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La Morada del Unicornio

MÁLAGA - GRANADA (136 KILÓMETROS)

MÁLAGA - GRANADA (136 KILÓMETROS)

Sí, ya sé que pensarán que estamos locos. Pero mi compañero de rutas cicloturistas y yo, decidimos después de nuestra hazaña de Ronda, ir a Granada. Un reto más exigente, y que necesita más preparación, por eso aún no sabemos con certeza, la fecha de la gesta.

Poder, es querer, no lo olvidéis. Aquí os dejo la altigrafía, por si os animáis a venir con nosotros. Y un enlace con mi otro blog, para verla desde otra perspectiva. Un saludo.

Enlace: http://la-morada-del-unicornio.tublog.es/archives/2008/11/12/m-laga-granada

PIPO

PIPO

Éste es Pipo. El nuevo componente de nuestra familia. Lo adopté de la protectora de animales de Torremolinos, Parque Animal, el pasado Viernes.

Pese a su juventud, y fama de arisco que tienen los gatos… se ha adaptado muy bien. Es muy cariñoso, siempre anda buscándonos, para que le demos juego y mimos. Le encanta quedarse dormido en nuestro regazo. Qué os voy a decir, se nos cae la baba con nuestro nuevo inquilino.

Bienvenido a nuestro hogar, Pipo.

Re - encuentro

Supongo, que tendría que haberte pedido permiso para acercarme. Y, no sólo me aproximé sin previo aviso, te acaparé, sin saber qué pensabas…

Recuerdo, que la última vez que nos vimos, fue una cálida noche de verano. Tres meses atrás…

Reconozco, que no pensé más de dos días en ti. Excediéndome por tu olvido, más de noventa largos días. Me habrás repudiado por ello. Maldecido, e incluso cantado en tu soledad, aquella canción de Silvio Rodríguez, Ya no te espero, que juntos compartíamos los días tristes.

No te pregunté, si pasabas calor allá en tu destierro. O quizás frío, ahora que te vuelvo a encontrar. Simplemente, me tomé la libertad de volver a abrazarte, sin saber qué respuesta obtendría. Guiado por la inconsciencia, desnuda de sentimiento alguno.

Era lógico, pasado el tiempo, y tras el primer contacto que tuvimos, te mostrabas indiferente. Reacia a mis caricias. Muda y esquiva… te intenté contar cosas, ya narradas. Conocidas por los dos. Anécdotas del pasado, que no supe interpretar, pese a tu buena disposición.

Mi timidez tras la caricia, se truncó en torpeza desmedida y, tristemente percibí, cómo tu voz sonaba desigual.

Al fin, aprecié tu queja en forma de desafino estructural. Había crecido mucho polvo sobre tu piel. Injustamente confinada al abandono, desaliñada, parecías más abatida…

Sentí entonces, atravesar la culpa en mí, a pesar de continuar acariciándote. Noté la lejanía, el tiempo que compartíamos se quebró,… supe que tendría que reconquistarte, sobre el abismo creado.

Te limpié el polvo, te afiné, y pacientemente, entre arrumacos y rasguños, fuimos compartiendo notas, empatizando en nuestro juego. Como antaño, cuando tu tiempo era el mío, y viceversa.

Conócete a tí mismo

Conócete a tí mismo

La célebre cita socrática: conócete a ti mismo, fue una de las razones, por las que me volqué sobre el estudio de la filosofía.

Pero, ¿es posible llegar a conocerse? Reconozco que a veces me sorprendo de mí mismo. Otras, la opinión de alguien, me han hecho cambiar la visión que tenía de una realidad concreta. Y creo que estamos braceando en una dialéctica vital, en la que hoy lo que se presenta como una verdad irrefutable, mañana se exhibe como falsable.

 

Además de ser un lánguido y tímido adolescente, que gustaba de jugar al fútbol, y salir con sus amigos…tuve la mala costumbre de pensar…

Tenía por dentro muchas inquietudes. Me superaban las dudas, que me hacían sentir en ocasiones un bicho raro.

Hoy en día, juzgo esta época vital como crucial en mi formación. Hasta aquella fecha, había abierto mis sentidos a lo externo. Había sembrado múltiples cuestiones, que comenzaban a enraizar en mí. Pero como en todo huerto, surgieron brotes rebeldes, que más que ayudar, desestabilizaban cualquier principio.

Me abrí al mundo, dejé abierto el mío, y evolucioné con las nuevas tecnologías. Sin tener apenas tiempo para mí, iba y sigo creciendo…

Gozaba de una libertad engañosa. Por una parte, seguía con mis rarezas: escribía mis preocupaciones, aprendía a tocar la guitarra, leía además de novelas, libros de filosofía, oía cantautores…

Actividades poco habituales, pensarán… pero mi círculo de amistades, almas comunes, tenían otras preferencias, las normales de la edad.

Quizás debí ser más asceta, haber interiorizado más, no haberme dejado llevar por la fuerza del grupo. Pero no contaría con la experiencia que poseo, y les cuento.

Y tampoco creo que sea tan importante conocerse, cuando he tenido siempre, la suerte de rodearme de gente que me ha ido diciendo como soy. Aunque, en ocasiones, no nos guste oír cómo somos…

Mi retiro

Mi retiro

Se levanta el día gris, vuelve a llover sobre mojado. Y yo aquí, en el mustio aeropuerto, inserto en la afligida ciudad, trabajando otro melancólico domingo.

Recuerdo que me asaltó el deseo de escapar. Dejar mi labor, todo deber y huir a mi retiro. Oler la tierra mojada. Recogerme frente a la chimenea, e impregnarme del hedor a leña quemada.

Pasear sin rumbo, pensar sin tiempo, descansar sin descanso.

Respirar el aire que baja de la sierra, y no la asfixiada atmósfera de queroseno. Oír el trino de pájaros, el viento golpear los árboles, el silencio de la huerta…

Pero hoy, tocaba bregar con los aviones y su tremendo murmullo. Con la prisa capitalista…

Quedaba lejos mi deseo, sólo palpable, tímidamente, en mi imaginación.

Amor propio

Amor propio

Partimos del sujeto. De la subjetividad humana que se crea al pensar. Me remonto pues, al nacimiento de la filosofía moderna. Al yo sustancia pensante (res cogitans).  Me imagino al Descartes de las Meditaciones. Dudando de todo, frotándose sus manos frías, metido en su bata, mientras se mece en una butaca, frente a una chimenea.  

Dudando de todo, excepto del ejercicio de la duda. 

Desde este instante, el sujeto humano, cae rendido a las redes de su propio ego.  

Será capaz de poner en análisis, su invención. El objeto ya no serán sólo las cosas físicas de la naturaleza. Creará otras ciencias, llamadas del espíritu: psicología, hermenéutica, historia, sociología, etc. Para estudiarse a sí mismo. Con lo que tenemos que los sujetos, pasan a ser objetos de análisis, para ellos mismos.

Ya no es Dios quien me da respuestas. En su lugar, el hombre se ha alzado, divinizado por un humanismo que promete dar las respuestas que Dios no ha satisfecho.

 

Pero no todo se reduce a un conócete a ti mismo, que tanto ha promulgado la filosofía, a lo largo de la historia. Tampoco se subyuga la labor humana, al conocer utilitarista, poniendo como herramienta de investigación a sus semejantes. ¡Qué triste sería la vida, si sólo utilizáramos la inteligencia al servicio de la Razón! Si no nos dejáramos empujar, en ocasiones por impulsos ciegos de racionalidad…

Imaginemos que salgo de mí, para ponerme en el lugar del otro, (empatía). Provoco un acto de des-personalización. Que a mi humilde entender, siempre será en sentido positivo, pues mi abandono, es ganancia de objetividad.

Se produce una introyección. Por tanto, hago míos, unos procesos mentales que no son propios de mi subjetividad.

La pérdida de subjetividad, es entendida consecuentemente, como un ingreso de perspectiva. Una pluralidad de conocimiento del medio, que siempre será efectiva.

Pero normalmente, las vivencias, de uno mismo, inyectadas en las normas de la sociedad, conducidas por la inconsciencia del hábito, son creadoras de sujetos. Permanecemos herméticamente cerrados al resto de sujetos. Empobrecemos nuestro horizonte, en una especie de solipsismo, en el que entendemos que nuestro mundo y nuestras circunstancias, son el mundo y circunstancias ajenas.

Esto se ve mejor, cuando tratamos con el amor: para dar amor, debo tener. Y eso sólo lo consigo, si antes he abierto mi individualidad al mundo. Si he conducido mi voluntad al conocimiento de los otros. Siempre me gusta recordarme que dar es recibir, porque son de esas sentencias, que no sólo son prácticas por su connotación simpática, sino que cuando realmente la pones en práctica, logras entender todo su alcance.

De este modo, si se cumple como profetizaron los estructuralistas,  la muerte del sujeto… ¿qué quedará de nosotros?  ¡Déjennos vivir con la ficción, no rompan nuestro sueño! Son muchos años de constructo humano, para que ahora nos vengan a decir, que estamos arrojados al mundo, desnudos de yo. Sólo hicimos de nuestro amor propio, un soporte vital.

Hay quien no ha digerido aún la muerte de Dios… ¿cómo desentrañar que el yo es otra ficción?

 

Superhombres

Superhombres

Hay filósofos de primera línea, filósofos que perviven, resumidos en una proposición. Una cita que los alza a la celebridad, a la eternidad del tiempo.

Si te digo Descartes, se nos alumbra el cogito, ergo sum. Si nombro a Ortega y Gasset, su Yo, soy yo y mis circunstancias. Del genial Nietzsche, recordamos injustamente, su aversión a las mujeres, o su manipulada influencia sobre el nazismo. Etc.

Luego, hay otros filósofos que están en una segunda línea. Al alcance de mentes más cosechadas en la materia. Caso de filósofos de la talla de Sartre, Kierkegaard o Derridà, por ejemplo.

Seguimos con esta taxonomía, y nos vamos alejando de la popularidad. Habría que visitar libros más doctos en filosofía, con una arqueología más profunda, para encontrar nombres que significaron una revolución en su tiempo, y han ido convirtiéndose en ruinas ideales. Sólo los eruditos de la filosofía, llegan a comprender el por qué del alzamiento de esos grandes nombres: detrás de un Hegel, encontramos unos acontecimientos históricos en la edad moderna, una revolución científica, otros pensadores precedentes que le forjan la vía de su pensamiento. En definitiva, el idealismo absoluto de Hegel, necesitaba el subjetivismo cartesiano y el idealismo trascendental de Kant, como éste requirió del aristotelismo, etc.

Me he referido a filósofos. Podría haber mencionado políticos, científicos o santidades. Es igual, quise significar en toda esta palabrería, el sentimiento de masa que podamos tener en cierta ocasión.

¿Quién no se ha sentido alguna vez como un grano de arroz, o como un insignificante eslabón de una gigantesca cadena, que se mueve con un impulso ciego, que no sabemos a dónde va, o de dónde viene?

Con tanto utilitarismo, la sociedad no se cansa de recordarnos que somos sustituibles, que somos mercancía para el favor de otros, y que todo es relativo. O como bien decía la canción, depende, de según como se mire… todo depende.

Pues estas grandes celebridades, son o serán refutadas por otras mentes postreras. Y así, avanza esta cosa que llamamos existencia.  Con  rebaños donde destaca un pastor, dentro de una humanidad, donde se recalcan singularidades a las que llamamos genios.

 

Crónica de un sufrimiento anunciado

Crónica de un sufrimiento anunciado

08:00 de la mañana del sábado 25 de octubre de 2008. No suena el despertador, minutos antes de que lo haga, lo apago. Me desvelé a las 06:00 de la mañana, la explicación es que me acosté temprano, y llevaba toda la semana levantándome a esa hora para ir al trabajo.

Desayuno con tiempo. Reviso la bicicleta: le meto más presión a las ruedas, la engraso, y limpio un poco, ha de tener buena presencia, es un gran día. Me visto, y salgo a la hora estimada.

A las 09:05 partimos desde la Avenida Europa. La ruta es la acordada: Atravesamos el Polígono Santa Bárbara y el Polígono Guadalhorce, para evitar la transitada Carretera de Cádiz. Nos desviamos por el aeropuerto, para tomar la carretera de Zapata, y salir a un cruce que tomamos dirección Alhaurín de la Torre. Llegados a este punto, vamos rumbo a Coín, por una tranquila carretera.

Las 10:05, todo en perfecto orden: 20 kilómetros recorridos, y no aparece ningún ápice de fatiga. El cielo despejado, pero se divisan nubes a lo lejos, en la dirección en la que debemos ir.

Pasado Coín, continuamos hacia Alozaina. Cada vez hay más nubes, que amenazan con mojarnos en los futuros kilómetros.

La situación era algo así como en la novela de El señor de los anillos. Cuando Frodo y sus amigos van a Mordor, para destruir el anillo. Era algo parecido, cada vez que avanzábamos, más negro y amenazante se veía el cielo.  La oscuridad en la distancia, era a la vez, la parte más dura del camino.

Después de Alozaina, donde hicimos una parada para llenar los botes de agua, llegó Yunquera. Debo decir, que desde la gasolinera de Alozaina, a 44 kilómetros de Ronda, hasta 11 kilómetros de nuestro destino, todo el recorrido se iría empinando, salvo en tramos de falso llano.

Comenzaba a notar la carga de kilómetros. Pero todo parecía ir bien, y el Puerto de las abejas de 840 metros de altitud, no se presentó como un gran escollo.

A las 13:30 llegamos a El Burgo, estábamos a 25 kilómetros de nuestra meta. Nos hicimos una pregunta: comer allí, o en Ronda. Decidimos que lo más sensato, era parar y comer. Coger fuerza para el último tirón.

No sé qué hubiese pasado si no hubiésemos parado, pero sé lo que pasó parando.

Pues lo dicho, detuvimos nuestro trayecto, en el Bar El Yoni. Pedimos dos primeros platos, para no ir muy pesados, y no demorarnos mucho: sopa de picadillo y ensaladilla rusa, que recordaré durante tiempo, (sabrosísima).

Cerca de las 15:00, retomamos el camino. Desde hacía unos kilómetros, el cielo mostraba muchos claros. Pero a mí todo se me empezó a nublar, cuando comenzamos a ascender el Puerto del viento (1190 metros de altitud).

No sé cómo calificar a mi personal pájara… primero comencé a notar una fuerte presión en el estómago, que me dificultó la respiración. Posteriormente, las piernas, sin previo aviso, quedaron a merced de su suerte... No me quedaba desarrollo más liviano para avanzar. Pero iba consiguiendo restar metros, aunque fuese a 6-7 kilómetros hora, como llegué a ver en algún momento, en el cuentakilómetros.

Mientras, mi amigo ascendía con constancia, y se alejaba hasta perderle el rastro. Sin su rueda, se hacía más dura la odisea. Y es cuando aún quedan fuerzas para razonar, y comprender que la batalla que estás emprendiendo con tu cuerpo, sólo puedes ganarla con sentido común.

Así fue, comprendí como en otras ocasiones, en las que me había visitado este tipo de desfallecimiento, que aparte de parar, se puede continuar imponiendo un ritmo constante. No hay milagros, pero fui llegando poco a poco, hasta divisar a lo lejos el indicador marrón que me anunciaba la coronación del puerto.

Llegamos a Ronda a las 16:30. Los últimos 11 kilómetros, eran un continuado descenso, con unas vistas que disfruté lo que no había hecho los 14 kilómetros anteriores.

La sensación que te queda al traspasar el letrero: “Ronda, la ciudad soñada”, vale la pena experimentarla.  Cualquier sobreesfuerzo anterior, se veía recompensado.

Miré el cuentakilómetros, y mi orgullo me hizo olvidar las doloridas piernas: 107 kilómetros completados, en 5 horas y 50 minutos sobre la bici. Con una velocidad media de 18, 15 kilómetros a la hora y, alcanzando una velocidad máxima de 68,45 kilómetros por hora.

Todo esto, como diría mi compañero de ruta, en plan marica.