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La Morada del Unicornio

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Acerca de la filosofía

Es complicado, exponer en qué consiste el ejercicio filosófico en pocas palabras, y usualmente ocurre, que cuando me preguntan qué estudias y respondo: filosofía, aparece un ligero desconcierto en la cara de mi interrogador. Ese desconcierto inicial se traduce en una respuesta rápida y equivocada: ahh filosofía clásica, filosofía inglesa o los que creen saberlo todo: filosofía y letras. Pero me resulta interesante, la respuesta que se convierte en otra pregunta, muy incómoda: ¿para qué sirve eso?

Reconozco, que en muchas ocasiones he sido el primero en afirmar que no sirve para nada. Otras, he intentado explicar que trata varias ramas del conocimiento humano: Estética, Lógica, Metafísica, Ética o Teoría del conocimiento. Salvo excepciones, las explicaciones son breves, pues el pensamiento está reñido con la prisa. Y quiero salir en defensa de la filosofía, y para ello he de explayarme, algo más de lo que lo hago a menudo, cuando me preguntan: para qué sirve la filosofía...

La filosofía nació en Grecia como conocimiento desinteresado acerca de la realidad. Como su propia palabra indica, el filósofo, era y es, aquella persona que es amiga de la sabiduría, del saber. El hombre desde que es hombre, se ha preguntado por el porqué de las cosas, por el porqué de su existencia,... se pregunta porque es un ser racional que no se contenta con su existir, quiere saber por naturaleza. Conocimiento desinteresado porque es un ejercicio inútil, en el sentido de que el filosofar sólo busca el saber por saber.

Hoy en día, no logramos entender el concepto de saber por saber, tal como lo entendieron los primeros filósofos de la Antigüedad. Prima la productividad, la ciencia ha dado un nuevo giro en sus investigaciones, apoyada en la tecnología, y los avances están financiados por estados o multinacionales, que más que buscar respuestas a las preguntas que nos hacemos, son máquinas de hacer dinero. Muy pocos paramos a pensar qué estamos haciendo, a dónde vamos. Y para eso no hace falta estar matriculado en la licenciatura de filosofía, uno nace o se hace filósofo.

Curamos depresiones con pastillas, pasamos hambre para tener cuerpos ideales, y la filosofía se reduce a simples métodos de auto - ayuda. Y sobre eso, están llenas las librerías. Pero es en esto, en lo que no quiero convertir mi vida, y para ello necesito alejarme de mi habitabilidad. Proyectarme por encima de mis actos, examinar y examinarme, y actuar según mis propias convicciones. Mi día a día, no está escrito en ningún manual didáctico. Está lejos de guiarse con antidepresivos.

Hay que salir del círculo vicioso que la sociedad del bienestar ha tejido. Pensar por nosotros mismos. Que no piense la televisión por ti. Seamos autores de nuestra vida. Esto únicamente se logra haciendo uso del pensamiento. Haciendo uso del más desinteresado sentido del saber, el que sólo busca conocer.

 

Jugar a Dios

Parece increíble encontrar una buena noticia en tiempos de crisis. Pero hoy amanecían los medios de comunicación haciendo eco de uno de los avances científicos más destacados de los últimos meses: un niño será curado de una enfermedad hereditaria, anemia congénita severa, que le diagnosticaron al nacer, que le tiene preso a una máquina de respiración artificial. El milagro se debe a las células madre que tomarán del cordón umbilical del hermano que acaba de nacer. Y que le será transplantado a su hermano mayor, para la posterior cura. El hermano menor, vendrá al mundo por una fertilización artificial o in vitro, tratada con una manipulación eugenésica, apoyada naturalmente por los padres del mayor enfermo.

La cuestión crítica radica en el hecho, o mejor dicho, en la permisividad de los padres a un ejercicio muy discutido aún en nuestro país: la eugenesia. Desde mi punto de vista, y estudiado el caso, no hay razón para oponerse a la práctica realizada. Efectivamente, un ser vivo, humano, ha sido gestado con una manipulación genética, pero en cualquier caso analizable, para un buen fin, y con medios que no afectaban perjudicialmente a terceros.

El debate de la eugenesia está abierto desde principios de siglo pasado, cuando en EEUU intentaron acabar con la delincuencia y otros males de la sociedad, manipulando genéticamente a seres humanos. Respaldado bajo la creencia de que las personas que resultaban ser un peligro para el bienestar social, eran enfermas. Portadoras de unos genes que había que exterminar. Todas estas teorías vacuas, acabaron como ya sabemos en otras más fundamentadas por desgracia, en la Alemania nazi. Que lograron difundir y defender ideas tales como: limpieza étnica, raza aria,...

Cierto es, que la eugenesia se nos ha presentado como una seria promesa para tratamientos regenerativos. Lo sucedido hoy es un claro ejemplo. Andrés desde sus seís años, es incapaz aún de comprender que su hermano sea además de su nueva compañía, un avance científico de gran entidad. Donde la Ciencia y la Ética se han unido para una misma causa.

Pienso que todo lo que sea avanzar, abrazado a la ética, será beneficioso. Mientras no entre en juego la intención de la clonación en aras de la perfección de la especie, ni otras macabras intenciones que la mente humana pueda generar, estamos a salvo. Pues no necesitamos más dioses de los que ya hemos tenido. ¿O acaso estamos en disposición de hacer criaturas a la carta?

Por último, se habla de la clonación en animales en vía de extinción, u otros seres como el mamut, que desaparecieron hace miles de años. Salvar una especie que aún tenga constancia sobre la faz de La Tierra, no me parece tan descabellado. En cambio, sí me resulta inoportuno rescatar de las cenizas a especies que nos quedan ya tan lejos. Habría que preguntarse si soportarían el calentamiento global, y si quieren resucitar como objetos de museos expuestos en zoológicos.

Tengamos fe, y esperemos que el refranero popular yerre, en esta ocasión, y que no ocurra lo que suele suceder cuando se está jugando, (además con fuego). Que no venga el llanto después de la risa. Y sí, muchos años más, de onírica ignorancia. 

 

Vida-ficción

Si me preguntáis qué soy, y les respondo: soy ciudadano del mundo, no les mentiría. Si yo me lo preguntase, no saciaría mi sed de conocimiento. Pero realmente, soy lo que quieren significar esas palabras.

 

Escribo desde un lugar, en un tiempo, planeta Tierra. Que a su vez, está encuadrado en un topos más grande, una galaxia que se extiende hacia el infinito. O por lo menos, eso nos han contado.

Soy europeo, y además español.

Decir soy español, conlleva fijarse a su vez en un territorio fronterizo, dividido en comunidades autónomas.

Si siguiéramos minimizando este recorrido, estrechando el orden de las cosas, podría decirte que soy malagueño. Es decir, aparte de haber nacido en la comunidad andaluza, lo he hecho concretamente en la provincia de Málaga.

Pero estos datos, no echan abajo la proposición, “soy ciudadano del mundo”, a pesar de haber nacido y vivir en la capital de Málaga.

El zoom se amplía más, si te digo que vivo en la Avenida Santa Rosa de Lima, número 22, bloque 1, ático. Acabo de acotar, gracias al lenguaje, mi situación, fijándola en unos escasos 50 metros cuadrados.

Pero igual que te escribo desde un planeta, lo hago desde una ciudad, y más concretamente sentado en un sofá.

Quien me conozca, y haya visitado mi casa, rápidamente realizará una imagen mental de la estancia donde estoy, e incluso podrá juzgar si es o no, cómodo el sofá, si estuvo alguna vez sentado allí.

Si os digo que me llamo Juan José Castillo Cuesta, me etiqueto. Ya no me sitúo únicamente en el mundo, me nombro como sujeto y objeto de éste. Me inserto en la realidad con una biografía a mis espaldas. Además, con unas responsabilidades, habilidades, características,… que serán, más o menos conocidas, para quien le diga algo esas cuatro palabras que forman mi nombre y apellidos.

Probablemente no soy el único Juan José Castillo Cuesta que existe. No me refiero a la existencia de un doble, insinúo que podría darse el caso de existir una o más etiquetas idénticas. Pero en mi cosmos, ese cartel designa a quien les escribe.

El lenguaje, aparte de facilitar la comunicación, crea conceptos que intentan explicarnos la realidad. Pero nos topamos con el sin-sentido de lo real, por eso hemos de buscar en la ficción. En ella, construimos unas bases ideológicas, le otorgamos un sentido a lo que creamos. Debemos proclamarnos autores de nuestra vida. Hacer de la vida una obra de arte, nuestra obra.

No podríamos vivir sin estar sujetos a un sentido. Hallarnos en el sin-sentido nos quema el alma, y emergen conceptos tan crudos como la angustia o el de estar–arrojados-ahí heideggeriano. Todos ellos de índole existencial.

La religión explica la realidad, Dios se convierte en el apoyo necesario para explicar lo que ni siquiera las palabras pueden decir. Dan sentido a la realidad que no goza de tal. Dios es la mayor ficción que el hombre ha creado.

La ciencia, ha pretendido ser la panacea, queriendo curar de la enfermedad existencial al hombre.

La lógica, presume de representar mediante signos la realidad. Pero no deja de ser una ficción, dotada de sentido, pero que no consigue responder las dudas metafísicas.

Fue el hombre quien encumbró al hombre, promulgando la muerte de Dios, en un feroz antropocentrismo que culminaría en la coronación del humanismo. Ahora nos avisan de la muerte de éste, corta vida para el ego humano, que vivió su momento de gloria en los idealismos. Y agoniza presa del consumismo atroz.