Blogia

La Morada del Unicornio

Urola ertzak

Urola ertzak

Óleo sobre lienzo, (40 x 30 cms).

Copiado de una fotografía de un libro del artista Fernando Amárika.

El cuadro original mide 47x35 cms, y se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Álava.

Regalado a mi compañero de trabajo y amigo, José Manuel Lozano, por su reciente boda.

 

Agosto de 2012

POEMAS DE INVIERNO XII

El calendario acorta los días

que la melancolía dilata.

Con tardes más cortas,

con menos vida

de la que tenían antes de irte.

Me pregunto qué tal fue tu día,

aquí sigue todo igual, esperando tu vuelta.

Pendientes de tu regreso,

viviendo con la esperanza

de que aparezcas en la sorpresa.

 

POEMAS DE INVIERNO XI

Despierta el día,

entre sábanas rolladizas.

Con tu entrecorta respiración susurrándome.

Acrecentándose

en la estancia vacía

de la gélida habitación.

Ya despunta el Sol, bajo los resquicios

del ventanal de madera vieja.

Cuando tu cuerpo se debate

en la tarea de mantener las mantas sobre él.

Despierta el día,

con la pereza, parece Domingo,

triste, pálido 

sin fútbol ni sobremesa.

POEMAS DE INVIERNO X

Claro de luna

son tus ojos en su paz.

Claro de luna

de belleza sin igual.

No hay melodía más alegre

que el latir de tu voz.

Ni oxígeno más puro recibo

cuando te beso, mi flor.

Primavera que borraste mi Otoño,

forzando

con diligencia nuestro destino...

No te marches ahora, mi niña

ahora que mi vida guías.

Que la luna no iluminará mi corazón,

y el sol no calentará el vacío

de verme sin ti.

POEMAS DE INVIERNO VIII

Me sorprendió la salida de sol tomando café,

Como va siendo costumbre las últimas semanas.

No he aprendido aún a recogerme a hora,

y mi  alma continúa cansada.

Entiendo que no seguirá lloviendo,

aunque persisten las aceras mojadas.

No hay vida en los parques, camino a casa

buscando un pretexto para sentirme bien.

Una nube le quita la luz al día.

Pronto estaré durmiendo, de nuevo será noche.

Me sorprendió la salida de sol tomando café,

como va siendo costumbre

las últimas semanas.

POEMAS DE INVIERNO IX

Ya rajaba Noviembre la piel,

la misma cita todos los años.

Que me enseñó que el amor

era eterno mientras duraba...

Y que la noche era para los amantes.

Ya llegaba Noviembre con su pena,

sus lluvias y la sed

de seguir siendo el mismo,

con más canas, menos pelo.

Marcharía Noviembre, entristeciendo los días

más cortos, menos luminosos.

Pero llegas tú con tu sonrisa.

Cuando quemaba la idea del vagabundo errante,

del hacedor de tiempo libre. 

 

POEMAS DE INVIERNO VII

Huele a tierra mojada, a día por hacer...

No apetece salir de casa,

se antoja una tarde aburrida.

Pasan las horas, muertas en mi cabeza.

Pasa el tiempo

mientras observo caer la noche,

con sus luces y la ausencia de viandantes.

Desaparecieron las terrazas,

las largas tardes de sol,

y nada queda en esta habitación

que recuerde el verano que pasó...

La ropa huele a tabaco, el aire está parado,

cargado de la noche anterior.

Las tardes de café y tertulia se amontonan,

en el monótono Octubre,

empapado de Otoño, que hiela mi razón.

Escuchando testimonios, aconsejando

a amigos, transcurren los días...

Los fantasmas me visitan, puntuales a su cita,

cuando todo el mundo ya duerme,

y aún en vela me mantengo.

Ya no tengo fuerzas para cambiar el mundo,

Ya no soy tan rojo, comunista,

hace tiempo me rendí, me volví consumista,

Apegado a teléfonos móviles,

y a las nuevas modas vanguardistas.

POEMAS DE INVIERNO VI

Me despertó la cruda brisa que entraba por mi ventana,

más la claridad creciente.

Mi cuerpo tendido sobre el lecho, solitario de la mañana.

Y esa música serena que vuelve a sonar en mi cabeza.

Esa melodía que me despierta del tedio el domingo.

Todavía recuerdo cómo corríamos por la arena descalzos,

para abatidos al tiempo, con los pies en remojo besarnos.

En la noche fresca de Enero, bañarnos en la escarcha

que caía invisible sobre nosotros.

Allí sonó nuestra música, con nuestro cosquilleo pueril.

De fatiga deseada, de deseo fatigado, pero siempre anhelado.

Fue allí donde se mezclaba nuestra armonía con las olas,

puntuales que rompían en nuestros desarropados pies.

Allá pasamos por alto las barreras del pudor,

olvidando que todo tiene final, hasta el mismísimo amor.

Sí, fue allí donde te desnudé por primera vez,

torpe en mis gestos, ágil en el apetito.

Sobre la morena arena, de una solitaria playa,

como solitario está hoy mi corazón, cuando te recuerdo.

Y sólo consigo arrancar los acordes de aquella canción...

Sin ritmo, perdido el compás de la serenata que nos unió,

mostrándonos como frágiles piezas de un rompecabezas,

que hoy olvidé reconstruir.

Casi todo quedó allí, arrastrado por las olas,

perdido en la memoria de un inclemente invierno, que me trajo a ti.