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La Morada del Unicornio

Cumpleaños

Me hallaba una noche navegando en alta mar, por el frío manto de palabras que pueden fluir de las incoherentes conversaciones de un chat. Intentando pescar algún minúsculo síntoma de Amor, por el gélido mar de posibilidades de la red. Mi barca andaba errante, con fuerte oleaje, guiada por los remos que únicamente encontraban la tempestad de las almas humanas. Retazos de personas, que una vez lo fueron, o quieren serlo. Dibujando con letras la esperanza de encontrarme con mi media naranja. O simplemente alguien que me diese cabida en su corazón, en su mundo. Pero en esta vida las cosas suceden por algo, y quiso la casualidad (sin disfraz), que nuestros caminos se cruzasen. Y fue así, por Internet, como te conocí. Por un chat, estabas en casa de un amigo, o algo así creo recordar... y nos agregamos al messenger, y allí empezaron las largas charlas. Lentamente empezaste a conocer mis aficiones, y yo las tuyas. Supe de tí despacio, con la paciencia escogida para hacer de nuestro encuentro una amistad que crece con el tiempo, y con las adversidades de la rutina. Se debilita, hiere, revive y encallece. Pero que continúa a día de hoy. Quizás no sea el lugar más idóneo para conocer a una persona, pero puede ser el lugar más fácil para hacer conocidos. Un espacio, este de Internet, donde poder confesarte sin pudores. Obviando todo el romanticismo que pueda aportar una cafetería, la picaresca de una biblioteca, la sorpresa de la playa o el cine, o el espectáculo de una huída de sol en un paseo marítimo. Te conocí en una habitación interna, alimentada con poca luz solar. Y allí, huyendo a todo artificio de lo natural, nos fuimos desnudando las personalidades, no importaba la ubicación de nuestros cuerpos, mas lo importante resultaba el hecho de abrirse a quien lo escucha, y sabe oírte. Es más, si algo tienen las salas de chats son personas con la estima minimizada.  Y quién sabe hoy, posiblemente me hallaba en ese caso. La compañía no es sinónimo de soledad, pero hay veces en las que a pesar de estar con gente, te sientes muy solo, o por lo menos incomprendido. Así me debí sentir aquella noche...

     El tiempo me ha enseñado muchas cosas, la principal es que no hay vuelta, retroceso. El tiempo es una línea, en la que vamos salvando obstáculos, encontrando alegrías, en un presente continuo que se aleja de lo vivido, y va haciendo humo la nostalgia, el recuerdo. El tiempo lo destruye todo, y con él nos vamos destruyendo nosotros. No hay lugar para el reposo, a pesar de haber innumerables sillas en el camino de la vida... sentarse es dejar de hacer cosas. El tiempo no esperará por ti.

Y en este caminar vamos alternando situaciones, y en estas experiencias acumuladas pasan gente por nuestras vidas, se acercan a nuestros mundos, saludan, y se van yendo, por nuestra voluntad o la ajena. La amistad se labra, requiere de un cuidado y atención que yo a veces no sé dar, por falta de tacto o indiferencia. Pero tú decidiste quedarte, de aquella callada manera, optaste por abrir mi círculo de amistades.

 

Me sorprendió que quisieras venir a Puerto Marina...

Y fue esa respuesta a la ligera que me distes lo que me hizo desconfiar al principio de tí. Tomando las precauciones oportunas de llevar a mi lado un coche que hiciese las veces de guía y de guardaespaldas. Allí llegaste tú, abriste con cuidado la puerta, saludando, y preguntando si era o no de fiar... El tiempo te lo diría, yo te tranquilicé diciendo que sí, y mi aspecto no tuvo que ser muy desagradable, porque embarcaste y nos fuimos al puerto. Todo el camino a Benalmádena pensé lo valiente que eras, al introducirte en un coche de un "desconocido", al cual sólo habías "conocido" por Internet. Y no fue la mejor noche, sin duda. Recuerdo que te querías ir a casa, y yo también, pero no hablamos casi nada, y por no querer aguar la fiesta el uno al otro, pasamos más de una hora aburridos en Maná.

No todo fueron nervios y poca comunicación en nuestra primera cita, bueno, he de decir que tú hablaste por los codos, cosa natural, por otra parte. Porque además de unos cuantos amigos míos, iban otros cuantos golfos más, amigos de Leo. Y tú allí rodeada de tanto hombre, me sorprendió que no te vinieras abajo, y le echaras cara a todos. Y llegó lo que recordamos con más cariño de nuestra primera cita, el ponerte yo los zapatos, con demasiada torpeza, pero lo que contaba era la intención. Y te bauticé, desde aquel día serías mi CENI.

Luego llegó mi bautismo, yo sería tu KILLO, en honor al instinto chusmón, (en el buen sentido de la palabra), que corre a veces por tu sangre. Y el que yo tantas veces te recriminé, y tantas veces nos hizo discutir. Para luego, hacer las paces...

El círculo se abrió, y aparecieron Toni (Peter Pan), Mario (el primo), Francis (el ole), Jesús (el Shorbi), David (el cari), y el resto de amigos que fuiste conociendo. También aparecieron tus amigas, y míranos ahora, si parece que mereció la pena y todo. Si al final le tendremos que dar las gracias a Internet de haber creado un grupo de amigos tan majo. Aunque la nostalgia me puede en este momento, y recuerdo a personas que decidieron abandonar este barco, a las cuales les tengo mucha estima. Pero así es la mar, caprichosa, y no todo el mundo se deja llevar por el mismo viento, ni a todos les parece buena la dirección que tomamos. La Tierra es redonda, y nuestras vidas cíclicas, en algún puerto coincidiremos con aquellos marineros que emprendieron su viaje, en algún puerto.

 

 

 

 

 

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