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La Morada del Unicornio

Crónica de un sufrimiento anunciado

Crónica de un sufrimiento anunciado

08:00 de la mañana del sábado 25 de octubre de 2008. No suena el despertador, minutos antes de que lo haga, lo apago. Me desvelé a las 06:00 de la mañana, la explicación es que me acosté temprano, y llevaba toda la semana levantándome a esa hora para ir al trabajo.

Desayuno con tiempo. Reviso la bicicleta: le meto más presión a las ruedas, la engraso, y limpio un poco, ha de tener buena presencia, es un gran día. Me visto, y salgo a la hora estimada.

A las 09:05 partimos desde la Avenida Europa. La ruta es la acordada: Atravesamos el Polígono Santa Bárbara y el Polígono Guadalhorce, para evitar la transitada Carretera de Cádiz. Nos desviamos por el aeropuerto, para tomar la carretera de Zapata, y salir a un cruce que tomamos dirección Alhaurín de la Torre. Llegados a este punto, vamos rumbo a Coín, por una tranquila carretera.

Las 10:05, todo en perfecto orden: 20 kilómetros recorridos, y no aparece ningún ápice de fatiga. El cielo despejado, pero se divisan nubes a lo lejos, en la dirección en la que debemos ir.

Pasado Coín, continuamos hacia Alozaina. Cada vez hay más nubes, que amenazan con mojarnos en los futuros kilómetros.

La situación era algo así como en la novela de El señor de los anillos. Cuando Frodo y sus amigos van a Mordor, para destruir el anillo. Era algo parecido, cada vez que avanzábamos, más negro y amenazante se veía el cielo.  La oscuridad en la distancia, era a la vez, la parte más dura del camino.

Después de Alozaina, donde hicimos una parada para llenar los botes de agua, llegó Yunquera. Debo decir, que desde la gasolinera de Alozaina, a 44 kilómetros de Ronda, hasta 11 kilómetros de nuestro destino, todo el recorrido se iría empinando, salvo en tramos de falso llano.

Comenzaba a notar la carga de kilómetros. Pero todo parecía ir bien, y el Puerto de las abejas de 840 metros de altitud, no se presentó como un gran escollo.

A las 13:30 llegamos a El Burgo, estábamos a 25 kilómetros de nuestra meta. Nos hicimos una pregunta: comer allí, o en Ronda. Decidimos que lo más sensato, era parar y comer. Coger fuerza para el último tirón.

No sé qué hubiese pasado si no hubiésemos parado, pero sé lo que pasó parando.

Pues lo dicho, detuvimos nuestro trayecto, en el Bar El Yoni. Pedimos dos primeros platos, para no ir muy pesados, y no demorarnos mucho: sopa de picadillo y ensaladilla rusa, que recordaré durante tiempo, (sabrosísima).

Cerca de las 15:00, retomamos el camino. Desde hacía unos kilómetros, el cielo mostraba muchos claros. Pero a mí todo se me empezó a nublar, cuando comenzamos a ascender el Puerto del viento (1190 metros de altitud).

No sé cómo calificar a mi personal pájara… primero comencé a notar una fuerte presión en el estómago, que me dificultó la respiración. Posteriormente, las piernas, sin previo aviso, quedaron a merced de su suerte... No me quedaba desarrollo más liviano para avanzar. Pero iba consiguiendo restar metros, aunque fuese a 6-7 kilómetros hora, como llegué a ver en algún momento, en el cuentakilómetros.

Mientras, mi amigo ascendía con constancia, y se alejaba hasta perderle el rastro. Sin su rueda, se hacía más dura la odisea. Y es cuando aún quedan fuerzas para razonar, y comprender que la batalla que estás emprendiendo con tu cuerpo, sólo puedes ganarla con sentido común.

Así fue, comprendí como en otras ocasiones, en las que me había visitado este tipo de desfallecimiento, que aparte de parar, se puede continuar imponiendo un ritmo constante. No hay milagros, pero fui llegando poco a poco, hasta divisar a lo lejos el indicador marrón que me anunciaba la coronación del puerto.

Llegamos a Ronda a las 16:30. Los últimos 11 kilómetros, eran un continuado descenso, con unas vistas que disfruté lo que no había hecho los 14 kilómetros anteriores.

La sensación que te queda al traspasar el letrero: “Ronda, la ciudad soñada”, vale la pena experimentarla.  Cualquier sobreesfuerzo anterior, se veía recompensado.

Miré el cuentakilómetros, y mi orgullo me hizo olvidar las doloridas piernas: 107 kilómetros completados, en 5 horas y 50 minutos sobre la bici. Con una velocidad media de 18, 15 kilómetros a la hora y, alcanzando una velocidad máxima de 68,45 kilómetros por hora.

Todo esto, como diría mi compañero de ruta, en plan marica.

 

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