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La Morada del Unicornio

Puerto del León

Reconozco que me estoy haciendo mayor, les cuento...

Abrí este nuevo espacio para plasmar en forma de diario algunas opiniones. Pero ya ven, al cuarto día me traiciono. No tenía fuerzas para escribir...

Me llegué a poner delante del ordenador, como los días precedentes, con el blog abierto en "escribir nuevo artículo". Incluso tenía ideas que contar. Esta es la causa de este blog, porque a diario me invade cierto afán por escribir aquello que pienso.  Pero normalmente, me pillan en situaciones donde no puedo pararme a escribir. Les sigo contando:

Por la mañana, en el trabajo, acerca de los 3 primeros artículos del blog, mantuve conversaciones muy interesantes con compañeros. Diálogos que hacen brotar nuevas opiniones, pero tal como vienen, se van. No puedes pararte a inmortalizarlo en papel, ni siquiera a repensarlas, la productividad está por encima de cualquier individualidad. Y a día de hoy, no me pagan por pensar.

Al mediodía, comí con prisas, con la intención de salir en bicicleta. Poco antes de las 16:00, ya iba rodando por la Avenida Andalucía. Y exactamente a las 16:10 me hallaba en la gasolinera de Fuente Olletas, encarando la primera rampa, destino: Fuente de la Reina. No crean que soy un neurótico del tiempo, y estoy mirando todo el rato el reloj. Es más, desde hace años no llevo reloj, me basto con el del móvil. Pero me gusta controlar el tiempo que empleo, para posteriores referencias, (manías).

Coroné el Puerto del León una hora y media después. Mucho tiempo, decepcionante, para alguien que lo llegó a hacer en una hora y 6 minutos. Eso sí, con 15 años menos, y por qué no decirlo también, con aproximadamente 20 kilos menos. Pero lo importante en estos casos, siempre me lo digo para mis adentros, es seguir diciendo que llego a la cima. (Mentira, me gustaría bajar de la hora).

Pues bien, durante mi periplo en bicicleta, oyendo la radio para hacer el camino más liviano, surgen de nuevo temas de los que hablar. Pero otra vez no puedo parar. No puedo romper el ritmo, y tampoco suelo llevar cuaderno y bolígrafo cuando salgo en bici. Pero me comprometí a escribir sobre un tema, que me reservo para otro día.

Luego, ya pasó lo que saben: llegué agotado, creo que con una ligera insolación. A pesar del malestar corporal, abrí el blog, pero era un escribir - borrar, que duró varios minutos. Opté por la opción más prudente, tumbarme y descansar, pues la presión en la cabeza era considerable.

A ocho días de mi viaje a Ronda en bicicleta, surgen algunas dudas. Pensaré para mi fe, que un mal día, lo tiene cualquiera... Y el del mes, ya me tocó ayer.

 

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