Impotencia
¡OH cielos, qué habrá escondido detrás de esa enorme cortina, … mis ojos ansiosos por hallar una resolución a todas las cosas, las cuales me veo sin argumento, te miran anhelantes por encontrar una verdad a todas ellas!.
Tan sólo, soy un ser que tratando de mejorar día a día, me veo postergado a ser todo lo contrario de lo que mi corazón me anhela. No sé, quizá sea mi propio destino el que me aleja cada vez más de mis propósitos, no sé muy bien a qué atenerme todo es alejamiento.
Cuando mis esperanzas estaban depositadas al otro lado del Mar Mediterráneo, sufría en el tedio oscuro del deseo ilusorio. El pensar que un día, por fin pudiera pisar tierras de la deseada Iberia, (el pasaporte, al menos pensaba yo, al fin de todas mis calamidades tanto económicas, como también a mi propia realización como persona).
Cuando por fin llegó la oportunidad de zarpar aquella inhóspita embarcación, significaba para mí, la propia salvación: ¡OH Dios, cuan equivocado estaba!. La Madre Naturaleza nos hizo una recepción bastante agradable, nos recibió del otro lado con un día tan hermoso como la propia vida. Pero…
… Ya pisaba suelo ibérico y yo sin estar muy seguro de cómo, pero estaba dispuesto a seguir los pasos de mis ancestrales: ¡Quería luchar, quería conquistar, quería conseguir e incluso estaba dispuesto a sacrificarme a mí mismo en nombre del éxito!. Pero pronto, aprendería que los sueños son como un extraño dios que tratan de mantener viva las esperanzas, mientras otro mucho más maligno trata de amargarnos los dulces sueños, (esta es la diosa realidad)…
“Y fuiste un difícil comienzo, además de la realidad que desconozco. Y quien viene de otro sueño feliz de ciudad, aprende deprisa a llamarlo realidad, porque es el reverso del revés. Del pueblo oprimido en las villas, o en las colas de las chabolas.
De la fuerza del dinero que hace y destruye cosas bellas”.
Caetano Veloso, (fragmento extraído de Sampa).
Creí que los ojos de ese lado no eran tan devoradores, al mismo tiempo tan acusadores, (te juzgan de tal o cual manera, según lo que aparentes), todos te miran, todos te culpan por algo. Y yo que sólo busco un trozo de algo donde agarrarme como si fuera mi último aliento, mi último recurso para poner fin a mi propia miseria.
No sabía contestar a ciencia cierta si estaba siendo rechazado o solamente se trataba de la propia crueldad de la vida, donde todos luchan contra todos por realizarse como ser. Pero efectivamente, era consciente de que mi condición como persona se veía desvalorada. Pues a partir del momento que pisé tierra española nadie me nombró por mi verdadero nombre, más bien me decían: moro, muerto de hambre, negro, … incluso con desprecio me exclamaban: ¡Vuelve a tu país!. Y yo me preguntaba: ¿De qué podemos presumir nosotros los humanos?,… ¿Es verdadero el supuesto hermanamiento de los pueblos?,…
… ¿Acaso es mentira que un hombre o un determinado grupo de hombres, rechaza a otros por no tener o por no reunir las condiciones que ellos imponen como necesarias para pertenecer o frecuentar su entorno? … Ser blanco o negro, cristiano, budista o musulmán, ser guapo, ser hombre o ser mujer. Son condiciones que determinan o limitan a los seres, no vale con reunir los requisitos de persona. ¡No, amigo mío, ser persona es lo de menos, hay que ser algo más que esto, en una sociedad clasicista!.
Nuestra sociedad ha evolucionado, pero cada cual de acuerdo a sus conveniencias.
Yo cuando crucé el estrecho anhelaba el oro y el moro, (como dicen los españoles), pero ahora sólo deseo una mirada amiga, unas pequeñas palabras amistosas que pudieran devolverme mi optimismo y mis ganas de vivir. Mi necesidad ya no es material, se ha truncado a una exigencia psíquica, en la que espero día a día el apoyo y calor de alguien que me sepa escuchar.
Era bastante curioso, en mi país “las veía negras”, pero era sufridor con esperanza. Hoy después de tanto desear estar aquí, y finalmente estoy, la realidad me ha hecho pesimista, y poco a poco el cielo se vuelve gris y sombrío a mí alrededor, y se van consumiendo mis esperanzas como la llama de una vela.
Mi única vida, pienso, malgastada en el anhelo incoherente de escapar de una realidad que no elegí, maquinando mi futuro ando todo el día… y ya lo dijo aquel buen poeta, Calderón de la Barca: “La vida es sueño”. No nos conformamos con lo poco o mucho que tenemos, es cierto, como tampoco valoramos lo que poseemos, pues yo escapé de aquella miseria, pero aún siendo miseria y sabiendo que hay más grandes en la humanidad, ansiaba el triunfo.
Los valores se han perdido, los juicios vuelan de boca en boca, con horribles palabras, graves prejuicios que acaban con la débil moral de un extranjero como es mí caso.
¡OH, Dios!, … Que miedo me produce nombrar extranjero, pánico me da… ¿Es acaso el mundo, o este pedazo de tierra, tuyo o mío? … ¿Es verdad Dios, que tú hiciste el mundo para beneficios de unos y desgracias de otros? … ¡Dime que no es verdad!. Dime que no es cierto, y es tan sólo una pesadilla, hazme ver que esto es un mal sueño, una madrugada en vela, dentro de esta bella creación. No concibo tu castigo, tu divino castigo, y de dudar de todo, dudo hasta de tu Todapoderosa persona…Pues oigo, cada vez más fuerte, como mis hermanos te desacreditan, te niegan e incluso te rechazan. Pero la fe, la que mueve montañas, me envuelve aún, (no sé por cuánto tiempo más), de tu velo. El misticismo de mi sangre se lo dono a diario al misionero, él sí te necesita Señor, él sí es un Dios, y no el que permanece en el cobijo del santo templo sagrado, inculcando una doctrina carente de fundamento y justicia. En definitiva, teórica pero poco práctica, que es al fin y al cabo lo que necesitamos, porque Padre: “Las palabras se las lleva el viento”.
Lo he perdido todo, sólo me queda mi errante cuerpo, y mi existir absurdo. No creo en la bondad de tus palabras, como creía cuando era educado bajo la atenta mirada de mis tutores. ¡Qué necio, fui, y que bobo sigo siendo! … No darme cuenta antes de que todo este teatro sin sentido, toda esta trágica comedia que vulgarmente llamamos vida, sea una ficción montada a tu manera.
Eres la “anestesia de la humanidad”, el “hipnotizador” más perfecto, … todos mis rezos cesaban mi dolor, pero su raíz renacía y el tallo de rebeldía brotaba más poderoso e incrédulo. “La medicina es escasa, cuando la enfermedad es mortal”, pienso a diario. Y tú no eres sincero conmigo, no me arropas en este mi divagar. Me muestro escéptico, pero no reniego de mi última esperanza en ti…
¡Muéstrame el camino, la vía de la felicidad! … Enséñame un pedazo de tu cielo, de ese del que hablan todos tus corderos y ninguno vio. Y yo seguiré tu sendero, promulgando la fe que se me ofrece.
Si no es así, te pediré que me despiertes de esta falacia, y que me abras la puerta de la muerte, no quiero padecer más, sólo quiero ser feliz, …
Pues bien, dime qué debo hacer… No pido dinero, tan sólo ser dichoso por un momento. Creerme centro de tu creación por un instante, muy breve, eso sí, pues no sea que despierte peor, (“a veces, el remedio es peor que la enfermedad)…
Me da la impresión de que mis palabras son vanas, sordas para tus oídos. Pero, ¿a quién voy a hablarle, sino es a ti? … La sociedad vive deprisa, el trabajo consume la energía de todos, solamente los que nos vemos fuera de tal labor, los que incordiamos con nuestra presencia al ciudadano y afeamos con nuestra delgada y mugrienta silueta la ciudad, somos conscientes del disparate en el que se sumerge el mundo. ¡Ay, amigo filósofo, cuánta razón tienes en lo que dices!, ¡Cuánta admiración padezco por ti, que has sabido mirar con ojos analistas y lentes de aumento a tan asquerosa humanidad!.
Yo quizás, no hubiese tenido tanta osadía, en hacer crítica, y seguramente viviría sin mirar atrás, derrochando todo sin escrúpulos… Pero no es el caso, y en parte me alegro, porque de este modo, saboreo el fango con la débil esperanza de que algún remoto día, pueda degustar las mieles de eso que comúnmente llamamos triunfo…
El mismo individuo, que trajo moscas rondando alrededor de su cuerpo, el ser que soñaba en la pesadilla de su país, navegando por el espejismo creado en su fértil y creciente imaginación… este ser que vive muerto, y muere sin saber qué es la vida… ese soy yo.
¿ Tendrá razón el ateo, cuando afirma que todo se volverá de color cuando caiga el cristianismo? … No sé, y por ignorar, no sé si la posición social nos viene dada de antemano, en un injusto, (como todo en esta vida), sorteo. De ser así, que mal jugué mis cartas, que desdichado fui en el azar de la tómbola vital. Pero como rebelde que soy, desafío a diario a mi destino, no sin sospechar que esta rebeldía ya fue acordada un día en dicho juego.
¡Qué falsa, que desesperación! … Me ahogo en mi pésimo meditar, me asfixio en el aire de mis pulmones, y aún soy capaz de dedicar una dulce sonrisa a un niño, o a una adolescente que cautive mi corazón. Pero rápidamente noto, como no coexiste esa reciprocidad que pido a voces internas. Percibo como la más severa ignorancia me acecha y consume cuando me dan la espalda, o cuando me sonríen con esa superioridad que detesto, fumigando mi autoestima, o lo que queda de ella, con esa fingida prepotencia social. ¡Esto es tolerancia, educación! …
… Después de analizar lo escrito, no salgo de mi asombro, y llego a la conclusión de que me equivoqué. Debí quedarme en casa, allí no era rechazado, éramos casi todos pobres y humildes; pero aquí, en la Europa desarrollada, soy un punto negro.
¡Un puto cáncer, a extinguir! …
(JJCastillo y Claudio Henrique Cardoso)
0 comentarios