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La Morada del Unicornio

Torso Masculino

Torso Masculino

A Currillo Meloa

A Currillo Meloa

De haber nacido en París, seguramente hubieses paseado tu música, por la orilla del Río Sena. Mezclado tus pasos, junto al de otros artistas, en el barrio de Montmartre. Perdido por sus innumerables rincones, portando la fiel guitarra, la siempre amiga melodía del rebelde cantautor.

Pongamos ahora, que hablo de Madrid... te hallo en el metro, en el retiro... ante la mirada de los curiosos que se acercan, atrapados por la armonía de tus acordes rasgados, de tus infinitos silbidos.

Grandes ciudades, donde pasar desapercibido, núcleos cosmopolitas, donde el cuerdo es el chiflado, y viceversa.

Pero quiso el destino, colocar un artista allá donde no es entendido. Donde la desconfianza de la razón, lo tildase de loco. Allá donde el pueblo llano no lo comprende, y la joven ciudad lo juzgue.

Te vi crecer menudo, y aún me recuerda tu silueta, al Joaquín Sabina, más desgarbado de los años ochenta. Flaco genio, de sabiduría rural y costumbres rústicas.

Suerte, haber conocido a tan peculiar figura. Amante de la noche calma, del negro cielo y sus estrellas. De la música que brota del silencio, fundiéndose con el ambiente. De la causalidad buscada.

Trovador moderno, extrovertido soñador de ojos abiertos. Hacedor de melodías, genio de la improvisación.

Afortunado me siento, de haber compartido tantos escenarios contigo. De la noche al día. Bailamos la zorba griega, montamos en Tiovivo en el parisino barrio de Notredame, nos sumergimos en la atmósfera envolvente de Andrómeda, o Acaloraos buscábamos la refrescante sombra de La Higuera.

En fin, buenos momentos que me llevé. Y hoy quisiera agradecértelo, ahora que son días difíciles para tí. Mostrándote mi apoyo para lo que necesites, tendiéndote una silla en el camino.

Un abrazo, y recuerda: que hay que quemar el cielo si es preciso, por vivir 1.

 

1. La era está pariendo un corazón. Silvio Rodríguez.

 

 

EL ROMPIENTE

EL ROMPIENTE

- OLEO SOBRE LIENZO 33x41 cms.

 

Esta tarde, con la ayuda del maestro Joaquín González, he firmado mi primer lienzo.

El tema es una marina, llamada "El rompiente". En ellas he empleado varias técnicas: sfumato (original de Leonardo da Vinci), es un efecto vaporoso que se obtiene por la superposición de varias capas de pintura extremadamente delicadas, proporcionando a la composición unos contornos imprecisos, así como un aspecto de vaguedad y lejanía. Se utilizaba para dar una impresión de profundidad en los cuadros del renacimiento. Este efecto hace que los tonos se difuminen hasta valores más oscuros como en la Mona Lisa  y en el San Juan Bautista. Veladura, (una técnica muy usada por Rembrandt, al finalizar sus cuadros), que consiste en capas muy delgadas de pintura, de forma que se transparente la capa inferior, así el color que veremos es el resultado de la mezcla del color inferior más el de la veladura. Y por último, una técnica para destacar las olas del mar rompiendo sobre las rocas, de empastes, capas más espesas de pintura, y salpicones de pintura, para dotar de más realismo la marina.

Por ser el primero, se lo regalo a mis padres.

El anorak

El anorak

                                                                                              I

                                              

                El frío Enero se hacía notar en el vaho de las ventanas. Mientras tanto, ella recogía sus últimas y necesarias pertenencias antes de dirigirse al trabajo. Una vez en la calle, se colocó bien la bufanda, y se cerró el anorak que lucía por vez primera. Era un regalo de su madre, en el día de Reyes. Y como anillo al dedo, en aquella mañana gélida de invierno le dio uso.

Se subió al autobús, puntual aquel amanecer, y saludando al conductor abonó la comisión necesaria para ejercer el derecho de viajar sobre el antiguo vehículo. Miró, por dos veces más, al conductor, creyendo que lo conocía. Su cara le despertó el recuerdo de alguien. Cualquiera que hubiese cruzado su vida por algún centro comercial, calle, cafetería, hospital, metro… la gran ciudad vuelve impersonales a las personas, y le fue imposible situar aquella cara en una situación ya vivida.

Acomodada junto a un señor de abundante barba, no se dirigieron palabra en todo el trayecto. Aunque ella lo saludara decidida, a la vez que lo inundaba del perfume que se desprendía del cuerpo recién duchado. Luego, todo sería tan frío como el paisaje que se palpaba en el exterior del móvil.

El Sol comenzó a discernirse, leve pero deseado, cuando el autobús urbano llegaba al final de su lineal recorrido. Pero tan breve en tiempo, que no daba opción a gozar sus rayos matutinos. Rápidamente eran absorbidos por nubes negras, amenazantes desde la altura. Incluso más altas que el conjunto de rascacielos que constituían el centro de negocios donde tras tres cuartos de hora, se detenía el automóvil público.

 

Al tiempo, Ana entró en su despacho, y la impresión de su rostro reflejaba una desconfianza poco corriente en la expresión amable y hospitalaria de su carácter. Oteó hoja por hoja todo su escritorio. Algo había que no le gustaba, algo que se situaba en el lado oscuro de la desconfianza, en el umbral de la sospecha.

Recordaba todo de otra forma, pensaba que finalmente le dio tiempo a ordenarlo el día anterior, pero no era así. Tampoco cabía la posibilidad de que alguien hubiese estado husmeando en su despacho.

Decidió salir a tomar café, de este modo olvidaría lo del desorden imprevisto en su despacho, y comentar con sus compañeros la jornada laboral que comenzaba. Pero cuando trataba de cerrar la puerta, camino de la sala de máquinas, algo la detuvo. Oyó la señal del ascensor, un timbre que sólo podía percibir desde donde se encontraba a esa temprana hora. Posteriormente sería devorado por el ruido de máquinas de escribir, teléfonos y el continuo ajetreo del edificio.

Por las pisadas reconoció al jefe, aunque algún signo espiritual ya le había encargado de preavisarla, alarmarla, incluso antes de percibir el timbre del elevador mecánico.

Quedó bloqueada en el umbral de la puerta, sin saber si entrar o salir en busca de la dosis de cafeína matinal, usual desde meses atrás. Mas aquella mañana rompió con la tradición, como había sucedido el día anterior. Entró en el despacho, echó otra ojeada sobre la mesa, y no se percató esta vez de que algo estuviese en desorden, lo único que sentía en aquel momento era su corazón palpitando aceleradamente, involuntariamente concordado con la aproximación de las pisadas. Que ya se encontraban atravesando la puerta del despacho.

Ana, se acorraló junto a la pared que se aupaba tras la silla del escritorio. Él cerró la puerta con fuerza a su paso, con una decisión desmedida, pero sin tomar la precaución de cerrarla con llave. Ella mantenía la vista clavada sobre los papeles desordenados de su mesa, hasta que el fuerte estrépito de la puerta le hizo alzar su rostro, y fijar sus ojos a los de su jefe. Desorbitados, agresivamente fijos en su cuerpo, los vio acercarse, con ademanes seguros y lentos. Ana se sintió como el toro que va perdiendo la bravura, buscando refugio junto a las tablas del ruedo. Oyó las trompetas y tambores del cambio de tercio, y el aroma a incienso y albero se truncó por el perfume caro de su superior. Se embriagó de deseo, justo cuando el matador la asió con fuerza contra su pecho. Posteriormente la besó, todo ello sin mediar palabra alguna.

A merced de las embestidas del varón pasó Ana varios minutos, hasta que una de sus manos empezó a despojar el anorak, y la otra con un impulso brusco subía la falda, hasta situarla en la cintura, a una altura que él estimó adecuada. La chica no ofrecía resistencia, y envuelta en un huracán de pasiones y sudores no daba freno a los instintos más animales. La bestia continuaba desnudándola, casi arrancándole los botones de la blusa, descubriendo la ropa interior.

 

Carmela, no podría imaginar que el anorak que le había comprado a su hija, tan caro para su cruda economía, acabase en su estreno en el suelo. Casi arrancado del cuerpo de su hija, despojado por unas manos cargadas de pecado. Tampoco entendería que fuese pisoteado, y hasta utilizado de improvisado colchón. Por suerte, Carmela desconocería el camino que tuvo la prenda.

 

Se sintió húmeda, y él lo debió notar cuando acarició con suavidad su flor. Antes fueron los senos, descubriéndolos con mucho mimo. Pequeños, pero firmes, cuyos pezones se erguían desafiantes, con la inmediata predisposición de ser manoseados. Fue entonces cuando decidió parar el varón, y buscándola se miraron nuevamente a los ojos.

El sudor corría por la tez morena de la chica, y la angelical expresión de su rostro había desaparecido. La agarró con ímpetu de los glúteos, desgarrando con los dedos la fina tela del tanga. También se deshizo de las gruesas medias, para disponerse apresuradamente a despojarse de corbata, chaqueta y camisa. Arrojándolo todo a la moqueta. Ella le gritaba extenuada al oído frases cortas, obscenas, que le aceleraban los movimientos, resultando acciones torpes, que de hallarse en otro contexto, hubiesen sido carne de mofa.

Optó por ayudarle a quitarse los pantalones, mientras él se descalzaba. E invadidos por la pasión, y la excitación del momento, la cogió violentamente, postrándola sobre el escritorio, atropellando los papeles desordenados. Todo fue ejecutado con virilidad; una agresividad que no conocía los límites de su potencia intrínseca, pero a la vez, mezclada con una ternura y un deseo que compensaban el fin último de las acciones.

Todo era desorden en la habitación. Gemidos, forzadas las respiraciones, mientras él la penetraba una y otra vez. No pareció importarles que en el exterior ya se escucharan los primeros coleteos de la jornada laboral. Las primeras llamadas telefónicas llegaban a las oficinas adyacentes, como también los primeros encargos de café para los menos madrugadores, los que no saben llegar minutos antes del inicio de su jornada, pero sí aprenden a irse minutos antes de esta.

Crecía la posibilidad de que alguien abriese la puerta sin llamar. No existía un protocolo exacto para interrumpir el trabajo, pero siempre, por educación se llamaba antes de entrar, incluso cuando la puerta estaba entreabierta, que no era el caso.

Pero allí dentro continuaban los suspiros, seguían cayéndose papeles y objetos de papelería al suelo, el teléfono también cayó, cuando el jefe en una última oleada de pasión desfallecía sobre el cuerpo de Ana, profiriendo unas duras envestidas finales, que acabaron en un grito sordo, sobre el pabellón auditivo derecho de la chica.

 

         En la calle llovía, el cielo se había cerrado por completo, dando matices de tristeza al día. Debía de hacer bastante frío, pues los transeúntes iban abrigados, y entonces recordó cuando salió a la calle, camino a la parada del autobús, refugiada bajo las plumas de su nuevo anorak. Lo miró con lástima, pues el forro mantenía el sudor de los amantes sobre su superficie más plástica. Pero a la vez con satisfacción, por haberle sido tan útil.

Siguió secándose el sudor de la frente, mientras abría la ventana y una cruda brisa la hacía tiritar. Se alejó de la ventana, dirigiéndose al escritorio. Era hora de comenzar a trabajar, sobre la mesa todo era un caos, cuando acumuló el resto de papeles que cayeron al piso. Aún le temblaban las piernas.

 

Para ser amante hay que ser bueno. Eso debía pensar Alfonso cuando se detuvo en una fotografía que descansaba en la estantería de su oficina. A diferencia del despacho de Ana, aquí siempre gobernaba el desorden, nunca conseguía terminar de ordenar los archivos, y todo el continuo papeleo que iba entrando a caprichosas horas a lo largo de la jornada, se iría amontonando sobre la mesa. Pero a él en cambio, no le temblaban las piernas.

        

         No faltaban más de quince minutos para escapar de allí, y darle paso al fin de semana, cuando sonó el teléfono de su oficina. Reconoció el número en la pantalla digital del aparato, y suspiró antes de descolgarlo. Era Ana, él ya lo había intuido, llevaba horas esperando su llamada.

 

- Hola.

- Hola, dime Ana.

- Bueno, ya sé que es una locura lo que te quiero proponer, pero pensaba que quizás quieras…

- A ver Ana, sin rodeos.

- Había pensado que podríamos pasar el fin de semana juntos, podríamos ir…

- Espera, has olvidado que estoy casado, ¿no? , que tengo una familia. -No la dejó concluir.

- Es verdad, lo siento. Que disfrutes el fin de semana.

- Pero espera, escúchame.

 

No dejó tiempo para que Alfonso contestara, colgó el teléfono. Había percibido una queja agria en la voz de la chica, una pena que la señal del teléfono, al ser colgado, acentuaron. Pues el pitido agudo retumbó en los oídos de él, y quiso llamarla, pero no tuvo fuerzas, o quizás valor.

 

Fuera seguía lloviendo, y la oscura claridad que entraba por la ventana de su dependencia le había hecho utilizar la luz artificial toda la mañana. Se levantó de la silla, y se acercó hasta la estantería, cogió la fotografía. Le quitó el polvo acumulado sobre el cristal con un pañuelo de trapo, y luego la miró con tristeza, preguntándose qué sucedía en su matrimonio. Por qué el tiempo había despedazado aquella felicidad que se archivaba en forma de fotografía. Por qué había dejado de querer a su esposa. Y por qué tuvo que cruzarse Ana en su vida, en su matrimonio. Se sintió tan preso de sus sentimientos como sucio de alma, hasta que un sudor helado le congeló las manos, más tarde el corazón, por último sus pensamientos.

 

         Ana echó una última visual a su oficina, antes de salir, asegurándose de que todo quedase en orden. Apagó la luz, y cerró la puerta con llave. Camino al ascensor se encontró con compañeros que como ella, arañaban unos minutos a la jornada, deseosos de iniciar el descanso semanal cuanto antes. Sin importarles el haber dejado trabajo acumulado sobre sus escritorios y estantes. Se despidió regalándole los mejores augurios, pero no pudo evitar echar una última ojeada al despacho de Alfonso. Estaba allí dentro aún, la luz era visible por los ventanales altos que separaban el techo de las endebles paredes del habitáculo. Y con la resignación aún hirviéndole por dentro, no mostró ningún interés en despedirse de él.

Se abrió la puerta del ascensor, sonó el timbre a la vez que un portazo urgente a lo lejos, en el pasillo le avisaba de que alguien se aproximaría. No esperó, reconoció el juego de llaves, y se introdujo apretando el botón de la planta baja con diligencia.

Alfonso había abandonado con rapidez su despacho, dejando la ventana abierta, y sin la precaución de cerrarlo con llave. Corrió  hasta la entreplanta, y vio el dígito cero marcado en el chivato. Se precipitó entonces por la escalera, no tenía otra opción, intuyendo que lo separaban siete plantas, ciento setenta y ocho escalones que contó una mañana que el ascensor estaba fuera de uso.

 

         La oficina era un caos, polvo y montañas de papeles, carpetas, apilados sin rigor ni lógica. Un desconcierto que él sólo podía leer. Dueño de esta situación, abandonaba el trabajo, tomando antes una decisión. Una elección guiada por un irracional apetito de embarcarse en una aventura carnal, que no sabía bien hacia donde caminaría.

Llamó a su mujer, minutos después de recibir la llamada de Ana, minutos después de desprenderse de la foto, colocándola de nuevo en el estante superior, donde descansaba desde hacía tiempo inmemorable sin el menor reparo para sus sentidos. Pero aquella mañana no paró de mirarla, no conseguía despojarse de la culpa que lo cercaba. Entre él y su mujer, una joven sonriente sosteniendo un helado de cucurucho, y sobre el cono de galleta la bola de fresa se derretía descendiendo, hasta alcanzar los dedos de la pequeña. Fueron las primeras vacaciones en familia, los tres.

 

         Atajó la calle por medio de la vía, ignorando el paso de peatones. El tráfico intenso, retenido, le facilitó la suicida maniobra. Y casi sin aliento, llegó hasta Ana que se había detenido en un escaparate, curioseando unas prendas de vestir de las que colgaban unos carteles fluorescentes, donde podían leer los ojos más miopes, la palabra ofertas.

 

- Por fin te alcanzo. - Dijo Alfonso, intentando recuperar aire.

- ¡Ah, hola! - No pudo evitar ser sorprendida, dándose cuenta de que su jefe llegaba totalmente extasiado. Y aunque quiso, no pudo mostrarse antipática. - ¿Qué vienes corriendo? …

- Sí, pensaba que no te alcanzaría. He pensado lo que me has dicho antes.

- ¿El qué? - Se hizo la despistada, ahora le tocaba mover pieza a él, pensó.

- Lo de pasar el fin de semana juntos.- Tuvo que dejar de mirarla, fijando la vista al suelo.

- ¿Y tu mujer? - Preguntó Ana.

- La llamé, le dije que salía de viaje urgente para Barcelona. Esta noche la telefonearé para decirle que no volveré hasta el lunes.

 

Ana quedó muda, no creía que su jefe fuese capaz de atropellar su matrimonio por un capricho, pero la realidad es que ya se dirigían al coche de Alfonso, y no había vuelta atrás.

 

- Tengo que llamar a casa, avisar a mi madre. - Sonrió espontáneamente, sin duda el peso de la mentira era muy inferior.

- Toma, llama desde aquí. - Le ofreció el móvil, pero ella rehusó, señalando una cabina telefónica libre, a unos míseros metros tras de él. - Como quieras, voy arrancando el coche, te recojo aquí mismo. - Añadió.

 

Se acercó a ella besándola en la mejilla, sin tomar la precaución de ser visto por algún compañero, o por algún conocido que anduviese por el centro de la capital. El deseo no tiene obstáculo, se alimenta de desenfreno.

 

 

                                                        II                                            

 

 

         La casa no era visitada desde hacía más de tres semanas, por eso se amontonaba el polvo y la suciedad por todos los rincones. Mas el aire que compartía el espacio vacío, estaba tan parado que olía a cerrado.

Con un giro veloz de cabeza, únicamente perceptible por alguien muy atento, la invitó a entrar primero en casa. Activó seguidamente el automático de la corriente eléctrica, y la luz eliminó las dudas y titubeos que con pasos falsos y tanteos precedieron. Dando vía libre a la curiosidad de Ana por descubrir qué había en el interior de aquella morada.

Una vivienda amplia, de cuatro habitaciones, dos cuartos de baño, cocina, salón comedor con chimenea, porche y piscina en el jardín. Quedó maravillada con tanto lujo, descubriendo cada rincón que sus grandes ojos destapaban. Por un instante imaginó ser dueña de aquel tranquilo chalet, situado a las afueras de la gran ciudad. Pero topó con varias fotografías, que le fulminaron la ilusión creada, y su cuento acabó cuando interpretó que la casa ya tenía propietaria, y ella sólo era un huésped, una visita de un par de días. Y necesitó salir del salón, atropellando la puerta que daba al exterior.

Allá fuera, una ráfaga de aire le heló las ideas, mas el cielo estrellado, negro como no lo había visto desde niña, la paralizó. Alfonso se acercó, la abrazó en silencio, había estado observando, sabía lo que le ocurría.

 

- Tranquila, ¿vale? Estamos tú y yo aquí, disfrutemos del momento, no pienses más de la cuenta, no nos hará ningún bien.

Sus palabras sonaron vacías, acentuando las pausas para dar mayor fuerza a lo que decía. Pero la credibilidad se perdía en el espacio, como se difuminaba también el vaho que escapaba de su boca.

-Gracias, de verdad, pero necesito estar a solas un momento. - Ana deshizo el abrazo, con delicadeza, como también frenó el beso que Alfonso comenzaba a dar. Él la entendió y accedió al abandono, premiándola con una ligera carantoña en el pelo, y un sutil beso en la mejilla. Tan maternal, como huérfano de sentimiento.

No pudo frenar este segundo beso, como tampoco podía detener un pensamiento que la atormentaba. No podía dejar de pensar cuántas veces habría dicho a otras mujeres aquello que le decía ahora,… cuántas infelices como ella, habrían pisado por dos noches, una, o incluso horas, aquella residencia.

 

 

         Ana despertó descolocada, desorientada en una cama y en un contexto que no conocía. La ausencia de familiaridad se debía a que nunca antes había visto aquel lugar.           Había entrado a oscuras, movida por la emoción y el desenfreno con el que Alfonso y ella se vieron nuevamente envueltos. A tientas encontraron la cama, despejaron las mantas y sábanas, y copularon como animales hasta que el cansancio les arrebató las últimas energías.

Ahora que la claridad se colaba por una pequeña grieta de la persiana, pudo ver la habitación, sencilla pero bonita, donde había colmado uno de sus recientes sueños. A su lado debía encontrarse Alfonso, pero no lo halló, debió ser muy sigiloso, pues Ana padece de sueño ligero. Y fue cuando al oír ruido de vajilla junto al de unos pasos que se aproximaban, familiares, lo descubrió en el umbral de la puerta.

Desnuda sobre la cama, como un cuadro de Goya se extendía la fémina. Se ruborizó un poco, para luego sonreírle pícaramente. Traviesa niña, que cumple la fantasía de acostarse con el jefe.

Intentaba taparse, sin éxito, pues no hallaba las sábanas perdidas en los pies de la cama.

 

- No me mires así, me da vergüenza. - Dijo algo ruborizada.

- ¿Cómo quieres que te mire? - Por poco, suelta la bandeja, para lanzarse sobre ella. Pero imperó la sensatez, y con una voz dulce le ofreció el desayuno.

Ella quiso incorporarse, pero le insistió en que lo tomara allí mismo.

 

                                                        III

 

 

Teresa había dormido sin la llamada de Alfonso. Acostada la cría, buscó el sueño en los programas nocturnos de cotilleos, o en ocasiones haciendo zapping durante la publicidad. Estaba perdiendo toda la esperanza cuando el teléfono sonó a media noche. Casi con un bostezo contestó la llamada, y tras un silencio incómodo volvió a preguntar quién llamaba, con el timbre de voz más grave y preocupada.

No contestó nadie. Únicamente recibió la intermitencia de la señal telefónica fuertemente en su pecho. Sin previo paso por el oído, le perforaba y debilitaba la piel.

Para colmo, el número no quedó grabado en la memoria del aparato. Quedándose dormida en el sofá, a las horas, con el sinsabor de la llamada perdida, y con la duda de la identidad anónima, martilleándole la sien hasta perder la conciencia.

La claridad del día, colándose por las cortinas, la despertó.

Tomó el desayuno, Marta aún dormía, pronto despertaría desvelada por la costumbre de madrugar para ir al colegio. Ella ya había intuido este hecho, y esperaba el acontecimiento con chocolate y churros, todo un ritual desde que Alfonso hacía meses lo propusiese. Hoy no estaría él, para bajar en un salto a la churrería del barrio residencial, por eso Teresa había sacado del congelador una bolsa de estos.

Qué sorpresa se llevará cuando se dé cuenta de que es sábado y no hay colegio. Pensó cuando oyó ruido en la habitación de su hija. Querrá pasar la mañana viendo la televisión, pero los planes eran otros. Había quedado con su hermana en el Parque del Retiro, empezaba la feria del libro, y Antonio Muñoz Molina firmaba su nueva novela. Era una gran ocasión para comprar la obra personalmente. Lo había leído todo de él, y desde hacía meses esperaba ansiosa una nueva publicación.

 

María no tenía más de 35 años, era su hermana mayor, y única amistad. Trabajaba como presentadora de noticias, en el canal autonómico de Madrid. Con una gran trayectoria aún por delante, dentro de la cadena.

En cambio, su hermana Teresa, lo había perdido todo en Madrid. Pues sus dos mejores amigas, por motivos de trabajo, primero marcharon a Barcelona, para posteriormente asentarse en el frío Londres.

Las había conocido diez años atrás, primero como compañeras de una importante empresa informática, luego estrechando lazos fuera de la oficina, saliendo a cenar en repetidas ocasiones con sus maridos. Hasta que aparecieron los hijos, y las veladas se fueron trasladando a los inmobiliarios. Ahora Laura y Rocío, mantenían su extraordinaria relación cerca, y Teresa había sido dejada a un segundo o tercer plano. Pues, esperaba la contestación de varios e-mailes desde hacía más de un mes, y aunque seguramente llegarían, excusados a más no poder, ella era consciente de que las estaba perdiendo.

 

 

Se sentaron en una terraza del parque de El Retiro, junto al lago en el que se divisaban las barcazas, cargadas de parejas en su mayoría. Alrededor de éste afluían curiosos viandantes en todas las direcciones. Marta permanecía inquieta en una silla, había dejado a medias un  batido, que minutos antes se había empeñado en tomar. Teresa le chantajeaba con no moverse de su asiento, a menos que se lo bebiese todo. Pero la niña seguía intentándolo interpretando caras de pena y lástima, bien aprendidas, por traerle sus frutos en otras ocasiones. Y  la ayuda adyacente de su tía, que picaba en el anzuelo de la chiquilla, exigiéndole a su hermana que tuviese más mano diestra. Pero Teresa lo tenía claro, si quería jugar con los otros niños, el batido tenía que ser  ingerido.

 

-         Anoche te llamé… - comenzó María, cambiándole el tono y el semblante. Reclamando en su interlocutora toda la atención. – Pero no te lo pude decir… - continuó.

-         O sea, ¿tú fuiste quién llamó y colgó sin decir nada? – interrogó Teresa, interrumpiendo a su hermana.

-         Sí. – Contestó ésta, tras una incómoda pausa.

 

Teresa miró a su hija, intentando disimular la preocupación que llevaba en su rostro. Y con el tono más cálido que pudo emplear, invitó a Marta a corretear por el parque. La cría no notó, desde su inocencia, ningún signo de interés por la conversación que dejaba atrás. Saltó trastabillada de la silla, para reunirse a un pequeño grupo de niños, que chillaban y saltaban con un juego, al parecer muy divertido.

Las dos mujeres adultas, se miraron seriamente. Después de intercambiar una sonrisa cándida, advirtiendo la ingenuidad de la joven.

 

-         ¿Qué me tienes que decir, María? – Teresa no quería postergar más el pellizco que le presionaba el pecho.

-         Hace unos días, me encontré por casualidad a Alfonso. ¿Te acuerdas el día que íbamos a quedar para ir de compras, que al final me llamaste que no podías ir? – María continuaba dando rodeos. Y la tensión en Teresa se hacía más palpable.

-         Sí, Marta tenía unas décimas de fiebre… - Dijo esto y calló, emblanqueciendo. Intuyendo lo que su hermana le quería comunicar. Pestañeó, y asintió, dándole permiso para comunicarle lo que ya podía entrever.

-         Me dijiste que Alfonso estaba de viaje. Pero esa misma mañana lo ví dentro de El Corte Inglés de Preciados. En la joyería de la planta baja.  Llevaba un regalo, que instantes antes habría pagado, porque lo ví guardando la tarjeta de crédito en la cartera. – María paró, veía cómo su hermana luchaba por no llorar en aquella terraza, poblada de público.

-         Sigue, por favor. – Teresa rogó con voz temblorosa, que acabase cuanto antes con aquel drama.

-         Unos metros antes de saludarle, me vino a la memoria lo del viaje. Tuve tiempo de esconderme tras una estantería, y pensé entonces que me habías engañado. Pero rápidamente, corregí mi pensamiento, y supe que el que te engañaba era él. – Sobre la tez de Teresa, empezaban a correr las primeras lágrimas. – Más aún, cuando lo escuché hablar por teléfono, a escasos metros, sin que me pudiese ver. Comprendiendo las sospechas que tenías de tiempo atrás. – María volvía a detenerse, ofreciéndole un pañuelo de papel a Teresa,  que sacó mientras contaba a empujones lo vivido.

-         ¡Qué hijo de puta, lo sabía, lo sabía, lo sabía…! – Se repetía, con la mirada puesta en el horizonte, perdida, hasta que encontró a Marta. Ésta la saludó, sin percibir la tristeza en su madre, totalmente integrada en el juego.

-         Nombró varias veces el nombre de Ana. ¿La conoces? – María finalizaba su relato, desvelando la última carta que guardaba.

-         Sí, es su secretaria. – Un nítido: lo sabía, se alumbró en su cara, como una convicción que ve la luz. – Lo sabía hermana, lo sabía, pero no quería verlo. No quería verlo.

 

Teresa comenzó a llorar, he intentó disimular, para no llamar la atención. Aunque ya había quien se había dado cuenta, quien seguía desde hacía unos minutos el desenlace de la historia. Personas carentes de conversación propia, que habían tomado como suyas la cruda conversación de las dos hermanas.

 

 

                                                        IV

 

Más de un año había pasado, desde la última vez, que Teresa y su  hija disfrutaron de un fin de semana en la casa de campo. La casa de las afueras, como habitualmente era conocida. Tanto tiempo, que dudó si fuese aquella blanca casona, que se iluminaba exteriormente, con pálidos faros.

Apagó la radio del coche, para concentrarse más en el carril de tierra imperfecto. Miró con interés a su hija, sirviéndose del espejo retrovisor. Se estaba desvelando a consecuencia del vaivén de tramo no asfaltado que conducía al chalet. Finalmente, reconoció el terreno por el coche de su marido, aparcado en la cuneta, junto a la verja, que quedaba a la derecha del polvoriento camino.

Paró el motor del vehículo, y se apeó, abriendo la puerta trasera y cogiendo a su hija ya despierta en brazos. La arropó con una manta, pues la noche era gélida. Despejada, pero el termómetro debía de rozar los cero grados allá en la Sierra.

Abrió la verja, dejándola a su paso abierta. Mandó callar a la niña, tras preguntarle ésta, si era el coche de papá, aquel aparcado junto a la puerta. Y mirándola muy gravemente, en un lenguaje que no tenía edades, le susurró al oído que permaneciera allí quieta, que no se moviera, que vendría rápidamente.

La pequeña obedeció. Se mantuvo allí de pie, en la entrada a la casa, con la puerta ya abierta, enrollada en la manta que su madre le había proporcionado, para aislarla del frío. No más de dos minutos, donde únicamente percibió el encender y apagarse de las luces. Y los pasos de su madre, más precipitados y ruidosos que a la ida. La cogió en brazos, y sin reparar en cerrar las puertas, la introdujo en la silla, en los asientos traseros del vehículo. Le dio un beso en la frente, le retiró la manta del cuerpo, y cerrando con precaución la puerta, se introdujo en el compartimento del conductor. Arrancó el coche, faltaban unos minutos para las cinco de la mañana. Llegarían antes del amanecer a la capital.

 

 

                                                        V

 

 

Carmela no recibía contestación de su hija, no era normal, acostumbrada a hablar diariamente con su madre cuando marchaba de viaje. De nuevo, el teléfono móvil le anunciaba que no había respuesta, acumulándose ya un sin fin de llamadas. A la vez, que un sentimiento de preocupación más grave.

Recogió la mesa, antes que la pereza la postrara en el sofá, y la telenovela la hipnotizara en el horario de sobremesa. Y ahora sí, con la conciencia tranquila, aunque preocupada aún por el silencio de Ana, se sentó y cambió el canal del televisor, buscando el inicio de la serie diaria.

Todavía aprovechaba la cadena local, unos minutos de anuncios, antes de empezar con la emisión de corazones salvajes. Publicidad que se vio interrumpida por un avance informativo.

Una joven con rostro serio,  disculpaba la paralización de la programación. A la izquierda de la imagen, se podía leer sucesos. Y con voz apenada, metiéndose en el papel, que exige la audiencia para estos casos, empezó a informar:

“Buenas tardes, disculpen que cortemos la emisión de la programación, pero han hallado los cadáveres de una pareja que dormía en su residencia de la Sierra Norte de Madrid. Según las autoridades policiales, el chalet permanecía abierto, no mostrando signos de violencia en las cerraduras de las puertas de acceso. Aún no se sabe el motivo del crimen. Aunque las primeras hipótesis hablan de un crimen pasional, al no coincidir la cara de la fallecida, con la de algunas fotografías vistas en el inmueble. Según los agentes que buscan algún indicio dentro de la casa. Perdón, me dicen que tenemos las primeras imágenes del lugar del crimen, conectamos con nuestro corresponsal Antonio Olmedo.

-         Buenas tardes, Antonio. – La imagen de la presentadora se extinguió, y apareció un joven, que permanecía rígido en la entrada del chalet, cercado por unas bandas de cintas donde se leía guardia civil.

-         Buenas tardes, María. Acabamos de conocer que el chalet que pueden ver, tras de mí, es del empresario madrileño Alfonso Melendo. Ubicado en el término de Somosierra, en la Sierra Norte de Madrid, a unos 93 kilómetros aproximados de la capital. El conocido empresario, colaboraba últimamente en el proyecto del nuevo estadio deportivo, con vistas a Madrid 2016. Además de sus conocidas intervenciones en tertulias, en cuestiones políticas, en varias cadenas de televisión nacional.

Tras un silencio, el periodista buscaba algún comentario desde el estudio. Pero no llegaba, manteniéndose incómoda la imagen, sobre éste.

Al apreciar que no recibía ninguna palabra desde los estudios centrales de Telemadrid, creyó que lo más conveniente era continuar:

 

-         Hasta el momento, María, no sabemos las causas del crimen, aunque desde hace unos escasos minutos, como informabas, estamos al corriente de que la chica que compartía la escena del crimen, junto a Alfonso Melendo, no es su esposa. – Tras el informador, comenzó a darse un clamoroso ajetreo entre los presentes. Éste continuaba informando, ignorando que tras de sí, asistentes sanitarios, junto a agentes de la guardia civil, sacaban los cuerpos de la residencia de descanso del mediático Alfonso Melendo.

-         Perdona Antonio – interrumpiendo al reportero, emergió una voz varonil desde los estudios. – Estamos viendo en las imágenes, que en este momento sacan los cuerpos de las víctimas. – Antonio Olmedo, se giraba, y veía como podía alimentar unos instantes más de información, con los nuevos acontecimientos que se vivían.

-         ¿María? Sí, en estos momentos sacan los dos cadáveres del interior del chalet. Vemos al jefe policial, hablando con el juez, en el instante que introducen los restos mortales en los vehículos funerarios. Vemos que llevan algunas prendas de vestir y objetos,  que le dan a otros agentes. La multitud no sale de su asombro, ya conocemos que la muerte ha sido provocada por múltiples cuchilladas. Innumerables parecen ser. Apreciamos restos de sangre sobre las sábanas de los cuerpos yacientes. – La imagen volvió a los estudios, un presentador con gafas y perilla, ocupaba el centro de la imagen. No dejaron tiempo al enviado de despedirse, únicamente unas palabras del  nuevo tipo:

-         Gracias Antonio Olmedo,  por la información, estaremos pendientes de las novedades. En nuevos boletines informativos, les pondremos al corriente de la investigación policial, de este último suceso ocurrido en Somosierra. Disculpen a nuestra compañera María, que ha tenido que ser atendida por un ataque de ansiedad. Ahora continuamos con nuestra programación habitual, les dejamos con un nuevo episodio de la telenovela Corazones salvajes”. 

 

Directamente, como había anunciado el presentador, sin intercalar anuncios publicitarios. Sin demorar más la emisión de la serie. Comenzó Corazones salvajes, con aquella pegadiza canción que tarareaba todas las tardes Carmela.

Pero aquella tarde, el débil corazón de Carmela se había detenido minutos antes, tras unas salvajes palpitaciones padecidas, al reconocer el anorak que el jefe de policía le pasaba a uno de sus subordinados.

Salvaje hasta detenerse, resultado de la brusquedad de hallar la evidencia. La respuesta de por qué su hija no le cogía el teléfono. Vio el anorak, imaginó el cuerpo menudo de Ana bajo la ensangrentada sábana, y dejó de sentir.

 

 

 

 

 

 

 

La llamaban constancia

La llamaban constancia

Hace unos días, oía una cita que no me dejaba indiferente. Una de esas frases que te roban un tiempo para ser pensadas: la vida es eso que pasa, mientras nosotros hacemos otros planes.

Planes que no llegamos a concretar, por nuestro inconformismo innato, o carencia de constancia. Planes que hacemos y deshacemos, mientras la vida pasa por delante de nuestras narices.

Por ese motivo, hay libros de auto – ayuda para dejar de fumar, para llevar una vida saludable aligerando unos kilitos, otros que te enseñan a sobrevivir… en definitiva, se ha escrito de todo. Pero no se sabe cómo debe vivirse ésta. Y cuando hablo de ésta, me refiero a la vida. A eso que se esfuma en silencio, mientras nos complicamos nuestra supervivencia, con banalidades.

No hay un manual nítido, que heredemos de generación en generación, donde se nos explique nuestros pasos sobre la faz de La Tierra.

Nos aconsejan que no dudemos en nuestras elecciones, que tomemos las alternativas con decisión, una vez razonadas. O, en cambio, que nos dejemos guiar por nuestros sentimientos, que no nos comamos el coco.

Pero ya actuemos, de un modo u otro, a mí siempre me queda la sensación de que pudo ser mejor. O, al menos, de otro modo.

También, nos señalan que nos marquemos metas asequibles, que tengan un horizonte cercano.

Por esta razón, cuando te embarcaste en la cruda elección de estudiar unas oposiciones, de tal calibre, ni por asomo pensaste que pudiera ser tan duro el camino a realizar. Tu plan sacrificaría parte de tu vida, para un mejor futuro, no garantizado. Un plan arriesgado, sin duda. Una valiente apuesta, al alcance de una minoría.

Un movimiento a largo plazo, que coqueteaba, a menudo, con las lindes del fracaso.

Por eso, a toro pasado, las cosas se van viendo con un optimismo, antaño no imaginado. Con un colorido vivaz, que esconde los apagados tonos del pasado, aún no digerido del todo.

 

Cómo olvidar, el esfuerzo que te ha supuesto lograr tan difícil objetivo. Levantarme a las ocho o a las nueve de la mañana, y verte a diario en tu puesto de trabajo. O despertarme, los días de descanso, oyendo enlazar parrafadas infumables, de ese lenguaje obsoleto que mantiene el derecho.

Encontrar tu silueta sobre la silla azul, en el pequeño zulo que bautizamos como la habitación de estudio. Chocar con el rastro de tabaco y café recién hecho, camino al cuarto de aseo.

 

 

 

Tu aventura comenzó un 07 de Marzo de 2005.

La llamaban constancia, cosa que se dice de alguien, alabando una trayectoria regular. Un continuar pese a las trabas. Un ejercicio de perseverancia continuado, muy cercano al masoquismo. Un decir sí, pese a que tu cuerpo piense un no. Constancia es, en definitiva, tirar para adelante del carro, con firmeza, sacrificando muchas cosas, ansiando una meta.

 

Siete meses después, nos presentaron en el ruido de la noche. Húmeda de alcoholes, en una fría discoteca elitista. Y tras unas abruptas, primeras conversaciones, comprendí que eras el norte que andaba buscando.

Aparte de sincera, con pinceladas bordes, tenías las ideas muy claras. Yo, en cambio, sólo tenía planes y más planes, (vivía sin vivir).

Nuestra independencia, al tiempo, fue un paso valiente, otro más. Demostrando que el estudio y la convivencia de pareja, no están reñidos. Y no me hizo falta mucho tiempo, para rumiar el sacrificio que hacías todos los días. Vivirlo como lo había bregado tu madre tiempo atrás, o los martes que compartías con ella, en la visita semanal a casa de tus padres.

 

Un día decidí, que debíamos ser uno más en casa. Pensando en aliviarte las largas horas de estudio, sola en casa…

Jamás pensé, que pudiera cogerle tanto cariño a un animal. Me tuve que tragar, nuevamente, mis prejuicios. Humanizando comportamientos que anteriormente hubiese achacado al instinto. Así Pipo, nuestro joven gato, ha conseguido lo que buscaba de él, amenizar la convivencia, que te hiciera compañía, y, con el tiempo, alzarse en el objeto mimado de nuestro hogar.

 

No he dejado de aprender cosas a tu lado: a ser casi - puntual, a agradecerle a mis padres sus esfuerzos, por muy ñoños que parezcan, e incluso me impulsaste a continuar los estudios universitarios.

 

Como tú, llevo algo más de una semana sin digerir lo que has conseguido. Me parece tan raro poner música en casa, que salgamos de compras, que vayas a la playa, o que te arregles para irte con tus amigas...

Seguramente, lo empieces a asimilar al tiempo, cuando tengas que repetirte, una y otra mañana, hoy no tengo que estudiar.

A mí, me felicitan, por la parte que me toca. Y quiero pensar que lo hacen por el hecho de compartir vida contigo. Y por desearnos una existencia más relajada y plural.

También quisiera yo felicitarte hoy, por la parte que te toca.

 

 

P.D.: Manda huevos que las dos últimas veces que lloré lo hiciera en Madrid, en la Calle Hernani. Pero qué diferentes la una de la otra.

La pintura

La pintura

Cuánto tiempo desde la última aparición por el blog, desde entonces hasta ahora han pasado cosas destacadas:

- El nacimiento de dos blogs, uno con la participación de los compañeros de trabajo, (http://clubdefansbanderafarfan.blogia.com) y el otro con los amigos del barrio. (http://losportales.blogia.com). Ambos con menor participación de la que esperaba.

- La boda de David y Raquel. Aún recuerdo cuando lo ví a él por primera vez. Corría huyendo de sus primos, por los jardines de Los Guindos. Con un mono (prenda de vestir que ya no se ve), y unas botas Dr.Martens (esas que pondrían de moda los skin heads).

- Mis exámenes de Junio, fueron bien. Aprobé las 4 asignaturas que me presenté. Dejé una para Septiembre, por eso de que el que mucho abarca, poco aprieta... ya veremos.

En definitiva, casi todo sigue igual, con algunos pequeños cambios.

Pero sin duda, en este tiempo, empecé a aficionarme a la pintura. De hacía ya tiempo me interesaba, pero no me atrevía a comenzar. Y ha sido gracias a la asignatura de Estética, por la que he recibido el impulso necesario. Y, leyendo "La invención del arte" de Larry Shiner, obtuve la total convinción de que al menos, debía de intentar aprender a pintar.

Lo primero que hice, fue informarme de todos los materiales que tenía que conseguir. Para eso está Internet. Luego intenté descargar un buen curso de pintura al oleo, que es la especialidad que he elegido. Otra tarde me fui a comprar el maletín, la paleta y los primeros lienzos. Y esa misma tarde, tras llamar al que fue mi mejor entrenador de fútbol, a razón de que es un gran pintor, me invitó a que fuese a su taller, y me iniciara allí.

Así que eso hice, y el pasado Jueves día 2 de Julio comencé a tener las primeras sensaciones. Posteriormente, en casa he comenzado dos nuevos cuadros, uno sobre lienzo, y el otro sobre madera. Ya iré colgando fotografías de estos 3 primeros cuadros, y de los que vayan viniendo, para eso he abierto un nuevo tema: "pinturas".

Mientras cerraba este artículo, acaban de confirmar la fecha de examen de Marina: Martes 14, a las 16:30 de la tarde, en segundo lugar.

¡Sí, sí, sí, nos vamos a Madrid!

Otoño

Ha nacido mi primer libro. Una recopilación de poemas y canciones, (cosas nuevas y viejas),  que bajo el título Otoño, ya he publicado en Internet:

http://www.lulu.com/content/libro-tapa-blanda/oto%c3%91o/6470865

 

Los otros dos, tendrán el título de Travesía (relatos) y Brújula (reflexiones varias).

Aquí dejo la contraportada de Otoño, por ser el primero, está dedicado a mis padres:

……………………………………………………………………………….

No puedo recordar, cuándo fue la primera vez que me enfrenté, a la blancura de un folio. Tampoco, qué acontecimiento me empujó a ello. A día de hoy, el hábito se ha forjado discontinuo, gracias a épocas fértiles, que unas veces precedieron a lagunas creativas, y otras irrumpieron en éstas, devolviéndome el gusto por escribir.

Por otra parte, siempre, me acompañó la idea de crear un gran proyecto, llámese novela. Aunque de momento, esas iniciadas tentativas que surgieron, duermen en el disco duro de mi ordenador, o en algún cajón ganando polvo, con el paso de los días. Otras, en cambio, tomaron el cuerpo de improvisados relatos.

"OTOÑO", pertenece junto a "TRAVESÍA" y "BRÚJULA", a una trilogía que recoge quince años de intermitentes escritos.

Entre estas líneas, fluyeron pensamientos que escaparon a la eternidad de las palabras, a la dictadura de lo escrito. Por eso, siempre habrá oculto tras su estructura, algo de lo que fui, algo que soy, y algo de lo que he querido ser... reflejados en textos en los que ya no me reconozco, pero son una parte de lo que he sido, y por tanto, he creído conveniente incluirlos.

……………………………………………………………………………….

 

 

CLASIFICACIÓN VIII RUTA MTB CASARABONELA

CLASIFICACIÓN VIII RUTA MTB CASARABONELA

Aquí os dejo la clasificación de la prueba:

CLASIFICACIÓN
VIII RUTA BICICLETA DE MONTAÑA DE CASARABONELA.
28 de FEBRERO 2009



PUESTO -
Nº DORSAL -NOMBRE -APELLIDOS -TIEMPO de REFERENCIA
1
887 MIGUEL ANGEL FLORIDO MARMOLEJO 1 h. 20 m. 00 s. Club Ciclista Coín
2 211 AGUSTÍN CANTO NARVÁEZ a 1m 30s Club Ciclista El Burgo
3 159 GUSTAVO ARENAS CUESTA a 4m 02s
4 815 JOSÉ LUÍS GALLARDO RELINQUE a 4m 28s
5 174 JESÚS RIC MILLÁN a 5m 31s
6 161 FERNANDO MATÍAS HEREDIA a 5m 32s
7 997 ANTONIO CAMACHO RUÍZ a 5m 49s
8 818 FRANCISCO JAIME CANCA a 5m 50s
9 203 JUAN ANTONIO MARTÍNEZ MARTÍNEZ a 6m 07s
10 880 ANTONIO MORENO NUÑEZ a 7m 08s
11 225 DAVID SOTOZCA 0 a 8m 02s
12 162 ELADIO MANZANO BARBERO a 8m 03s
13 205 RAFAEL GUILLÉN RODRÍGUEZ a 8m 04s
14 204 ANTONIO MELERO ROMERO a 8m 05s
15 806 DAVID LEON JIMÉNEZ a 8m 30s
16 181 FRANCISCO JAVIER CANTERO RÍO a 8m 58s
17 197 FRANCISCO CHAMIZO VALDERRAMA a 9m 33s
18 223 DIEGO JESÚS PLAZA ANGULO a 10m 08s
19 184 MANUEL GARCÍA GARCÍA a 10m 14s
20 991 DAVID BERTOS MOLERO a 10m 31s
21 994 JUAN CARLOS ROMERO RODRÍGUEZ a 10m 38s
22 182 JOSÉ ANTONIO RÍOS CABRILLANA a 10m 38s
23 996 EUGENIO LÓPEZ MARTÍNEZ a 10m 38s
24 960 ISMAEL RAMÍREZ LÓPEZ a 11m 30s
25 231 JUAN MIGUEL TORO ROMERO a 11m 52s
26 867 JUAN MANUEL GARCÍA LÓPEZ a 12m 51s
27 878 MIGUEL ANGEL CARVAJAL VALDERRAMA a 12m 52s
28 883 RAYMOND CASTRO JIMENEZ a 13m 10s
29 157 ANTONIO ISAAC GUERRERO GUTIÉRREZ a 13m 10s
30 889 FRANCISCO SEPULVEDA RUEDA a 13m 10s
31 888 JUAN FRANCISCO TRUJILLO GOMEZ a 13m 11s
32 995 JAVIER MATA GONZÁLEZ a 13m 11s
33 180 LORENZO RÍO LÓPEZ a 13m 11s
34 885 JUAN ANAYA BLANCO a 14m 00s
35 854 DAVID AGUA PARRA a 14m 09s
36 985 PEDRO DE LA TORRE MERINO a 14m 15s
37 140 FRANCISCO JOSÉ GARCÍA SÁNCHEZ a 14m 40s
38 132 MIGUEL SÁNCHEZ FREGENAL a 14m 45s
39 992 GREGORIO BLANCO ANULA a 14m 54s
40 816 JACOBO FEJOO JUSTE a 15m 20s
41 868 ANTONIO SERÓN GÓMEZ a 16m 00s
42 864 BERNARDO BRAVO MILLÁN a 16m 07s
43 227 JOSÉ LUÍS GARCÍA RODRÍGUEZ a 16m 48s
44 170 ANTONIO JOSÉ LORENTE FERNÁNDEZ a 16m 48s
45 858 MANUEL MIGUEL GONZÁLEZ DUEÑAS a 17m 10s
46 865 SALVADOR SANTOS LÓPEZ a 17m 21s
47 838 ANDRÉS CERRILLO ZORNOZA a 17m 22s
48 804 MARTÍN TOTTÉ JOB 0 a 17m 42s
49 937 FRANCISCO JAVIER VARGAS GONZÁLEZ a 17m 55s
50 906 JUAN CARLOS REOLID MARTIN a 18m 02s
51 879 MANUEL SANCHEZ FLORES a 18m 02s
52 869 ANTONIO GARCÍA LÓPEZ a 18m 45s
53 805 FRANCISCO JOSE JAIME RODRIGUEZ a 18m 45s
54 962 JOSÉ ÁNGEL MONTORO GÍL a 18m 45s
55 938 ANTONIO ESCALERA RUÍZ a 18m 45s
56 169 DIEGO GAZQUEZ DE ORIA a 18m 45s
57 228 ÁLVARO ORDÓÑEZ NARANJO a 18m 45s
58 168 JAVIER CANO MONTES a 18m 45s
59 857 DIEGO BENÍTEZ BERMÚDEZ a 18m 45s
60 988 ANTONIO JESÚS VILLENA SEVILLA a 19m 10s
61 882 FRANCISCO J. RODRIGUEZ GARCIA a 19m 18s
62 961 JAVIER GARCÍA VALLEJO a 19m 20s
63 172 ANTONIO FRANCISCO GARCÍA ESPINOSA a 19m 30s
64 808 CARLOS ARIZA RECIO a 19m 30s
65 936 ANTONIO PÉREZ MARÍN a 19m 35s
66 817 CRISTÓBAL JAIME CANCA a 19m 40s
67 820 MIGUEL GARCÍA LÓPEZ a 20m 07s
68 188 SERGIO LÓPEZ RODRÍGUEZ a 20m 18s
69 183 JUAN MUÑÓZ MORA a 20m 31s
70 924 ISMAEL LUQUE LUQUE a 20m 43s
71 193 LUÍS FRANCISCO DE LACA SÁNCHEZ a 20m 43s
72 853 FRANCISCO DANIEL GONZÁLEZ MARTÍN a 21m 21s
73 850 JUAN CUETO CUENCA a 22m 00s
74 925 JUAN CARLOS MOLINA LUQUE a 22m 00s
75 812 ARMANDO ZUGASTI SALADO a 22m 00s
76 229 FRANCISCO RIVERA ESCOBAR a 23m 20s
77 809 BENJAMÍN LEWIS NOT a 23m 20s
78 803 ANDRÉS MATA SALA a 23m 20s
79 983 JUAN JESÚS ORDÓÑEZ MONTESINOS a 24m 07s
80 914 RAÚL SALIDO MARZO a 24m 20s
81 222 JUAN CARLOS MORALES BONILLA a 24m 20s
82 916 ALEJANDRO HUÉRCONO CORVERO a 24m 20s
83 855 GUILLERMO BENÍTEZ PEDRAZA a 24m 20s
84 825 MANUEL ÁVILA ESCOBAR a 24m 38s
85 232 MIGUEL ROJO NIETO a 24m 54s
86 926 EMILIO LUQUE MORALES a 26m 06s
87 224 TRISTÁN GONZÁLEZ FRANCO a 26m 30s
88 185 JOSÉ JUAN MARTÍNEZ MARTÍN a 26m 57s
89 907 PABLO REJA GONZALEZ a 27m 11s
90 131 TOMÁS RENEDO SAN JOSÉ a 27m 17s
91 944 JOSÉ FRANCISCO GONZÁLEZ CORTÉS a 27m 44s
92 963 MIGUEL TERNERO TERNERO a 28m 08s
93 137 PEDRO NARANJO GONZÁLEZ a 28m 46s
94 953 JUAN FRANCISCO VERA FLORIDO a 28m 58s
95 130 J.DAVID JIMÉNEZ FERNÁNDEZ a 29m 10s
96 194 JOSÉ ANTONIO CASELLA TORRES a 29m 10s
97 148 SAMUEL RUÍZ MÉRIDA a 29m 10s
98 831 0 0 0 a 29m 10s
99 966 SERGIO MEDINA RODRÍGUEZ a 29m 10s
100 877 RAFAEL RAMOS SEDEÑO a 29m 29s
101 920 JUAN GREGORIO TOVAR GÁMEZ a 29m 35s
102 928 MIGUEL ANGEL GARCÍA SOLÍS a 29m 56s
103 976 DAVID GAMBOA CARRASCO a 29m 56s
104 810 ENRIQUE ZULUETA PANIAGUA a 29m 56s
105 909 JOSE ANTONIO GARCÍA RUÍZ a 30m 34s
106 881 MIGUEL RECIO ANDRADES a 30m 54s
107 827 MANUEL MUÑOZ FERNÁNDEZ a 31m 15s
108 965 ANTONIO GÓMEZ PICÓN a 31m 45s
109 915 JOSÉ ANTONIO AZUAGA CAMPOS a 31m 49s
110 807 JAVIER VARGAS VARGAS a 32m 22s
111 145 JOSÉ ANTONIO BAUTISTA MUÑÓZ a 32m 54s
112 981 ANTONIO ZAMBRANA FUENTES a 33m 03s
113 917 ÁLVARO LÓPEZ MARTIN a 33m 03s
114 163 MIGUEL ANGEL MACIAS MARTÍN a 33m 18s
115 149 JESÚS ELENA MORALES a 33m 25s
116 226 ANTONIO ÁVILA MARTÍN a 33m 48s
117 832 ANTONIO HOYOS GAMARRO a 34m 00s
118 833 JULIAN GARCÍA CAMPOS a 34m 00s
119 147 ANTONIO MUÑÓZ MÉRIDA a 34m 00s
120 911 JOSE MIGUEL RUBIO PRIETO a 34m 00s
121 989 ANDRÉS AMAYA GARCÍA a 34m 41s
122 939 ANDRÉS JESÚS BELMONTE RODRÍGUEZ a 35m 04s
123 943 DANIEL RODRIGUEZ GÓMEZ a 35m 19s
124 923 SALVADOR HERNÁNDEZ LÓPEZ a 35m 19s
125 861 FRANCISCO SALAS ORTÍZ a 35m 40s
126 201 FRANCISCO JAVIER VERA JIMÉNEZ a 36m 00s
127 935 MÁXIMO JESÚS RIERA FERNÁNDEZ a 36m 01s
128 955 JAVIER MORENO BLANCO a 36m 38s
129 884 JULIO RIO BANDERA a 36m 50s
130 166 JUAN JOSÉ MUÑÓZ GÓMEZ a 38m 03s
131 919 ÁLVARO CUEVAS VALLE a 38m 32s
132 156 GERMÁN RIVERA GONZÁLEZ a 38m 32s
133 968 SAÚL BERROCAL ALCÁNTARA a 38m 37s
134 934 RAÚL VALLEJO PENDÓN a 39m 24s
135 852 SALVADOR SÁNCHEZ ENRÍQUEZ a 40m 49s
136 802 ANTONIO ORDEN COS a 41m 00s
137 975 JUAN PLAZA BENÍTEZ a 41m 00s
138 930 JOAQUÍN TORRES MEDINA a 41m 00s
139 209 ÁLVARO QUIJADA ABUJA a 41m 00s
140 813 ALBERTO GONZÁLEZ RAYA a 41m 00s
141 952 ANTONIO LOBATO RODRÍGUEZ a 43m 28s
142 990 JOSÉ ANTONIO PÉREZ GONZÁLEZ a 43m 28s
143 212 RAFAEL AGUERA ENRÍQUEZ a 43m 50s
144 964 JESÚS MORALES GÓMEZ a 43m 51s
145 973 JUAN CONEJO SUÁREZ a 44m 00s
146 208 JUAN JOSÉ RAMÍREZ CEPERO a 44m 17s
147 908 SERGIO PANIAGUA MARTIN a 44m 39s
148 155 GUILLERMO JIMÉNEZ ESCALERA a 44m 41s
149 158 JOSÉ MANUEL POSTIGO LUNA a 45m 26s
150 956 TENENCIO PINEDA MIRALLES a 45m 26s
151 164 CRISTÓBAL MUÑÓZ GÓMEZ a 45m 33s
152 972 SERGIO GUTIÉRREZ BLANCO a 46m 26s
153 860 FRANCISCO SANTOS VILLALOBOS a 47m 05s
154 196 PEDRO ARIAS TRUJILLO a 47m 25s
155 215 LEANDRO LEOTTE LOMEÑA a 47m 54s
156 190 JOSÉ ANTONIO FERNÁNDEZ CONEJO a 48m 22s
157 175 JUAN PABLO ELENA MORALES a 48m 37s
158 192 FRANCISCO FERNÁNDEZ CONEJO a 48m 38s
159 940 ÁLVARO BARRAGÁN GÓMEZ a 48m 52s
160 828 ANTONIO LLAMAS LÓPEZ a 50m 26s
161 829 JUAN ANTONIO CARO RODRIGUEZ a 50m 26s
162 165 JOSÉ MANUEL CUENCA TORRES a 50m 26s
163 191 ISMAEL DÍAZ RUÍZ a 51m 00s
164 982 ALFONSO RIOBOO 0 a 51m 00s
165 129 MANUEL ENCISO GARCÍA-OLIVEROS a 51m 00s
166 206 JOSÉ DAVID RUÍZ FERNÁNDEZ a 51m 00s
167 971 ANTONIO GARCÍA RIVERO a 52m 38s
168 811 ANTONIO CLOS SIERRA a 52m 48s
169 959 JUAN CARLOS MANCERO CORTÉS a 53m 15s
170 128 J. GONZALO WANGUEMER PÉREZ a 53m 31s
171 171 VÍCTOR CLAVERO MONTENEGRO a 53m 38s
172 851 DAVID JESUS FERNÁNDEZ SALAS a 54m 14s
173 189 JOSÉ SÁNCHEZ BAUTISTA a 54m 31s
174 MANUEL GAMARRA a 54m 54s
175 824 FRANCISCO FERNÁNDEZ CABALLERO a 55m 12s
176 823 JOSE ANTONIO MUÑOZ CARRERO a 55m 16s
177 839 F. JAVIER RUIZ PORRAS a 55m 40s
178 177 JOSÉ ANTONIO GARCÍA PIÑERO a 56m 29s
179 912 FAUSTINO DOMÍNGUEZ GUTIÉRREZ a 56m 36s
180 870 MANUEL HIDALGO MORÓN a 56m 37s
181 195 DIEGO JESÚS GONZÁLEZ ARAGÓN a 56m 40s
182 178 JOSÉ MANUEL BIEDMA FERNÁNDEZ a 57m 22s
183 890 ALFONSO CUENCA TRUJILLO a 57m 22s
184 932 SALVADOR CONTRERAS MUÑÓZ a 57m 42s
185 198 JUAN JOSÉ GONZÁLEZ NAVARRO a 57m 42s
186 800 JOSE LUÍS BLANCO LÓPEZ a 57m 55s
187 173 FRANCISCO NAVARRO GUZMÁN a 58m 10s
188 913 JUAN JOSÉ SÁNCHEZ POSTIGO a 58m 40s
189 841 JOSE MIGUEL GARCÍA BUENO a 58m 42s
190 918 CARLOS JESÚS ÁLVAREZ LEON a 58m 42s
191 876 J. CARLOS BENION DE LA CRUZ a 58m 42s
192 969 JOSÉ JIMÉNEZ MORENO a 58m 56s
193 941 WEILAND PECKMANN 0 a 59m 47s
194 903 JAVIER DEGADO CID a 59m 47s
195 931 JAVIER SABURIDO GÁLVEZ a 59m 50s
196 933 RAFAEL TRIGUEROS FERNÁNDEZ a 59m 55s
197 970 RAÚL JIMÉNEZ COTTA a 1h 0m 54s
198 945 MANUEL LEON FLORES a 1h 1m 05s
199 822 FRANCISCO JOSE GÓMEZ TIRADO a 1h 1m 05s
200 901 GINÉS JIMENA CALDERÓN a 1h 1m 25s
201 980 ANTONIO MARTÍN MERCHÁN a 1h 2m 14s
202 910 DANIEL DOMÍNGUEZ ARANDA a 1h 2m 53s
203 840 FRANCISCO JOSE PÉREZ PÉREZ a 1h 2m 58s
204 993 JEAN GERMAN DEUBEL a 1h 4m 05s
205 134 LUÍS ALBERTO RODRIGUEZ SAN ANTONIO a 1h 4m 05s
206 213 JOSÉ ANTONIO DOBLAS SÁNCHEZ a 1h 4m 05s
207 950 DAVID CORTÉS GALLEGO a 1h 4m 38s
208 951 ANTONIO MANUEL RUÍZ MONTERO a 1h 5m 11s
209 144 ANTONIO HERNÁNDEZ VILLANUEVA a 1h 6m 30s
210 921 BENJAMÍN CARRASCO ARENAS a 1h 6m 30s
211 150 FRANCISCO JAVIER ELENA MORALES a 1h 7m 30s
212 902 SERGIO CLARES GAGO a 1h 7m 44s
213 958 JORGE FUSTER SÁNCHEZ a 1h 8m 51s
214 859 SALVADOR GUERRERO JIMÉNEZ a 1h 10m 38s
215 167 JOSÉ MARÍA CUÑADO BERNAL a 1h 11m 10s
216 842 JUAN JOSÉ CAMPOS CAMPOS a 1h 11m 45s
217 986 JOSÉ ADOLFO MOYA ANDRADES a 1h 11m 45s
218 848 ANTONIO PÉREZ ORTEGA a 1h 11m 45s
219 896 ANTONIO MÉRIDA JIMENEZ a 1h 11m 45s
220 954 CARLOS YUSPE RIVAS a 1h 12m 10s
221 891 DIEGO GONZALEZ GONZALEZ a 1h 13m 15s
222 977 NACHO BERENGUER PALMA a 1h 13m 40s
223 974 ANTONIO JAVIER BERROCAL COTTA a 1h 14m 24s
224 978 ANTONIO DÍAZ GALLARDO a 1h 14m 24s
225 898 FRANCISCO CASAS FRÍAS a 1h 15m 20s
226 219 JESÚS PÉREZ GUERRA a 1h 15m 30s
227 138 JUAN JOSÉ CASTILLO CUESTA a 1h 15m 59s
228 153 FERNANDO JOSÉ BERNAL GARCÍA a 1h 16m 10s
229 218 PEDRO MARTÍN JIMÉNEZ a 1h 16m 40s
230 217 RAFAEL ÁNGEL MATAS RODRÍGUEZ a 1h 16m 50s
231 946 MIGUEL ANGEL HIDALGO AGUILAR a 1h 16m 50s
232 821 JUAN Fº GARCÍA ESCUDERO a 1h 16m 50s
233 905 ANTONIO PADILLA DOMÍNGUEZ a 1h 16m 50s
234 979 ALFONSO MARTÍNEZ RUÍZ a 1h 16m 50s
235 846 JOAQUIN LOPEZ CORDERO a 1h 16m 50s
236 176 JOSÉ ANTONIO BAUTISTA RECIO a 1h 16m 50s
237 844 ANTONIO ROMERO GONZÁLEZ a 1h 16m 50s
238 999 DANIEL GÓMEZ SÁNCHEZ a 1h 19m 30s
239 922 MANUEL GORDILLO MARTÍN a 1h 19m 45s
240 845 JOSE MANUEL CROOKE VILELA a 1h 20m 20s
241 826 MANUEL PONCE BEJARANO a 1h 22m 10s
242 942 MIGUEL ANGEL MADERO OSUNA a 1h 22m 10s
243 875 ALONSO ALES MARTIN a 1h 22m 21s
244 135 JOSÉ ANTONIO ALARCÓN URBISTONDO a 1h 22m 27s
245 133 ALFONSO PÉREZ RUÍZ a 1h 23m 00s
246 874 JOSE MARIA REINA ALES a 1h 23m 55s
247 200 JOSÉ ANTONIO GÓMEZ SÁNCHEZ a 1h 23m 55s
248 927 JUAN MANUEL GANDARÍAS LÓPEZ a 1h 24m 30s
249 987 ANTONIO NAVAS PAREJA a 1h 24m 30s
250 873 LUIS REINA ALES a 1h 24m 41s
251 830 JOSÉ MANUEL VARGAS GUERRERO a 1h 24m 41s
252 947 JOSÉ JESÚS MORENO PEINADO a 1h 25m 05s
253 179 MIGUEL RIVAS MACÍAS a 1h 25m 05s
254 949 FRANCISO JAVIER JIMÉNEZ GAMBERO a 1h 25m 05s
255 834 JOSÉ BAEZ BAEZ a 1h 27m 01s
256 948 JUAN CORTÉS 0 a 1h 27m 01s
257 872 ALONSO REINA ALES a 1h 29m 14s
258 871 ANTONIO MORILLO MORILLO a 1h 29m 40s
259 186 SALVADOR PALMA ROJAS a 1h 32m 58s
260 216 JOSÉ PALMA GARCÍA a 1h 32m 58s
261 900 JESÚS GONZALEZ HERRERA a 1h 37m 10s
262 847 CARMELO SANTACLOTILDE RUIZ a 1h 38m 00s
263 897 JUAN ANTONIO RODRIGUEZ FERNÁNDEZ a 1h 39m 29s
264 160 LORENZO MORENO GONZÁLEZ a 1h 43m 23s
265 207 RAMIRO ENRÍQUEZ CALVO a 1h 47m 50s
266 967 SERGIO MEDINA MENDOZA a 1h 52m 15s
267 835 FRANCISCO DE LA TORRE FAZIO a 1h 52m 15s
268 862 GEMA SÁNCHEZ VÁZQUEZ a 1h 55m 25s
269 146 RICARDO LORENZO LÓPEZ a 1h 52m 22s

De los 300 participantes que dice la organización que hubo, 269 finalizamos la prueba. Aquí dejo mis tiempos, de todo el trazado, contando la marcha cicloturista y la carrera en sí, para tener una constancia:

- Velocidad media: 13,14 kms/h

- Velocidad máxima: 51,8 kms/h

- Distancia total recorrida: 51,36 kms

- Tiempo total: 3 horas, 54 minutos y 32 segundos

Los tiempos de la prueba cronometrada son los siguientes:

- Tiempo total: 2 horas, 35 minutos y 59 segundos

- Velocidad media: 12 kms/h aprox.

- Distancia a meta: 32 kms.

Esto es todo, amigos. Hasta la próxima crónica.

Por cierto, el figura de la foto, es el individuo que ganó la carrera... de otra galaxia!!!