y no-A), que sería una nueva tesis, como hemos dicho, potencialmente refutable ad infinitum.

Si todo es permisible de ser negado, la verdad se presentará como relativa. Aunque decir que todo es relativo, es también relativo…

 ARS MAGNA


Qué es la magia, preguntas
en una habitación a oscuras.
Qué es la nada, preguntas,
saliendo de la habitación.
Y qué es un hombre saliendo de la nada
y volviendo solo a la habitación.

"Poesía" 1970 –1985 ( Leopoldo María Panero)

 

 

 

Sin contraindicaciones

Sin contraindicaciones

Para el que lo ha, o quiere dejarlo... van estas breves palabras:

La noche del domingo 29 de julio de 2007, había madurado una decisión... Al día siguiente, despertaba con la convicción de alejar los malos humos de mi vida.

Una promesa y footing, armas que ya había utilizado anteriormente... sin éxito. Pero esta vez fue diferente, y  casi 15 meses después,… puedo decir que la elección se fortalece sin contraindicaciones.

Todo  son ventajas: ya no me levanto con la preocupación de tener tabaco, con mal aliento. El dinero que he ahorrado, que no es poco, lo he empleado en viajar. Reconozco a los fumadores de los no-fumadores, por el olor impregnado en sus ropas, en sus bocas. Subo escaleras, sin asfixiarme. He vuelto a sentirme bien haciendo deporte.

Allen Carr, plasma lo que les quiero decir, en el capítulo 21: Las ventajas de ser fumador, de su libro Es fácil dejar de fumar. Capítulo que muy hábilmente, deja en blanco.

Obvian los comentarios.

 

 

Paso a paso

 

Con el mp3 a todo volumen. Paso a paso, autómata de mi camino, ya aprendido. Treinta minutos la ida, otros treinta la vuelta. Desconectando de la realidad, sin oír la música tampoco. Inmerso en pensamientos, que intento rumiar, recién salidos del horno. Algunos viejos fantasmas me acompañan en mi viaje. Espectros que aparecen y desaparecen cuando se presentan otra serie de pensamientos que encadeno.

La canción es lo que menos retumba en mi cabeza. Huye como el agua por un colador, escapándose entre los agujeros de mi filtro. Atrapando únicamente las ideas que aún no he digerido, y por tanto, me hacen pensar. De vez en cuando, la guitarra de Silvio, la voz de Serrat o el sentimiento de Ismael me despiertan de mi sueño teórico. Otras, llego a casa sin recordar todo lo que oí.

Repienso lo que minutos antes se dijo en las aulas. Intento que calen en mí, las palabras que no quieren permanecer en mí. Y sin quererlo, voy llegando, como el caminante del poeta, que golpe a golpe, verso a verso, iba sabiendo llegar:

Caminante son tus huellas el camino y nada más. Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista se verá la senda que no se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar. 

Si me ves y no te saludo, discúlpame.

 

Puerto del León

Reconozco que me estoy haciendo mayor, les cuento...

Abrí este nuevo espacio para plasmar en forma de diario algunas opiniones. Pero ya ven, al cuarto día me traiciono. No tenía fuerzas para escribir...

Me llegué a poner delante del ordenador, como los días precedentes, con el blog abierto en "escribir nuevo artículo". Incluso tenía ideas que contar. Esta es la causa de este blog, porque a diario me invade cierto afán por escribir aquello que pienso.  Pero normalmente, me pillan en situaciones donde no puedo pararme a escribir. Les sigo contando:

Por la mañana, en el trabajo, acerca de los 3 primeros artículos del blog, mantuve conversaciones muy interesantes con compañeros. Diálogos que hacen brotar nuevas opiniones, pero tal como vienen, se van. No puedes pararte a inmortalizarlo en papel, ni siquiera a repensarlas, la productividad está por encima de cualquier individualidad. Y a día de hoy, no me pagan por pensar.

Al mediodía, comí con prisas, con la intención de salir en bicicleta. Poco antes de las 16:00, ya iba rodando por la Avenida Andalucía. Y exactamente a las 16:10 me hallaba en la gasolinera de Fuente Olletas, encarando la primera rampa, destino: Fuente de la Reina. No crean que soy un neurótico del tiempo, y estoy mirando todo el rato el reloj. Es más, desde hace años no llevo reloj, me basto con el del móvil. Pero me gusta controlar el tiempo que empleo, para posteriores referencias, (manías).

Coroné el Puerto del León una hora y media después. Mucho tiempo, decepcionante, para alguien que lo llegó a hacer en una hora y 6 minutos. Eso sí, con 15 años menos, y por qué no decirlo también, con aproximadamente 20 kilos menos. Pero lo importante en estos casos, siempre me lo digo para mis adentros, es seguir diciendo que llego a la cima. (Mentira, me gustaría bajar de la hora).

Pues bien, durante mi periplo en bicicleta, oyendo la radio para hacer el camino más liviano, surgen de nuevo temas de los que hablar. Pero otra vez no puedo parar. No puedo romper el ritmo, y tampoco suelo llevar cuaderno y bolígrafo cuando salgo en bici. Pero me comprometí a escribir sobre un tema, que me reservo para otro día.

Luego, ya pasó lo que saben: llegué agotado, creo que con una ligera insolación. A pesar del malestar corporal, abrí el blog, pero era un escribir - borrar, que duró varios minutos. Opté por la opción más prudente, tumbarme y descansar, pues la presión en la cabeza era considerable.

A ocho días de mi viaje a Ronda en bicicleta, surgen algunas dudas. Pensaré para mi fe, que un mal día, lo tiene cualquiera... Y el del mes, ya me tocó ayer.