VIII RUTA CICLOTURISTA CASARABONELA
Son las 19:50 horas de la tarde. Han pasado ya casi 6 horas desde que coroné Sierra Prieta, en el término municipal de Casarabonela, (Málaga). ... Empezaré por el principio... Sonó el despertador a las 07:15 horas de la mañana. Como casi siempre que pongo alarma, me despierto antes de que suene. Efectivamente, no iba a ser hoy una excepción, y desde las 6 de la mañana anduve entre un dormir - despertar constante. Tampoco podía hacer buen tiempo, como casi siempre que programo algo... Salí a la azotea, y miré el cielo gris, no llovía pero el suelo estaba mojado. Llamé a Bustos, y decidía que nos quedábamos en Málaga. Llamé a Dani , y nos íbamos a la aventura... volví a llamar a Bustos, y seguía quedándose aquí él, pero yo me iba con Dani. 08:15 de la mañana, recojo a Dani en su casa. Cargamos la bici, y carretera. 08:50, llegamos a Casarabonela. Empezamos a mirar con recelo las máquinas de nuestros oponentes... concluimos que hay mucho nivel en el ambiente. El tiempo nos respeta, de momento... Unos minutos después, ya estamos inscritos. Dani se queda esperando cola para desayunar, yo le digo que le espero en el coche, montando las burras. Desayunado y montadas las bicis, nos vestimos y empieza a llover. Bajamos en grupo, muchos participantes, pese a lo malo del tiempo. Llegamos a la plaza del pueblo, desde allí nos anuncian que bajaremos agrupados 7 kilómetros, y posteriormente se dará la salida a la carrera. Bajados los 7 kilómetros, volvemos a reanudar la marcha, sin empezar aún la competición. Se nota mayor tensión en el pelotón, entre 150 - 200 participantes aproximadamente. Únicamente 3 féminas. Después de un kilómetro más en grupo, se da el pistoletazo inicial. Impresionante cómo arrancan los primeros corredores, como si de un sprint de 100 metros se tratara. Simplemente, otro nivel. Debo decir que la marcha constaba desde este punto hasta la línea de meta de 30 kilómetros. De una alta exigencia física, sobre todo las primeras y las últimas rampas, y algunos tramos intermedios. Yo comencé dosificando las fuerzas por dos motivos de peso. El primero, por no conocer la zona, y aunque te digan que todo es hacia arriba, hay rampas y rampas. Y la segunda razón, no he llegado de forma como hubiese querido. Los primeros kilómetros pienso que son los más importantes. Suelo sentir malas o buenas vibraciones, y he de decir que sentía por una parte muy buenas sensaciones, y por otra parte, tenía un ligero pinchazo en el abductor izquierdo, que me preocupaba. Por suerte, el dolor del abductor fue pasajero. No tenía táctica de carrera, mi objetivo principal era acabarla, con eso podía estar satisfecho. Pero siempre hay que ir de menos a más cuando compites. Y exceptuando a la élite, aquellos que salieron a mil por hora, es importante cumplir con este requisito. Pero siempre encuentras a gente inexperta, que en el kilómetro 2 va a 180 pulsaciones, con una respiración entrecortada y retorciéndose sobre la bici. Así que como me encontraba fuerte, pero sin conocer los detalles de la ruta quise buscar una rueda amiga. Alguien que rodase a un ritmo acorde con mi cadencia de pedaleo, que me hiciera el camino más liviano. Lo que en atletismo llaman liebre. Pero no, no encontré liebres, ni amigos de ruta. Hasta antes del primer avituallamiento, kilómetro 12 de carrera, iba muy cómodo. Disfrutando de las vistas, dejando atrás a corredores, y sin ser adelantado, hecho que gratifica la moral. Llegado al primer avituallamiento, había alrededor de 30-40 ciclistas repostando fuerzas. No paré, seguí de largo, tenía agua, una barra energética y lo más importante, me sentía muy cómodo... Desde el primer al segundo punto de avituallamiento, kilómetro 20 aproximadamente, hubo varias rampas que me recordaron que era humano y llevaba cerca de dos horas pedaleando. Se agudizaban las sensaciones con los carriles encharcados, que aunque no llegaba a clavarse la rueda, sí se notaba más pesada la maniobra. Fue uno de los tramos más bellos de esta preciosa ruta. Pasamos por encima de bancos de niebla, llovía una fina lluvia que junto al frío, daban un aspecto tenebroso a la aventura. Realmente disfrutaba como un crío, entre el barro y las espectaculares vistas. Después de pasar el segundo avituallamiento, quedaban 9 kilómetros a meta. Comenzaba a hacerse pesada la caminata. Y por más que preguntaba a residentes y foráneos, nadie me aclaraba si hasta la meta todo seguía apuntando para arriba. A falta de 6 kilómetros, comenzaron a descender los primeros clasificados. Yo calculaba que aún me quedaba poco más de media hora para coronar. Era duro verlos bajar, tan frescos y con esos ánimos que sonaban a guasa: ¡Vamos, que ya os queda poco! ¡Venga, que ya está listo esto! A falta de 4 kilómetros llegó el tío del mazo. Como siempre, sin avisar. Aunque creo que algo de culpa tengo, pues iba demasiado suelto, menospreciando lo que quedaba... hasta llegar a unos repechos de lo más duro del día. Fue uno de los kilómetros más largos de mi vida. Donde pasaron un montón de pensamientos: "Tenía que haberme quedado en Málaga", "No voy a poner un pie en tierra ni de coña", (aunque iba midiendo de lado a lado el carril, tirando de riñones, dándolo todo vamos), "¿Cómo estará Dani?" ... pero por suerte, como vino se fue. Pasados estos duros lances, se volvía a aliviar el perfil y con ello mi fatiga. Y pedalada a pedalada, fui llegando, hasta al fin (parecía mentira por momentos) llegar. Mucho frío en la cima. Sólo estuve el tiempo preciso para comer una riquísima manzana y beber algo de agua. Estaba empapado, y el descenso no voy a decir que fue peor que la subida, mentiría. Pero no fue tan agradable como lo es en otras ocasiones. Descendí hasta el punto del segundo avituallamiento, y desde allí por carretera hasta Casarabonela. Allí estaba Dani, esperándome en el coche. Le quitamos el barro con una manguera a presión a las cabras, nos pusimos ropa seca, y bajamos a degustar la paella que habían preparado. No sé si era el hambre, pero una paella como nunca antes la había probado, (sin contar la de mi queridísima madre). Todo esto fue lo que dio el día. Ya son las 21:00 horas, 7 horas después de coronar Sierra Prieta, y mis piernas están cansadísimas, pero tengo una sensación muy buena. Lo he pasado genial la mayoría del trayecto, y eso es lo que me quedará.
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