Blogia

La Morada del Unicornio

POEMAS DE INVIERNO V

Lluvia resbala por tus mejillas

esta fría mañana...

la neblina recorta el horizonte de nuestras miradas.

Se cierran tus pupilas con las mías.

Te arranco un beso, y tu abrazo me humedece.

Postergando el escalofrío que llegará con tu adiós.

No noto el frío hasta el momento que giras la esquina,

y todo me parece más oscuro,

más triste quedan las aceras sin ti...

El crepitar de las hojas acompasa mis pasos,

en la duda de correr tras de ti, postergando la inevitable despedida.

Pero nuestras pisadas se alejan, encendiendo un rumor roto.

Ya oigo la locomotora aullar, y te imagino tan lejos que me duele

el no tenerte cerca.

Pronto la distancia será mayor, aunque permanezcas a diario

en mis pensamientos y deseos rutinarios.

El amor no mata, pero crónica es la herida que dejas en mi pellejo.

En este mustio amanecer, que los días aceleraron...

No queriendo aplazar más nuestro apego,

me pregunto qué seré en esas horas que compartía junto a ti

cuando los relojes parábamos, entre besos

caricias, hablando del mañana, de lo por venir.

POEMAS DE INVIERNO IV

Cálida cae la llovizna sobre las grises aceras

consumándose la noche prematura

que me invita a reflexionar.

Pálido en el asombro del recuerdo

conjugo mis pasos mecánicos sobre el piso mojado.

Mientras las palomas se precipitan en buscar refugio

no encuentro dónde ir...

El triste otoño trae los abrigos

mientras la lluvia nos borra la playa

guardando en los roperos las sombrillas y al mismísimo Sol.

Resbala un trago de mate por mi garganta

agradeciendo el calor que me fragua por dentro

empañando el ventanal que elimina el tintineo de las gotas

que al caer escapan a mis oídos.

El ambiente es tranquilo en la tetería

fuera siguen cayendo las hojas de los castaños.

Con la caducidad perfecta que tienen las estaciones

me aborda la depresión otoñal, la ausencia de luz

y de vida en las calles vacías.

Aún no es Invierno, mas bien lo parece...

Los pocos transeúntes correrán despavoridos

ya olvidaron que la lluvia paliará la sequía,

en una ciudad donde los paraguas nunca están de moda.

El parpadeo de la vela me tranquiliza

a pesar de que pronto se consumirá,

siendo base de otra nueva cera.

Otros seres habitaremos estos rincones,

reemplazados como pequeños cirios, vendrán,

consumidos en las rutinas y eternas preguntas.

Ha escampado, pero resbala aún el agua por las cañerías

dando mayor desánimo a la humedad que ven mis ojos.

Esquivando charcos, sonoros al contacto

de las veloces gomas de los automovilistas.

Mi rumbo está perdido, como las gaviotas

y palomas que no pueblan los parques hoy.

Aún no es invierno, mas bien lo parece...

 

POEMAS DE INVIERNO III

Encerrada la noche está

bajo un manto azul estrellado,

iluminado por tus ojos cristalinos y calmos,

en la serena espera interrumpida,

por tu cálido recuerdo.

Quiebras el silencio que anhelo,

en la madrugada soñada,

y la luna sigue mirándome los ojos cansados,

por tu ausencia, por tu serena inconsciencia.

Mientras la noche continúa cercada

perpetuo mi gris destino,

encarcelándome en prisiones de sentimientos

que desaparecen, extraviados en mí,

rehuyéndome el corazón dolido.

¿Qué hago aquí soñándote?...

esbozando al espacio tu sonrisa

inocente, mirada al vacío proyecto.

¿Qué hago aquí pensándote?...

maquinando conversaciones que arden

en la caldera de mi mente.

¿Qué hago aquí susurrándote?...

en voz baja, nítida la melodía

para unos oídos que ya no me escuchan.

¿Qué hago aquí escribiéndote?...

gastando papeles sin tenerte,

abrazando mi propia mentira.

 

 

POEMAS DE INVIERNO II

Nunca sabes si volverás a casa

nunca,

el cómo ni por qué

te persigue ese miedo,

que se adentra en tu piel.

Te paras en el silencio

asomándote al pavor

mientras el aire gélido

te devora en el balcón.

Y ahí te tienes, sin prótesis

que te puedan sostener,

postergando las deudas,

soñando a una mujer.

Extraño en mi ciudad

en mi reino de Babel,

construyendo paraísos

que jamás habitaré.

 

POEMAS DE INVIERNO I

Rompe el tedio oír tu voz,

reflejar en tus ojos mi pensamiento cansado

que convierto en palabras

dándole vida a mi experiencia con tus sentidos,

que saben escucharme.

Beso tu sonrisa

cuando de Ronda hablas,

la ciudad soñada,

te espera dormida.

Mientras la desnudas acá

viajando con el recuerdo

y la certeza de que pronto volverás

a caminar hasta el tajo, paseando por la Alameda.

Un clarinete que se escapa del foso taurino,

te pone los vellos de punta

cuando el torero entra en suerte a matar...

tu mente se pierde,

en el vacío que desciende el tajo.

Inhalas un aroma a jazmín

que huye de una biznaga que él le regala a ella...

los miras y te ves en ella,

proyectada al olvido y la reminiscencia de antaño.

Hubo tiempos mejores, piensas,

que volverán,

...mientras tanto

cierran los escaparates de la calle Espinel.

Y la bola de helado se pierde

entre tus labios

bajo el calor que le das.

Unos ojos se ven sobre un espejo,

te observas y ves la niña

que aún sobrevive en tus pupilas...

mas no reconoces la mujer,

que hoy lleva el cuerpo y las ropas

sobre su cuerpo.

De pronto tu camino se detiene

la fatiga te aborda,

el miedo se inyecta en ti,

los colores desaparecen,

blanco y negro pueblan tus visiones

cuando descubres que has regresado...

Tal Alicia

del País de las maravillas

abandonas los adoquines del casco antiguo,

con su romanticismo intrínseco.

Para toparte con el gris opaco y aburrido

del muelle y su hipódromo.

Tu trabajo, tu estrés,

las caras de los allí presentes, todo un poema.

Cuando descubres que entre el ruido,

alguien escribe algo, algo que leerás más tarde,

que lees ahora.

 

 

                                       

El claro de luz

El claro de luz

 

Óleo 33 x 55 cms.

Reflejos en el río

Reflejos en el río

 

Óleo 41 x 34 cms.

Catedral

Lápiz