Re - encuentro
Supongo, que tendría que haberte pedido permiso para acercarme. Y, no sólo me aproximé sin previo aviso, te acaparé, sin saber qué pensabas…
Recuerdo, que la última vez que nos vimos, fue una cálida noche de verano. Tres meses atrás…
Reconozco, que no pensé más de dos días en ti. Excediéndome por tu olvido, más de noventa largos días. Me habrás repudiado por ello. Maldecido, e incluso cantado en tu soledad, aquella canción de Silvio Rodríguez, Ya no te espero, que juntos compartíamos los días tristes.
No te pregunté, si pasabas calor allá en tu destierro. O quizás frío, ahora que te vuelvo a encontrar. Simplemente, me tomé la libertad de volver a abrazarte, sin saber qué respuesta obtendría. Guiado por la inconsciencia, desnuda de sentimiento alguno.
Era lógico, pasado el tiempo, y tras el primer contacto que tuvimos, te mostrabas indiferente. Reacia a mis caricias. Muda y esquiva… te intenté contar cosas, ya narradas. Conocidas por los dos. Anécdotas del pasado, que no supe interpretar, pese a tu buena disposición.
Mi timidez tras la caricia, se truncó en torpeza desmedida y, tristemente percibí, cómo tu voz sonaba desigual.
Al fin, aprecié tu queja en forma de desafino estructural. Había crecido mucho polvo sobre tu piel. Injustamente confinada al abandono, desaliñada, parecías más abatida…
Sentí entonces, atravesar la culpa en mí, a pesar de continuar acariciándote. Noté la lejanía, el tiempo que compartíamos se quebró,… supe que tendría que reconquistarte, sobre el abismo creado.
Te limpié el polvo, te afiné, y pacientemente, entre arrumacos y rasguños, fuimos compartiendo notas, empatizando en nuestro juego. Como antaño, cuando tu tiempo era el mío, y viceversa.
0 comentarios