POEMAS DE INVIERNO IV
Cálida cae la llovizna sobre las grises aceras
consumándose la noche prematura
que me invita a reflexionar.
Pálido en el asombro del recuerdo
conjugo mis pasos mecánicos sobre el piso mojado.
Mientras las palomas se precipitan en buscar refugio
no encuentro dónde ir...
El triste otoño trae los abrigos
mientras la lluvia nos borra la playa
guardando en los roperos las sombrillas y al mismísimo Sol.
Resbala un trago de mate por mi garganta
agradeciendo el calor que me fragua por dentro
empañando el ventanal que elimina el tintineo de las gotas
que al caer escapan a mis oídos.
El ambiente es tranquilo en la tetería
fuera siguen cayendo las hojas de los castaños.
Con la caducidad perfecta que tienen las estaciones
me aborda la depresión otoñal, la ausencia de luz
y de vida en las calles vacías.
Aún no es Invierno, mas bien lo parece...
Los pocos transeúntes correrán despavoridos
ya olvidaron que la lluvia paliará la sequía,
en una ciudad donde los paraguas nunca están de moda.
El parpadeo de la vela me tranquiliza
a pesar de que pronto se consumirá,
siendo base de otra nueva cera.
Otros seres habitaremos estos rincones,
reemplazados como pequeños cirios, vendrán,
consumidos en las rutinas y eternas preguntas.
Ha escampado, pero resbala aún el agua por las cañerías
dando mayor desánimo a la humedad que ven mis ojos.
Esquivando charcos, sonoros al contacto
de las veloces gomas de los automovilistas.
Mi rumbo está perdido, como las gaviotas
y palomas que no pueblan los parques hoy.
Aún no es invierno, mas bien lo parece...
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