La extraña pareja
El aire no era aire, la quietud del momento no dejaba cabida ni tan siquiera a una ligera brisa, pero yo seguía sintiendo un viento frío que se aceleraba a impulsos por mí... a cada mirada cálida que me regalabas aquella noche.
Aquella noche no había gatos negros por las calles, aquella noche la luna no había salido; Aquella noche, estábamos tú y yo, frente a frente. Tu alegría desmesurada maquillada por la pena ocasional y, mi seriedad acostumbrada, tan monótona y cansina para mi razón. Tu cabellera negra, tu piel rojiza por los rayos de sol que ese día habías tomado en la playa, y el silencio de tu rostro, te hacían atípica para mis ojos... estabas tan distinta aquella noche, únicamente te conocía por el olor a jazmín de tu perfume, y el vestido que meses antes te regalé por tu cumpleaños.
A la mañana siguiente, volvió a salir el sol, como todos los días. Era la hora de prepararlo todo, nuestro viaje estaba a punto de cuajar, y el cosquilleo desenfrenado de nerviosismo me hacía presa. Ni era la primera vez que viajaba, ni sería la última, pero eso daba igual. Aquel viaje era especial, era una prueba de fuego a nuestra relación.
Esperé cinco minutos más, y no llegabas... hora y media después de la hora acordada, abandoné el lugar. Derrotado, vagué por las mismas calles por las cuales un par de horas antes, había transitado, ... pero qué diferente fue mi ir a mi venir. Cabizbajo y hundido, mientras me recordaba con la sonrisa permanente, la que daba brillo a mi inexpresiva tez, mientras me acercaba al lugar de encuentro, a la parada de autobús que nos llevaría al aeropuerto. Portaba la maleta con pasos firmes, decidido, maquinando situaciones, conversaciones que ya nunca se darían. Llegué a la parada, unos minutos antes de la hora fijada... y la cita empezó a demorarse, no venías, no dabas señal de vida, no querías contestarme al teléfono. Hasta que una inútil esperanza que anidaba en la paciencia que no tenía para otras cosas de la vida, se fue derrumbando, a pesar de que mi impaciencia rebozaba amor, ya no pude aguantar más. No me importaba esperarla todo el día, mas sabía que no vendrías. Una nítida imagen sobrevoló mi conciencia desbordando un arrecife de coherencia y arrastrando con ella la más dolorosa decepción... Me apareció tu rostro inmaculado, al que no era capaz de soportarle una mirada, el que me aceleraba las pulsaciones y me hacía entrar en un estado de anonadamiento crónico.
Pero aquella noche, tu cara no había sido esta que imaginaba en ese instante, era seria y distante, conocías bien que yo nunca te replicaría, que estaba lo suficientemente enamorado de tí como para tragar todos los desplantes que me hicieses. Tu cara era extraña a mí, una extranjera que se colaba para descolocarme aún más, ¡cómo si tu sola presencia no me descuadrara! Y eso me hizo sospechar que no habría viaje en el momento que nos despedimos, pero no quería verlo... cómo querer percibir aquello que me doliese, si la mentira satisfacía todo lo que ansiaba en aquel anochecer. Si con ella me emborrachaba de optimismo, sin temer a la verdad, a sabiendas que me dañaría como una cruel resaca de un violento despertar.
Aquella noche, no podía anular ese efímero deseo que tuve de compartir vivencia nuevas a tu lado, lejos de nuestras casas, de nuestro mundo. Conociendo lugares nuevos, costumbres ajenas, archivadas en fotos para la posterioridad.
Aquella noche, tus labios sellados, sin invitación a la sonrisa dejaban en claro que tus planes no eran los míos. Aunque para mi sentimiento la traducción fuese distinta. Ya ves, la guerra acababa de comenzar, los ejércitos dispuestos a la barbarie, y la paz de mi alma no hallaba cercanía. El corazón, sabía que resistiría las ofensivas que mi intelecto le lanzara, el tiempo no lo conocía, cómo conocerlo... al igual que ignoraba si firmarían tregua, o las lágrimas se harían más incesantes y sentidas a cada asalto...
Sólo sabía con certeza lo que sucedía: que no alcanzaba a predecir el futuro inmediato, pero lo imaginaba, y quería hacerme creer que eso no sucedería. Que la mochila pesaba más, mis pasos eran más cortos, más estartalados, y el dolor emocional se potenciaba con la tortura de la meditación interna que me albergaba. Y que visitaba a cada instante el más oscuro laberinto de pensamientos, cuando la idea se hizo escasa y dañina.
Me mantenía en pie la inercia de los pasos aprendidos antaño, pues mis sentimientos se volcaban en buscar el equilibrio lógico a tan bochornoso desenlace. La rendición de la mente sería costosa, la mentira fácil no me engañaría, ya se encargaría mi corazón de recordarme que estoy enamorado de ella, cuando quisiese mentirme, haciéndome creer que nunca la quise o nunca me mereció.
Y la batalla final tuvo su fecha. Conseguí hablar con ella por teléfono, fría y distante, logrando de ella una cita... una cita para mi entierro.Y así sucedería que, la misma mujer capaz de elevarme a un trono místico, de introducirme en un cuento de príncipes, princesas, castillos, brujas, ...sorteando mi imaginación por la fantasía más soñada e imposible, también fuese capaz de procurarme el castigo de la indiferencia, de la dejadez, y hasta consiguió humillarme para sentirse querida, para inflar su ego a costa del mío.
No le guardé rencor, pasaron los días, y llegaron los meses... Seguía pensando en ella, y es curioso... la veía más hermosa, radiante, más deseada que antes. Me prohibí el llamarla o buscarla, pero como toda prohibición, me incitó al deseo... y allí estaba yo tarde tras tarde visitando todos los sitios que frecuentaba o imaginaba que podía visitar, haciéndome el fuerte, haciéndome el sucio... pero era verla y perder toda energía, para volver a ser su criado. Saludarla con la boca de oreja a oreja, sudando de nervios, y tartamudeando un simple hola y adiós...
Así sigo hoy, esperando que algún día decida venir a mí, y disculparse, y pedirme que volvamos. Aunque sé que también volvería con ella, aun si olvida una disculpa. Qué le voy a hacer, si la veo pasar y provoca un terremoto de sensaciones en mí... ¿Acaso yo elijo el enamorarme o no?...
"La noche debilita los corazones
noches de funeral, de vino y rosas...
brindemos por el amor y sus fracasos
quizás podamos escoger nuestra derrota...
El sol limpia las calles, la memoria
feroces pasiones atenúa
invéntate el final de cada historia
que el amor es eterno mientras dura"
(Ismael Serrano)
1 comentario
alicia -