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La Morada del Unicornio

Granada 2004

 

Granada, a 11 de Mayo de 2.004

 

 

Grandes tardes taurinas, de vino y tapas, se habrán vivido junto a donde yo me encuentro en estos momentos. Festejos de sangre y albero, sobre un escenario que en su fachada externa muestra las características moriscas de donde es parte su estructura. Monumento castizo bañado de la arquitectura árabe, sin duda, me hallo en Granada. Desconozco la fecha del alzamiento del coso taurino, su historia, y hasta su presente. Sé, únicamente, que se ha habilitado la zona inferior, externa al ruedo, para recintos de ocio. Desde un restaurante hasta una discoteca.El contraste es llamativo, resaltando lo antes expuesto de enclave histórico, cultural, a lo ahora expresado, lugar de recreo.

No imagino la Alhambra convertida en lugar de ocio. Se trataría de un atentado a la historia de nuestra rica cultura. Más dejaría de sorprenderme, de sumo grado, si ello aconteciese algún día...

Muchas ciudades de nuestra geografía han padecido la invasión de una juventud alocada sobre sus cascos históricos.No me tengo que ir muy lejos para mostrar un ejemplo. Soy malagueño, y he sido víctima de la nueva "cultura del botellón". Cientos de noches he pisado las aceras más emblemáticas y añejas de mi Málaga natal. Y créanme, no es lo mismo sentarse a tomar una cerveza con el fondo de la vista perdido en la Alcazaba, que tomarla en un barrio residencial. Recuerdo aún, volviendo a la ciudad desde donde ahora escribo estas líneas, una cálida tarde de un verano pasado, tomando café en el granaíno paseo de los tristes. Un marco incomparable. Al pie de la Alhambra, a breves minutos andando de los barrios del Sacromonte y el Albayzin, acompañada la estampa de una ligera brisa y el sonido vivo de los turistas, mapas en mano. Ignorante de la historia, me encontraba allí, como hoy me sitúo al paso de la gente, junto a la plaza de toros. ¿Qué sería Granada sin el trajín de estudiantes que pueblan sus calles?... ¿Qué sería sin el curioso viajero que encuentra en el Mirador de San Nicolás, el ya nombrado Paseo de los tristes, la calle de las teterías (C/Caldedería Nueva), en la Alhambra, las adoquinadas vías del centro, y otras tantas cosas que me olvido, la paz interior, la felicidad de hallar lo bello, en la contemplación desinteresada?...

No tiene precio, tanta efímera felicidad. Allí me encontré una vez, tomando café, con los cinco sentidos alerta, con la resuelta tranquilidad que el momento me inspiró.

 

De pequeño fueron las visitas a la tumba de Fray Leopoldo de Alpandeire, "Siervo de Dios". Un mártir de la religión cristiana, convertido en puro objeto comercial. Está claro que todo lo que toca La Iglesia... Me crié en la equívoca idea de una Granada gris, fría, triste; apagada por el intenso tráfico y la idea paralela de sus gentes rancias y secas. Me he criado, hecho o realizado con tantas erróneas tesis, que a día de hoy, pienso de modo totalmente opuesto a algunas forjadas leyes que teoricé en mi niñez y adolescencia.

Ya no veo a Granada ciudad con el prisma opaco, torpe y nublado con el que crecí. La identifico con el bar obrero, con más luz y alegría, robadas de mi conciencia antaño. Me extraño en una ciudad joven y divertida, reina de la tapa. Con su influencia morisca, enriquecedora. Sus variados tés, originales teterías, que bañan y convierten a esta urbe más plural culturalmente hablando. El jaleo de unos timbales, los acordes de una guitarra, el aroma a hachis, a jazmín, a libertad de alma... como ven, mi Idea cambió.

 

Sobre la ciudad se teje, como fondo inigualable, Sierra Nevada. Es por eso que no echamos de menos el mar, los viajeros que acá venimos. Mi gran amigo Norberto, canario de nacimiento y estancia, una vez me dijo aquí en Granada: "Juanjo, echo en falta el mar". Nos encontrábamos en el Mirador de San Nicolás, y yo le afirmé su tesis, mientras ojeaba el horizonte montañoso y la Vega, que circundan la capital. Pero querido amigo, yo también echo en falta la nieve en Málaga, cuando me alzo en visita al Castillo de Gibralfaro. Al igual que tú puedes añorar la lluvia, el frío, y la velada de guitarra, ron y chimenea que pasamos las navidades que nos conocimos.

Cada ciudad tiene su encanto, sus momentos, su día y su noche, su sol o su lluvia, su mar, su montaña, y el calor gradual de sus gentes, con su acento y sus rarezas.

 

 

 

 

Granada a 12 de Mayo de 2.004

 

Recién salido del santuario de Fray Leopoldo, para que nos vamos a engañar, dentro de mí estaba el deseo de volver a visitar tan "santo" lugar. De nuevo, comprobar la miseria del capitalismo, sobre las masas más débiles de la sociedad. Únicamente dos jóvenes me crucé por el camino que lleva hacia la tumba, dejando atrás el mercadillo de libros, cd´s, casettes, crucifijos, estampas... que conmemoran la vida de un siervo de Dios.

No sé si llamarle mártir, débil, cobarde, santo... y tampoco sé si estaría orgulloso de ver el negocio que tras su huella, su paso entre los mortales, dejó. Curiosamente, un hombre humilde, beatificado, coronado a calidad de santo hermano, no debiese engrandecerse al ver toda la parafernalia que se montó tras él.

Lo que más me llamó la atención no fue reunirme con dos personas jóvenes más, en un lugar que por costumbre solemos ausentar las nuevas generaciones. Tampoco ver como el rastrillo de recuerdos, y la sala donde se exponen para su venta, creció. Lo que más llamó mi atención fue la reconstrucción de su celda. Formada por una minúscula cama, con un viejo almohadón, y unas sucias y haraposas mantas. Sobre la cabecera un crucifijo. Una pequeña ventana daba luz al cobertizo, mas de noche se valía de una bombilla eléctrica que colgaba del techo. Cuando lo propio, opinión personal, hubiese sido recibir la luz proveniente de unas velas de cera, sin duda le hubiese dado un matiz más llano y cercano al sendero promulgado por Dios. Pero los avances científicos también estuvieron presentes en la vida del siervo de Dios. Un escritorio de madera, y sobre la silla colgaba lo que me pareció era una túnica monacal. La solería color arcilla, dándole un aspecto rústico a la pequeña celda, donde presumiblemente, en algo similar o parecido, no más de seís metros cuadrados, el santo malagueño pasó sus horas meditando y escribiendo, como muestra un lápiz y unos folios sobre el simple escritorio.

 

Ahora me encuentro en Los jardines del Triunfo. Tras de mí algunos turistas, otros tantos nativos, se agolpan alrededor de una magestuosa fuente. Frente a mí las vallas de una obra, remodelando los jardines. A mi derecha, veo el lugar sagrado de donde vengo, más unos edificios de alto precio. A mi izquierda, unas crecidas y centenarias, me atrevo a decir, coníferas que se alzan sobre los cuidados jardines. Se echa en falta los típicos bancos que pueblan los parques, y entre ellos el remolino de jubilados. Más abajo adivino el comienzo de la Gran Vía de Colón, y percibo a pesar del sonido del agua que serena mis oídos, el tráfico denso de una ciudad en hora punta.

Sentado sobre una fría pieza de mármol, espero a Susana. He aquí la causa de mi viaje. Llegué el Lunes 10, sobre las 19:30 horas. Ella había estado arreglando unos papeles, en el curso de la mañana, yo estuve trabajando, y de mutuo acuerdo convenimos en venirnos juntos a Granada. Ocho años lleva estudiando en esta bella ciudad, Arquitectura, una carrera comprometida, con vocación...

Natural de Málaga, morena, salada, unos ojos que deslumbran, y una sonrisa que mezcla la picardía y la inocencia. Allá, hace no sé cuántos años ya, la encontré. Y hoy el tiempo, el destino, el azar, o cualquier estratagema de mi existencia, me la devuelve. No quiero alargarme más en el tema, pues no quiero hacer ejercico mental del pasado, simplemente, quiero vivir el ahora, que es lo único que realmente vivimos, el PRESENTE.

Granada también ha sido testigo del encuentro con mi primo Pablo. No diré que es mi primo preferido, pero sí oso a decir que con él es con el que más me río. A sus diecinueve años, todo un hombrecito, un trovador de ciudades, un torpe de la noche, si me permite el término Ismael Serrano. No me atrevo a calificarlo de vividor, pero lo encasillo en la parcela del joven despreocupado, no holgazán, que teje su vida con la filosofía del "carpe diem".

 

 

 

 

Málaga a 17 de Mayo de 2.004

 

Otra vez camino a Granada. Esta ocasión con más compañía: Raquel de Madrid, mi buen amigo Francisco, y allí en Granada nos espera Susana.

Salimos a las 16:00 horas, aproximadamente. Tarde, si nuestra intención era pasar la tarde-noche. Pero al poco de llegar, decidimos hacer noche en casa de Susana. La pobre, tenía que presentar un trabajo que le estaba robando las horas de sueño, los últimos días. Y más que ayudarle, nuestra presencia le suponía un revés a la hora de avanzar con la entrega. Pero aún así, ella se ofreció a acompañarnos, para alegría mía, no voy a ocultarlo. Primero estuvimos en la Tetería Pervane, lo que empieza a ser ya algo clásico. Después ascendimos al Mirador de San Nicolás, precioso lugar, al cual merece la pena subir, a pesar de lo empinado de sus calles. Allí se sigue respirando libertad, aunque pasen los años. Un individuo foráneo arpegiando una guitarra, pariendo un sonido flamenco, una melodía con raices andaluzas. Una sinfonía totalmente introducida en el contexto de los que allí nos reuníamos. Mientras acariciaba las cuerdas de su guitarra, los espectadores veíamos cómo la noche se nos echaba encima. El cielo perdía su luz, y al mismo tiempo, de un modo perfectamente sincronizado, Granada iba ganando luz. En especial la Alhambra, donde nuestros ojos se posaban, como principal punto de referencia. Qué bello los destellos de luz sobre los muros de la fortaleza. Sobre la Torre de la Vela. Un contraste precioso, ver el esplendor de la claridad sobre un material color arcilla, y entre tanto, el silencio de los espectadores, con la mirada perdida en el fondo de sus conciencias. 

Allí estaba hace dos días mi conciencia, conciencia de algo, siempre. Es ahora cuando veo mi ser allí sentado, junto a otro ser, abrazados, siendo uno. Mezclándonos con el paisaje, con la melodía de los incansables acordes, con el silencio de los espectadores...

Fue en el camino de vuelta, donde hallé otro hecho destacado. Para mí con mucha fuerza emocional, para Susana, Francis y Raquel supongo que no tanta. En el interior de un túnel, un joven guitarrista, otro, tocaba unos sencillos y sutiles acordes, arpegiándolos con una ligereza y dulzura que entraban en el corazón, aunque no lo tengas abierto al mundo y sus fenómenos. En principio, se oía una guitarra, una guitarra misteriosa; y fui yo quien los dirigió al encuentro de su artista. Al origen de donde surgía tan llamativa melodía. Pasamos junto al joven trovador, descendiendo hasta el Paseo de los Tristes... Y luego fuimos llegando a la Gran Vía de Colón, donde cogimos un autobús hasta La Caleta.

 

(continúa)

 

 

Málaga a 26 de Mayo de 2.004

 

Hasta ese momento todo estaba en orden, dos parejas paseando y descubriendo la grandeza de Granada.Pero apareció el factor tapas,junto al vino y su alegría intrínseca. En La Cabaña, un bar de tapas muy cercano a la plaza de toros, donde quedé con el granuja de mi primo Pablo. Pero antes, camino del lugar acordado para nuestra cita, recogimos a Elena, una buena amiga de Susana. Ya éramos seís, pero al poco de acoplarnos a tapear, Susana y Elena nos dejaron. Ésta última estaba cansada, y había estado en el Gym, y Susana retomaba su trabajo, el que tenía que entregar al día siguiente.

Al buen rato salimos de La Cabaña... Francisco, Raquel, mi primo Pablo y yo. Camino a casa de Susana, y con la estimada ayuda del vino tinto, parecionos ver una paloma sobre una verja, enganchada sobre la malla metálica. Pero fue un error visual, nos traicionó los sentidos, y la paloma resultó ser un trozo de madera. Ilusiones ópticas...

Un poco antes de que los sentidos nos fallaran, hasta a Raquel que no cató el vino le traicionó, nos cruzamos con una cabina de teléfono, de las antiguas, cerradas, en las que Superman daba el cambio de look, de persona a superhéroe... y como anteriormente habíamos bromeado con mal gusto sobre su persona, (un chiste negro, macabro)... pues solté un comentario: "Mirad, la cabina de Superman"... a lo que Francis repuso, tras examinarla brevemente: "compañero, esta no es, no tiene rampa para minusválidos". Entre anécdota y anécdota, llegamos a casa de Susana. Allí estaba la aplicada muchachita, aspirante a Arquitecta... y continuamos la fiesta: Dos botellas de Pilicrim, un litro de cerveza, y dos chupitos de whisky para Francis y Pabluchi.

Al final de la noche, Francis y yo nos caíamos de sueño, y mi primo aún guardaba fuerzas para maquillar a Susana... la juventud, divino tesoro.

Por la mañana, a las 12 horas salimos dirección Málaga. Raquel tenía que salir hacia Madrid a las 15:30. Y por suerte, todo salió bien, como esperábamos. Dejé a mi primo sobando en el sofá-cama, y me enteré a la tarde, cuando llamé a Susana, que no había ido a trabajar, y que se fue de su casa casi a la hora del café.

 

...A continuación cuento lo acontecido la noche-madrugada del Viernes 21 de Mayo de 2.004...

 

 

Salí de trabajar el Viernes a las 20:00 horas, y a las 21:00 horas ya me encontraba camino de Granada. Para Susana sería una sorpresa el encontrarme allí, para mi primo fue otra cita, en el mismo lugar de tapas, La Cabaña.

Allí quedé a las 22:30, y llegó a las 22:45, impacientándome... Le conté mi plan, muy sencillo, y con muchas espectativas de salir bien. Tapeamos charlando de mi relación con Susana, del último encuentro, antes narrado, y de lo que se me pasaba por la cabeza aquella noche, tan tensa y emocionante para mí.

Salimos del bar, llamé a mi princesita, y le comuniqué que me iba a dormir, deseándole que lo pasara bien... pues no he dicho aún, que esa noche Elena celebraba su cumpleaños.

Antes de llamarla le había pedido por mensaje al móvil que no me molestara, que había llegado muy cansado de trabajar, y me apetecía dormir, puesto que trabajaba a las 11:00 horas del Sábado. Pero no contestó a mi mensaje de texto, y fue al llamarla cuando me informó que la había pillado maquillándose, y que me hubiese contestado más tarde, pero claro, yo no estaba para esperar, mi plan pedía paso, y todo se convertía en impaciencia. Pude sacarle el lugar del cumpleaños, si no recuerdo mal, un bareto llamado El flautista, en la céntrica zona de bares de Calle Elvira. Mi primo conocía el plan, que le conté un rato antes, y por suerte, también conocía el bar donde celebraban el cumpleaños. Casi me pilla, al oir el ruido de las personas y coches que circulaban por La Caleta, y posteriormente por El Triunfo. Fue aquí donde me despedí, excusándome que tal ruido provenía de mi barrio, y que había bajado a comprar un helado, antes de acostarme. Fue muy fácil engañarla. Pero empezaron los verdaderos nervios, el cosquilleo en el estómago... cuando entramos en el bar, y rápidamente mis ojos fueron a clavarse en su grupo de amigas. ¡Vaya dos colgados!, pensé, estamos hechos mi primo y yo. Allí esperábamos con un cubata y un cigarro en las manos. Cuando entró un individuo vendiendo rosas. Fue perfecto, el detalle que me faltaba, ... y me dejé convencer por Pabluchi, y allá estaba yo, consumiendo el cubata, con cortos y continuados sorbos, y fumando un cigarro tras cigarro... y desde aquel momento, con una rosa en la mano. Esperando se hizo larga la espera. Calculo que más de veinte minutos y menos de media hora. Aunque por fin, Pablo me hizo la señal, y allí la ví entrar, y tras ella a su amiga y compañera de piso, Rosana.

Nos besamos, cuando su aturdida mente me hizo el visto bueno, y me ubicó de modo irreal en Granada. A Rosana le costó un poco más, pero también logró hacerme la cara al bar, salvando la distancia entre Málaga y Granada.

Dejé de darle la espalda al grupo de amigas: Elena, Silvia, Belén, Raquel, Choni... y poco a poco, con la ayuda del vino y los cubatas, mi primo y yo nos fuimos sintiéndonos como componentes del grupo. Yo siempre, debido a mi timidez, salvando las distancias.

Susana estaba alegre, sabe que estoy loco, pero esa locura de irme a trabajar casi sin dormir, la fortalecía, y la alegraba. Mi madre no compartía tal entusiasmo, pero es comprensible, y a la vez es difícil contentar a dos personas al mismo tiempo.

A las 5:00 horas abandoné con 10 euros a su suerte, al bueno de mi primo. Lo despedimos en la discoteca Granada 10, y nos fuimos al piso. El despertador sonó, puntual a su hora, a las 8:35, y me vine con más pena que gloria a trabajar, pues un duro y largo día me esperaba. Aunque no me arrepiento, es más lo volvería a hacer,... quién sabe si no lo volveré a hacer...

 

 

 

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